Capítulo 7
octubre 27, 2013
Esto
no da para más.
¿Qué?
Mi
corazón se detiene un momento para luego volver a latir a toda
velocidad. Luego de meditarlo escribo:
“No
entiendo Juli, ¿Qué quieres decir?”
Dudo
un momento pero envío el mensaje. Miro el aparato unos segundos,
esperando que conteste, pero no hay respuesta. Decido dejar el
celular a un lado y dedicarme al negocio, ayer llegó mercadería y
tengo que ponerla en los estantes, toda esta desestabilidad emocional
está afectando a mi trabajo, y esto tenía que detenerse cuanto
antes.
Siento
un subidon cada vez que miro el celular y veo que Juli no contesta,
la ansiedad va creciendo en mí. ¿En qué estará pensando?.
Cerca
de las 10 de la mañana, para mi sorpresa, aparece en el negocio.
Tiene un aspecto desaliñado, y está acelerado, como si hubiese
estado corriendo una maratón. Luego de saludarme dice que lo
nuestro no da para más, que se quiere dedicar a él y a su carrera.
Su discurso me pareció ensayado y, definitivamente, no me lo
esperaba, fue un balde de agua fría.
No
puedo contestarle nada, pues las lágrimas amenazan con salir y no
quiero que él sea testigo de eso. Asiento sin pronunciar palabra,
asiente conmigo y me da la espalda, tampoco se despide, sólo se va
mientras se me rompe el corazón. Era lo que me faltaba, se que
estábamos mal, pero ¿terminar?... El amor se había fracturado y
sabía que él ya no sentía lo mismo que antes... y bueno, yo...
estaba... en otra.
Pero
de todas formas... No podía creer que era la responsable de esto; yo
le había enviado el mensaje, y no puedo evitar sentir que, en algún
punto, él lo había estado esperando.
Tenía
tanto miedo de que él salga lastimado con esto que me pasaba, que
nunca me detuve a pensar que él podía hacer lo mismo conmigo.
Lastimarme, digo.
Mi
mente queda en blanco. Quiero llorar, pero no aquí, no en el
trabajo. Además ya faltaba menos para cerrar, así que, como puedo,
guardo mis lágrimas para cuando llegue a casa.
*
* *
Cierro
el negocio un poco temprano y decido volver caminando a casa, eso me
va a ayudar. Necesito ordenar todo: Se que con el tiempo vamos a
estar bien y no es la primera vez que un novio me deja, pero era
él...una
lágrima se escapa de mis ojos sin poder reprimirla por más tiempo.
Ésta le da paso a otra más por lo que llego a mi departamento hecha
un mar de lágrimas, por suerte está mi hermana para prepararme un
té. Sé que se imagina lo que pasó porque no dice nada, solo me
sienta en una de las dos sillas que hay en la cocina y luego me da la
espalda para preparar un poco de té. Cuando está todo listo me lo
sirve con unas galletas saladas y un poco de dulce de leche.
Ella
nunca hace eso, siempre es a mi a la que le toca hacer la “rutina
del corazón roto” como la llamé. Se sienta a mi lado y me abraza
sin decir nada, acariciándome el pelo. Me relajo un poco bajo ese
abrazo, era lo que necesitaba.
Luego
de estar un tiempo así, recogiendo mis lágrimas en su hombro me
pregunta:
–¿Ha
pasado algo con Juli?
Asiento,
aún no puedo hablar.
–¿Te
ha terminado contigo?
Vuelvo
a asentir, ella me abraza más fuerte.
–Sici,
vas a estar bien. No es la primera vez que se pelean, seguro van a
volver.
–No
Pieri, esta vez es definitivo, ya no da para más, ¿Cuánto tiempo
duramos desde la última vez? ¿Dos meses?. Algo se rompió y no
tiene arreglo. Lo más fácil es admitirlo y superarlo.
–Si,
ya lo sé... pero, ¿tú estás bien? Sabiendo que es definitivo...
–Si.
–Le contesto y de repente siento que se me quita un poco el peso de
encima. Si, duele, pero es lo correcto. Y voy a estar bien.
–¿Has
hablado con Milah?
¿Milah?
–¿Qué
tiene que ver Milah con todo esto? –pregunto desconcertada. Me mira
perpleja pues sabe que me tomó por sorpresa.
–Bueno,
no nada... pensé... me voy a dar un baño y luego podemos salir a
dar una vuelta ¿quieres?–me responde evasiva. No tengo energías
para averiguar más.
–Voy
a dormir un poco Pieri. Fue un día difícil, pero salgamos a cenar a
algún restaurante. Así tomo un poco aire.
Me
sonríe a modo de respuesta. Agarro mi taza y me pongo de pie para ir
hacia mi habitación, la escucho suspirar a mis espaldas.
Ya
en mi cama, abrazo con fuerza a mi almohada. Rompo todas las cadenas
que venían manteniendo a raya al llanto y me entrego por completo a
el.
*
* *
Me
despierto angustiada, deseando que todo lo que viví fuese sólo un
sueño, pero no. Algo de mí se perdió para siempre. Juli se llevó
con él algo que nunca voy a recuperar. Me siento en la cama y suelto
un largo suspiro, estoy híperventilando y noto mis ojos hinchados,
posiblemente por tanto llanto.
Agarro
mi notebook, la posiciono sobre mí y abro facebook, twitter, tumblr
y todas las redes sociales deseando que se eso me distraiga un poco.
Miro el reloj de la computadora: son las 7 de la tarde, vaya que
dormí. Seguramente hoy me voy a acostar tarde... mierda. Veo la
lista de conectados buscando alguna amiga que me ayude a quitar el
peso de encima o que, al menos, me distraiga; hago clic en el nick de
mi mejor amiga y le envío un mensaje:
“Guada
-
- -
Juli
ha terminado conmigo
-
- -
Estoy
mal, hecha un desastre...
-
- -
Necesito
hablar...
-
- -
Llámame
cuando puedas
-
- -
Te
quiero.
-
- -
Besos”
Dejo
la computadora a un lado mientras pienso en lo que acabo de escribir.
Luego de pensarlo unos momentos decido, además de contarle lo de
Juli, contarle todo lo que sucede con Milah. Una pequeña parte de mi
se detiene a pensar en el miedo que me da expresar en voz alta lo que
siento, pero si no es a ella, ¿a quién?
A
los 5 minutos Guada me llama y quedamos en juntarnos a la noche. A
pesar de los nervios por lo que tengo que decirle, estoy un poco
ansiosa porque llegue, ya que los improperios hacia Julián
seguramente actuarán como un bálsamo para mi lastimado corazón
Pongo
música a todo volumen y me pierdo en la red. De repente, como esta
misma mañana, me salta una conversación de Milah. “Tu
nombre tan inoportuno no sabe llamar”
repito en mi fuero interno, recordando la letra de la canción de
Coti. Nunca una canción se ajustó tanto a lo que estaba sintiendo.
“Hola
Sicilia!
-
- -
¿Cómo
estas?”
Tomo
mi cabeza entre las manos, me muero de ganas por contestarle pero
reprimo esa necesidad, mejor hablar con Guada, y que ella me aconseje
cómo debo seguir. Estoy en esos momentos en los que carezco de
cualquier capacidad para tomar mis propias decisiones, mejor dejar
que Guady las guíe un poco. Y con suerte, no cometeré ningún
error.
*
* *
Guadalupe
acaba de llegar, me dedica una mirada escrutadora y luego ladea la
cabeza con resignación. El corazón me palpita violentamente y tengo
un nudo en el estómago de los nervios.
Entramos
a mi habitación y ella se recuestra en mi cama sin quitarme la vista
de encima.
–¿Te
quedas a comer? –le pregunto en un intento de aligerar la tensión.
Guady asiente y yo salgo a buscar mi hermana.
–Pierina,
–le digo mientras me acerco a ella –Guadalupe se queda a cenar,
si para ti está bien dejar la salida para otro día.
–Ok.
–me responde sin levantar la vista de su libro.
–De
todas formas, puedes cenar con nosotras...– propongo, después de
todo, mejor contárselo a ella también, además es evidente que
posee información que me pueda interesar.
–Lo
voy a pensar –me responde quedadamente. –Depende de los planes de
mis amigas, si no te molesta, claro.
–No,
para nada. –Le respondo mientras vuelvo con Guada.
Abro
la puerta de mi habitación y observo como mi amiga revisa el muro de
Milah, que había dejado abierto. Tomo un poco de valor mientras le
digo:
–¿Estás
preparada para lo que tengo que contarte? –Ella asiente sin
voltearse.
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