Capítulo 17
noviembre 22, 2013
A
la hora del atardecer, pasamos por mi departamento a buscar más
ropa. Abro la puerta y no puedo evitar encontrarlo extraño. Es como
si estuviese viviendo en un mundo paralelo. No puedo creer que hace
unos meses mi vida era completamente normal. Hace tan poco tiempo
buscaba la forma de poder sacármela de la cabeza, y ahora, estaba
ella ahí, en mi casa, tomándome de la cintura... Increíble.
Nos
sentamos en la cocina y enciendo la luz. Se sienta sobre la mesada,
un lugar bastante cómodo dada la pequeña dimensión de mi cocina.
Ella
observa a su alrededor, como si no quisiera perderse ni un detalle.
–¿Quieres
comer algo? –pregunto, luego de una pausa, mientras abro la
heladera.
–Si
–dice, luego se pone de pie, se acerca a mi y me besa
apasionadamente, cobrándose cada uno de los besos que no me pudo dar
en la tarde.
Y
yo se los devuelvo con igual o mayor intensidad. Poco a poco nos
alejamos de la heladera y nos apoyamos sobre la mesada de la cocina.
Un calor empieza a correr por todo mi cuerpo.
Por
fin.
–Vamos
al dormitorio –propongo entre jadeos.
–No.
–Contesta seca. Luego me toca un pecho que se tensa ante su roce.
Me agarra fuerte de la cintura y me conduce hasta el living, siempre
besándonos.
Me recuesto sobre el sofá y recorro todo su cuerpo con mis manos. Me detengo en sus pechos, huelen tan bien. Huelen a ella. Se coloca sobre mí y me levanta la remera, traza círculo en mi ombligo y yo no puedo reprimir un gemido. Juega conmigo trazándome mapas invisibles por todo mi cuerpo. Besa cada uno de mis rincones, deteniéndose en mi cuello y aspirando profundamente
Me recuesto sobre el sofá y recorro todo su cuerpo con mis manos. Me detengo en sus pechos, huelen tan bien. Huelen a ella. Se coloca sobre mí y me levanta la remera, traza círculo en mi ombligo y yo no puedo reprimir un gemido. Juega conmigo trazándome mapas invisibles por todo mi cuerpo. Besa cada uno de mis rincones, deteniéndose en mi cuello y aspirando profundamente
–Ahh
–se regodea entre jadeos.
Sube
mi remera hasta el cuello mientras yo me aferro a sus muslos,
intentando calmar el calor que siento ahí abajo. Mordisquea
suavemente mis pezones enviando señales de placer por todo mi
cuerpo. Le quito la remera, despacio, disfrutando del aroma que se
desprende de ella, luego le quito el corpiño y siento como mis
labios tiemblan delicadamente ante tal visión.
Posiciono
mis labios sobre sus pechos y los lamo, los succiono. Suavemente tomo
un pezón entre mis dientes y tiro suavemente de el. Ella suelta un
fuerte jadeo ante mi pericia y posiciona su mano en mi entrepierna.
Sigo con el pecho izquierdo hago exactamente lo mismo. Puedo sentir
el calor que emanan nuestros cuerpos.
Me
arqueo hacia ella, con mi boca aún en sus pechos, y rápidamente me
desprendo el pantalón.
–Por
favor. –Le suplico. Ella se tumba en el suelo y empieza a juguetear
con mi clítoris, primero con su mano, pero luego con su lengua.
Cierro los ojos del placer. No puedo evitar arquear mis caderas, para
acercarme aún más hacia su boca. Con las manos temblorosas coloco
su cabeza, justo ahí, donde la necesitaba. Despacio me atormenta con
suaves lengüetazos, mientras la sangre corre violentamente por mis
venas.
No
puedo más.
Me
coloco sobre ella y empiezo a mecerme. Desde atrás introduce un dedo
en mi vagina mientras yo beso aquella zona de su cuerpo que mi boca
es capaz de encontrar.
Tira
fuerte de mi cabello, haciendo que mi cabeza vaya hacia atrás y besa
mi cuello, aspira mi perfume y vuele a jadear.
La
excitación es tal que duele.
Me
tumba a su lado y me agarra la mano, sólo un momento, para
posicionarla en su entrepierna. Lentamente la penetro con uno de mis
dedos, atormentándola con un suave ritmo. Me deleito cuando observo
como tiembla su labio inferior. Se arquea hacia mi mientras emite un
grito ahogado.
–Más.
–Pide en un tono apenas audible.
Introduzco
un segundo dedo y empiezo a trazar círculos en su interior. Ella
hace lo propio conmigo, rítmicamente entra y sale de mí, susurrando
palabras de amor que quedan perdidas en el viento. Cierro los ojos y
dejo escapar un gemido.
Instintivamente
aumento el ritmo de mi mano, haciendo eco de lo que yo necesito. Voy
cada vez más rápido, mientras ella se detiene dentro de mí.
Empieza a jadear y con la mano que tiene libre se acaricia los
pechos. Siento los espasmos chocar contra mis dedos mientras llega a
su clímax con un fuerte gemido.
Empiezo
a temblar del placer cuando ella vuelve a arremeter con su boca en mi
clítoris. Vuelvo a posicionarla en el punto exacto mientras la rodeo
con mis piernas.
Juega
con mi protuberancia al ritmo de mis gemidos. Hasta que, finalmente,
el éxtasis me arrastra en silencio, haciendo que me olvide de todo.
Rueda
sobre mí y me abraza fuerte, aspirando el aroma que quedó en el
ambiente.
–Por
fin. –digo entre jadeos.
Se
coloca sobre mi pecho y entrelaza sus piernas con las mías. Sube y
baja por mi abdomen en una sola caricia. Cierro los ojos y sonrío.
–Aún
no he terminado contigo –dice en tono picaron.
–Ni
yo contigo –respondo
sin abrir los ojos.
–Espera
a llegar a casa –me advierte.
Río
entre dientes, siento una felicidad inmensa.
Nos
quedamos en silencio, las palabras sobran. No sé cuánto tiempo
pasó, yo sólo me deleito por poder tenerla entre mis brazos. Me
quedaría así hasta siempre. Sólo que...
–¡¿Sici?!
¿Estás en casa? –siento que dicen desde la entrada. –¡Abre la
puerta!
–¡Mierda!
Mi hermana. –le digo a Milah, mirándola horrorizada.
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