Capítulo 15

A la una en punto cierro el negocio, Milah ya me estaba esperando en el auto. Llegamos a su casa y prepara el almuerzo. Propongo ayudarle pero sólo me deja mirar, su alegría es evidente y me dejo ilusionar con que el motivo soy yo.
Deja todo ahí, a mi me toca ordenar –digo luego de ver el desastre que armó– Además tengo hambre y si limpias ahora la comida se va a enfriar.
Asiente en tono de aprobación y nos sirve pollo con papas al horno.
Se te da muy bien cocinar –comento– deberías haber estudiado para chef, en serio.
Sonríe de forma evasiva, por algún motivo no le gustó mi comentario. ¿Qué tiene de malo?
Estaba pensando que podríamos ir a dar una vuelta, por el parque. Normalmente los viernes salgo a correr... –propone. Vaya pensé que quería que hagamos otras cosas.
Siento como el calor recorre mi cara, espero no estar tan colorada, maldita sea, detesto mi piel transparente.
Me giro hacia ella y me está mirando. Si, notó mi rubor.
Podremos hacer lo otro cuando volvamos –dice con un guiño pícaro en los ojos.
Me pongo aún más colorada, si es posible. No digo nada, tengo miedo que la voz delate mi estado. Me limito a asentir.
Mientras seco los platos, se acerca lentamente y me abraza por la espalda, aspira el olor de mi cuello y dice:
Dios, hueles exquisitamente bien.
Tu igual –le contesto.
Mmmm mía –dice con una voz seductora.
Me molesta el comentario, pues es injusto que ella quiera que sea sólo suya cuando no puede darme lo mismo a cambio. Frunzo el entrecejo, pero no digo nada, no quiero discutir, apenas nos estamos conociendo.
Me alejo de su abrazo de forma sutil, de repente estoy molesta, y no quiero que ella sea el foco del huracán, al menos por ahora.
Que...–comienza a decir, pero se detiene cuando siente la puerta abrirse.
Claro, es la empleada, pensar que a esta misma hora, ayer... parece que pasó más tiempo, o ¿fue sólo hace unos segundos?, un poco paradójico.
La empleada entra en la cocina y nos saluda. Es una señora de unos 60 años, con cara dulce, parece una abuela; con su pelo blanco y las arrugas en su piel, su buzo de lana y pollera oscura. Quizás por eso me enternece.
Luego de dejar sus cosas sobre la mesa de la cocina, me mira extrañada, y luego hace una seña, vaya uno a saber a quién. No puedo evitar pensar que no le caí bien.¿Me querrá exorcizar?.
Buenas tardes señora Gregorovich. –tiene una voz fuerte.
Hola Griselda, le dejé anotado en la nevera lo que puede cocinar para esta noche– dice mientras señala un papel agarrado con tres imanes.
Claro, ¿su amiga se quedará a cenar? –pregunta posando sus ojos en mí.
Si –contesto tímida.
Se quedará todo el fin de semana, Griselda. –Se adelanta Milah, severa.
Griselda frunce el entrecejo, y pone una expresión de alarma. ¡Bah! Digo para mis adentros, ¿hasta cuándo tendré que soportar la novela de misterio?
Sici, voy a ducharme y luego salimos, puedes esperarme en la habitación, o en la sala viendo la tele –dice mirándome a los ojos con una expresión extraña. Como dándome una advertencia.
Claro –contesto.
Milah le hace un guiño con la cabeza a Griselda y sale de la cocina, directo al baño. Dudo un momento antes de salir, después de todo Griselda... si quizás... de todas formas...
Pienso bien mis palabras, pues tengo que tener mucho cuidado de que no advierta que estoy buscando información.
¿Hace mucho que trabaja aquí? –pregunto con una fingida timidez mientras ayudo a limpiar la mesada.
Si, desde poco antes que llegue el pequeño Matías. –contesta mirándome fijamente. Su mirada me intimida, pero no le doy importancia.
Supongo que estará acostumbrada a cocinar para varias amigas los fines de semana, dado que los hombres de la casa se van –continúo con el inocente interrogatorio.
Pues no, es la primera vez que la señora Gregorovich trae alguna amiga, usted sabe... –deja inconclusa la frase, segura de que Milah confió en mi todos sus secretos.
Así que no es una costumbre de Milah traer amigas, pues bien, me alegra saberlo. Sonrío de forma involuntaria, quiero averiguar más...¿por qué nunca las trajo? Es algo totalmente normal... Decido cambiar de táctica...
Habrá sido todo un espectáculo ver a Milah embarazada... –comento como quién no quiere la cosa.
Hace un gesto extraño, involuntario. Eso me pone aún más confusa.
Pues si... –dice en tono pensativo. –Supongo que fue un gran espectáculo...–continúa mirando hacia arriba, hablando para si misma.
No lo comprendo, ¿no la conoció embarazada? –¡Mierda! Mi maldita bocota, ¿por qué no puedo mantenerme al libreto que había preparado en mi mente?
Claro... ¿señorita...?
Sicilia, Sici, para todos.
Pues si me disculpa Sicilia, –recalca mi nombre– debo ir a lustrar los muebles, quiero terminar temprano.
Cielos, crucé alguna línea imaginaria. ¡Que frustración! Todo esto me tiene de los pelos.
Vaya Griselda, no quise molestarla.
No es ninguna molestia.
Suspiro resignada mientras digo para mis adentros que ya tuve demasiado jugando al inspector Gadget por el día de hoy, quizás mañana tenga más suerte, si es que Griselda trabaja los sábados.
Me dirijo a la sala y prendo la televisión, pongo un canal de música y me pierdo en mi cavilaciones. Pongo en orden lo que me dijo la empleada.
Pues bien, hay algo raro, pero no sólo eso, sino que también hay como un contrato implícito, o quizás explícito, donde dice que es un tema prohibido. Me pregunto que podrá ser tan grave. Tal vez, no es que sea grave, sino que Milah no tiene la confianza suficiente para contarme...¿y por qué diablos no trajo amigas?
Hasta ahora la imagen que tengo del marido es la de un dictador, pobre Milah, no debe ser una vida fácil con él... ¿cómo es que se llamaba? ¿Sebastián? ¿Cómo se habrán conocido? Quizás si logro que se abra conmigo al menos con eso pueda averiguar algo más. También está la posibilidad de acorralar a Pierina.
¿Qué tan atada estará Milah con él? La quiero para mi.
De repente me doy cuenta de que ese es el motivo por el cual estoy tan ávida de información. Necesito saber si algún día podremos ser sólo ella y yo. Saber que existe la posibilidad, porque está Matías en el medio... Que complicado...
Vamos –me sobresalto a escuchar la voz de Milah, me doy vuelta para mirarla, es como un bálsamo, tiene ese efecto extraordinario en mi, hace que me olvide de todos los problemas.

Vamos –digo sonriendo, poniéndome de pie y tomándole la mano.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Followers

linkie ♥

Blog contents © Entre amigas 2010. Blogger Theme by NymFont.