Capítulo 14
octubre 27, 2013
Milah
me despierta sobre las 6 y media de la mañana besándome el cabello.
–Arriba
preciosa, vamos a llegar tarde al trabajo –dice– te traje el
desayuno a la cama.
Me
muevo entre las sábanas sin poder reprimir un quejido, con suerte
hemos dormido tres horas. Me estiro y por fin abro los ojos. Me
encuentro con su sonrisa, es aún mas bella cuando está
desarreglada.
Definitivamente
nunca podríamos ser amigas, primero porque me gusta demasiado y
segundo porque estar cerca de ella hace que mi autoestima caiga en
picada. Es, sin duda, la mujer más hermosa del lugar, donde sea que
esté.
Y
es mía.
Bueno,
no.
Hago
una mueca de disgusto ante tal pensamiento y no le pasa
desapercibido. Sin embargo sonríe abiertamente mientras coloca la
bandeja a mi lado, sobre la cama, haciendo caso omiso a mi mohín.
–Toma
–continúa, agachándose un poco para darme otro beso en la frente–
traje tostadas y jugo de naranja. Es muy bueno para empezar las
mañanas.
–Gracias
–digo mientras unto mi tostada con un poco de manteca.
–¿A
qué hora entras al trabajo? –pregunta.
–A
las 8 –hago una pausa, aún estoy grogui del sueño– ¿qué hora
es?
–Son
las 6 y media, es que...
–A
mi me toca abrir el negocio por las mañanas –la interrumpo–
podemos salir antes... si quieres.
–Perfecto,
porque hoy tengo una clase a primera hora. Debemos correr.
Da
un mordisco juguetón a mi tostada y se pone de pie. Busca en su
armario algo de ropa y se quita la parte de arriba del pijama. Me
paro en seco, con la tostada a mitad de camino y mi boca abierta.
Me
dedico a mirarla, aunque está de espaldas a mi, puedo percibir el
contorno de sus curvas; es extremadamente proporcionada, tiene una
cintura pequeña y sus pechos resaltan en su delgada figura, puedo
ver la forma puntiaguda de ellos desde mi posición, no están caídos
como esperaba que estuvieran debido a la maternidad.
Se
da cuenta de mi mirada escrutadora y me sonríe de forma pícara,
como insinuando algo. Levanto las cejas, divertida, dejando la
tostada a un costado.
Quisiera
quedarme todo el día en esta habitación, quién sabe lo que
sucederá mañana.
Sin
dejar de mirarme, se quita la parte inferior del pijama, ahora está
completamente desnuda. Trago en seco y ella ríe divertida. Se acerca
a darme un beso, sólo le doy un pico, pues recuerdo que aún no me
lavé los dientes...
–Vamos
–me recrimina– llegaré tarde.
Me
levanto rezongando, la cama está calentita y afuera hace un frío de
perros. Salgo corriendo hacia el baño, me lavo los dientes y me doy
una ducha rápida, de vuelta en la habitación me pongo la ropa que
ella me prestó la noche anterior.
Nos
maquillamos en el auto, ya que me sacó a las apuradas de la casa. Me
deja en la puerta del negocio justo cuando termino de aplicarme la
mascara y ella parte a la escuela, no sin antes decirme que pasará
por mí a la hora del almuerzo para llevarme “a casa”. Según sus
palabras.
Apenas
abro el negocio y pongo mis cosas en orden, decido aparecer en el
mundo exterior, primero llamo a Pierina.
–Hola
Pieri –espero que no me delate la culpa.
–Hola
Sici –atiende en el primer tono– ¿qué tal anoche con Milah?
–Cómo
lo...
–Soy
tu hermana Sicilia, no hace falta que me digas las cosas de forma
explícita... te conozco como a nadie.
–¿Y
qué es lo que conoces? –le pregunto. Quiero saber hasta donde se
imagina.
–Pues,
que eres amiga de Milah Gregorovich –duda un momento, su voz
empieza a sonar preocupada– ten cuidado... es una chica muy
complicada.
–¿Qué
es tan complicado? –¿Ella
también me va a decir que no lo podré entender?–
¿En dónde está la gravedad del asunto?
–Pues
nada –responde evasiva– no sé, su marido... es muy posesivo, y
ella... no te acerques a él.
–Él
no está, le haré compañía a Milah durante el fin de semana
–supongo,
digo en mi fuero interno.
–Ok,
como quieras –está resignada– no seas tan caprichosa, lo digo
por tu bien.
–Lo
sé, perdón. Es sólo que quisiera saber qué es lo complicado.
–Sólo
cuídate. Voy a decirle a Esteban que se quede conmigo sino es mucho
problema.
–Claro
que no. Así estaré más tranquila, sabiendo que estás acompañada.
–Si,
gracias. ¿Estás bien? –pregunta preocupada.
–¿Por
qué no habría de estarlo?
–No
lo sé, por Julián, supongo. ¿No están Milah y Guada ayudándote a
que te recuperes de la ruptura?
–Ya
ha pasado un mes, no viene a colación el tema. No lo nombres. –Hago
una pausa y agrego: –De todas formas estoy bien, y definitivamente
Milah me está ayudando a superarlo.
Mierda.
¿Notará el mensaje oculto?
–Bueno
hermana, habla conmigo si lo necesitas. De verdad, nos debemos una
charla, me tienes preocupada, no sé lo que te está sucediendo.
–Tenemos
una charla pendiente –coincido– pronto, lo prometo. Pero estoy
bien, gracias por preocuparte, hermanita.
–Siempre
hermanita. Bueno, me voy, tengo mucho trabajo. Cuídate y llámame
cualquier cosa. –Está
más animada.
–Claro
–le digo–. Que tengas un buen fin de semana. Te quiero, Pieri.
–Yo
más.
Luego
le envío un mensaje a Guada:
“Pues...
definitivamente le di tiempo a mi situación con Milah, ni te
imaginas. O quizás si. Cuando puedas llámame.”
Y
me pongo a atender.
Estoy
bastante distraída, no dejo de pensar en Milah. Doy gracias al cielo
de que me hayan tocado clientes honestos, sino habría armado un
alboroto con la caja.
Cerca
de las 11 de la mañana suena mi celular, pienso que es Guady,
contestando a mi mensaje, pero resulta ser Milah:
“Hola,
te extraño.”
Sonrío
y me vuelvo a olvidar del mundo.
“No
tanto como yo”
“Me
tienes loca Sicilia, no he dejado de pensar en ti”
“Yo
tampoco, de verdad.”
Dudo
un momento y luego le envío:
“Temo
perderte”
No
puedo evitar mencionarlo, después de todo es verdad. Sé que no me
pertenece, pero me hace sentir tan bien, y no quiero dejar de
hacerlo.
“Es
tan complicado”
¿Otra
vez? ¿En serio?
“Repites
eso mucho...”
“Porque
es la verdad, algún día lo entenderás.”
“Espero
que sea pronto”
Lo
digo en serio, quiero saber qué es lo que pasa. Pero, por otro lado,
quiero que salga de ella el contármelo, no la quiero presionar.
“Sabes...
pedí compensatorio. Hoy no trabajo a la tarde.
-
- -
Podremos
estar todo el fin de semana juntas...
-
- -
Si
es que te gusta la idea, claro”
No
sé si buscaba cambiar el tema de conversación o no, pero logró
distraerme.
“Que
bueno!
-
- -
Espero
con ansias que sean la una”
“Prepárate
-
- -
Entro
a clases. Nos vemos a la una.
-
- -
Te
mando un beso.”
Sonrío
como tonta al celular y acaricio la pantalla. ¡Dios! ¿Qué me pasa?
Estoy hecha una adolescente...
Continúo
sonriendo hasta que la imagen de un niño se dibuja en mi mente.
Refriego mis ojos violentamente obligandome a borrar la escena que,
poco a poco, se va nutriendo de detalles.
¿Qué
voy a hacer? La culpa me carcome el cerebro, ¿cómo voy a mirar al
niño a los ojos? Sabiendo que hice lo hice. ¿Y a su marido? ¿Por
qué no lo dejó antes?.
Basta
de preguntas Sicilia...
Vuelvo
a agitar mi cabeza, respiro profundo, me enderezo y vuelvo a
concentrarme en el trabajo.
Recuerda que puedes comprar el libro completo en: http://www.amazon.com/dp/B00G1YJ17M
0 comentarios:
Publicar un comentario