Capítulo 2
octubre 27, 2013
Aún
continuaba sin poder definir qué era eso que me sucedía, aunque si
tuviese que describirlo probablemente habría dicho que, de alguna
manera, ella me gustaba.
Aunque eso no podía suceder. Claro está.
Conforme
pasaban los días en mi cabeza fluctuaban innumerables pensamientos,
que debatían entre lo ético y moral y lo que yo deseaba. No podía
creer que esto me estuviese sucediendo a mí.
A
MÍ.
¿Me
estaba gustando
una mujer? Yo
era una persona como cualquier otra...
Estaba
en mi habitación, mirando a mi alrededor, todo parecía normal, pero
dentro de mí amenazaba un huracán, imploté.
Me
senté sobre la cama, acaricié suavemente el edredón mientras me
asombraba de esto que estaba viviendo... me resultaba increíble.
Luego de unos momentos agarré mi cabeza entre las manos mientras me
recostaba en la penumbra de mi habitación y nuevamente dejé que las
preguntas surjan: ¿Qué
es lo que me diferencia ahora? ¿Me imaginaba dándole un beso?. El
rechazo a ese pensamiento se hizo notar automáticamente, aunque una
parte de mi no pudo dejar de sentir el suave cosquilleo que se
produjo en mi ombligo... de repente quería eliminar todas las
sensaciones de mi cuerpo.
No
podía encontrar qué era exactamente lo que me molestaba, pero ahí
estaba, esa punzada de no
se qué que
me impedía disfrutar de las cosquillas en la panza.
Me
detestaba por sentir lo que sentía, no era lo que estaba pautado por
la sociedad, ni mucho menos. Y yo siempre había cumplido los
parámetros de la misma. Esto no tenía ni pies ni cabeza, era algo
pasajero. Una ilusión, no podía comprender cómo es que perdía el
tiempo haciéndome este tipo de planteos. Debía continuar por el
camino que estaba transitando: evitarla en clases, no hablarle. Y
hacer lo posible por no mirarla furtivamente.
Pero
por otro lado, estaba cansada de alejarme, cuando alguna fuerza
extraña me impulsaba por el camino contrario. A veces, en el
trabajo, me atacaba alguna fantasía donde la besaba y sentía hasta
un poco de repulsión por permitir que esa imagen me agrade. Tenía
que evitar ese tipo de pensamientos, aunque no sabía cómo.
Buscaba
constantemente distraer mi mente, llamaba a mis amigas pues ellas
lograban sacarme de mi encierro, estudiaba con más ahínco,
trabajaba más duro, salía más seguido que de costumbre; pero
cuando menos lo imaginaba, mi cabeza se daba un respiro y alguna de
esas imágenes se colaban por mi mente. Y cada vez que eso sucedía
se paralizaba todo a mí alrededor y sentía un vacío en el
estómago.
A
pesar de los malabares que hacía para no pensarla, cuando estaba
cerca de ella me resultaba imposible alejarme. A penas la veía un
extraño rubor recorría desde la punta de mis pies hasta la
coronilla, por suerte mis compañeras pensaban que aún me sentía un
poco tímida por ser la nueva.
Sin
planearlo en cada clase estaba a su lado, como si un imán imaginario
me atrajera hacia ella sin que yo lo pudiera evitar. Estaba pendiente
de ella, de su aroma que se colaba por mi nariz dándole una caricia
a mi corazón, o de sus manos que enfatizaban cada una de sus
frases...
Podía
precisar cada vez que ella posaba sus ojos en mí, y me resultaba
cada vez más difícil alejarme.
En
mi cabeza había una pelea continua, por un lado estaba el
duendecillo que me daba alas para vivir libremente esto que sentía y
por otro, estaba el segundo duendecillo, el que me repetía que lo
que me pasaba estaba mal.
Si
tengo que definir lo que sucedía en mi mente en ese momento, podría
haberlo definido con la palabra caos.
Un segundo no quería verla y al otro no podía alejarme de ella.
Es
imposible.
Me repetía mil veces. Esto no me podía estar pasando a mí.
Es
una ilusión,
me decía. Esto que siento no existe, son creaciones de mi mente que
está aburrida. Además ¿cuándo me sucedió algo similar? Quizás
sólo veía en ella una buena amiga. Nunca me pasó de conectarme con
alguien de una forma tan automática, de sentir que la conocía desde
hace mucho y quizás era eso lo que estaba sucediendo. Aún debía
buscar cómo encajar la parte de las mariposas en la panza, pero
seguramente también está relacionado con la amistad.
Un
día por fin, decidí que era eso, sólo la veía como una amiga. Y
para demostrarlo iba a acercarme a ella, a hablarle directamente. Iba
a enfrentar al dragón.
Esperé
pacientemente a que finalice la clase, y cuando por fin lo hace me
acerco a ella cautelosamente, sin dejar de reprocharme por los
nervios que sentía.
–Milah,
¿cómo estás? –pregunto intentando sonar despreocupada mientras
ambas nos dirigimos a un costado del salón, donde están conversando
las demás chicas.
–Bastante
bien, ¿y tú? –contesta alegremente.
–Bien
gracias –respondo. Quiero decirle algo más pero Guadalupe, mi
mejor amiga, me llama a mis espaldas. Había olvidado por completo
que quedamos en encontrarnos a la salida. Las presento a las apuradas
sin poder evitar sentirme un poco molesta, quería compartir un poco
mas de tiempo con Milah, aún no había demostrado aquello que
quería.
Salimos
del salón y nos detenemos en la puerta del conservatorio. Me estaba
demorando adrede, quería ver a Milah una vez más. Cuando salen
todas mis compañeras excepto ella, me excuso con Guada:
–Espérame
un momento, he olvidado algo adentro.
–Vamos,
apúrate que tengo hambre –me recrimina sobre mis espaldas, pues me
he apresurado en entrar.
–Claro
–. Grito mientras entro nuevamente al salón de clases.
Busco
a Milah desesperadamente, como si mi vida dependiera de ello. De
repente estoy un poco ansiosa, pero me calmo al observar que está
sentada en uno de los aparatos que usan para gimnasia artística,
jugando con su celular. Entro sigilosamente, fingiendo que estoy
buscando algo que perdí:
–¿Sucede
algo? –pregunta levantando la vista.
–No
nada, pensaba que había extraviado algo, pues no lo encuentro en mi
bolso, pero posiblemente lo dejé en casa. –digo distraídamente,
luego de un momento, y como quien no quiere la cosa, comento: –No
sabía que te quedabas, sino te hacía compañía.
Ella
me miró asombrada. Pero una sonrisa amistosa se dibujó en su
rostro:
–Si.
Tenía que hacer un poco de tiempo para volver al trabajo. –Me
explica.
–¿Siempre
te quedas después de clases? –Me pego mentalmente, no puedo evitar
sentirme como una tonta.
–Sólo
a veces. Cuando no coinciden mis horarios. Lo que sucede bastante
seguido últimamente. –En su cara se vuelve a dibujar una sonrisa,
sólo que esta vez es un poco enigmática, como si eso significara
algo más.
–Avísame
para la próxima. –le digo por fin.
–Cuenta
con ello –responde guiñándome un ojo y provocando que a mi se me
paralarice el corazón.
Luego
de eso mira la hora en su celular y recoge su bolso.
–Ya
es tarde –comenta mientras
me da un beso en la mejilla, dejándola colorada. Y se va.
–Hasta
la próxima –.Dice sobre su hombro.
Y
me quedé parada, viendo como se alejaba, mientras en mis oídos
resonaban sus palabras, mientras en mi mejilla corría un extraño
cosquilleo y mientras me sumergía en el aroma que había dejado.
Sentí
un peso en el corazón, unas ganas de llorar que se quedaron ahí,
oprimiéndolo. ¿Qué me sucedía?...
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