Capítulo 1


Era la primera vez que me pasaba, dentro de mí siempre sentí que había algo que me diferenciaba al resto, aunque no podía precisar exactamente qué era eso.
Nunca reprimí ese sentimiento, pero quizás, inconscientemente, distraía a mi mente para que evite encontrar su punto de partida. Tenía una vida normal, aunque llegada a este punto me encantaría precisar qué es lo normal.

Había terminado el secundario hace tres años, estaba de novia con el chico mas fabuloso del mundo: Julián. Tenía buenas notas en la universidad y un trabajo que me encantaba. Mi familia estaba un poco lejos, pero al menos podía disfrutar de ver a mi hermana todos los días, pues vivía con ella. La verdad es que no podía pedir nada más.

Pero la vida siempre nos tiene preparado algo. ¿O me equivoco?

Un día, sin previo aviso, empecé a sentir que algo me faltaba, un vacío en el pecho, ganas de llorar, me deprimía sin sentido.

Así fue como decidí ocupar mi mente con otra cosa que no fuese Julián, los estudios o el trabajo. Mi próximo destino era aprender a cantar.

Llegué a ese lugar una tarde de agosto, nerviosa, tímida, y con todos los sentimientos que se siente cuando recién conocen a un grupo nuevo, eramos 12 mujeres, incluida la profesora. Hice un recorrido por el salón, con las mejillas encendidas por la emoción, nunca me imaginé lo que me iba a pasar.

Ella me llamó la atención, es de una belleza obvia, pero por algún extraño motivo me desagradó su presencia, sentí rechazo, quizás mi corazón ya había recibido las señales que a la mente le tardó en llegar.

A los pocos minutos conocerla ya había descifrado su personalidad, altanera y falsa, cuán equivocada estaba. Desde ese día y por el primer mes me escapé de su compañía, no quería ir a clases si ella estaba ahí, pero el destino, o mejor dicho, yo misma decidí volver a verla. Y todo cambió.

Algo inusitado recorría mi cuerpo, no me gustaba entrar al salón de clases si sabía que ella no iba a estar ahí, poco a poco dejé de evitarla, y en septiembre la "vi" por primera vez.

Me quedé nuevamente cautivada con sus ojos, brillantes, celestes, grandes. Una sonrisa que te deja sin aliento, pelo oscuro y tez morena. Parecía una muñequita, hermosa, radiante.

Recuerdo que esa primera clase cruzamos unas miradas, aunque creo yo, que ella se incomodaba con la mía. Contaba las horas que faltaban para volver a verla y ella se convirtió en mi obsesión, necesitaba saber que hacía, que decía, en qué pensaba. Quería verla, sentir su aroma, darle un abrazo, aunque claro, estaba muy lejos de poder hacer todo aquello.

Además tenía que comprender que me pasaba a mi, qué era eso que sentía, ¿era correcto? ¿qué iba a decir Julián? ¿y mi familia?.

Ese día tomé una decisión desesperada, antes de enamorarme de ella, debía saber que posibilidades tenía. Necesitaba conocerla, que me toque, que me hable, que me regale las migajas de su tiempo... ese día iba a empezar a conocerla, a ella, la que me roba el aliento y la que me provoca el llanto, ella, el eje que mueve mi mundo, ella, solo ella.

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