Capítulo 17

A la hora del atardecer, pasamos por mi departamento a buscar más ropa. Abro la puerta y no puedo evitar encontrarlo extraño. Es como si estuviese viviendo en un mundo paralelo. No puedo creer que hace unos meses mi vida era completamente normal. Hace tan poco tiempo buscaba la forma de poder sacármela de la cabeza, y ahora, estaba ella ahí, en mi casa, tomándome de la cintura... Increíble.
Nos sentamos en la cocina y enciendo la luz. Se sienta sobre la mesada, un lugar bastante cómodo dada la pequeña dimensión de mi cocina.
Ella observa a su alrededor, como si no quisiera perderse ni un detalle.
¿Quieres comer algo? –pregunto, luego de una pausa, mientras abro la heladera.
Si –dice, luego se pone de pie, se acerca a mi y me besa apasionadamente, cobrándose cada uno de los besos que no me pudo dar en la tarde.
Y yo se los devuelvo con igual o mayor intensidad. Poco a poco nos alejamos de la heladera y nos apoyamos sobre la mesada de la cocina. Un calor empieza a correr por todo mi cuerpo.
Por fin.
Vamos al dormitorio –propongo entre jadeos.
No. –Contesta seca. Luego me toca un pecho que se tensa ante su roce. Me agarra fuerte de la cintura y me conduce hasta el living, siempre besándonos.
Me recuesto sobre el sofá y recorro todo su cuerpo con mis manos. Me detengo en sus pechos, huelen tan bien.
Huelen a ella. Se coloca sobre mí y me levanta la remera, traza círculo en mi ombligo y yo no puedo reprimir un gemido. Juega conmigo trazándome mapas invisibles por todo mi cuerpo. Besa cada uno de mis rincones, deteniéndose en mi cuello y aspirando profundamente
Ahh –se regodea entre jadeos.
Sube mi remera hasta el cuello mientras yo me aferro a sus muslos, intentando calmar el calor que siento ahí abajo. Mordisquea suavemente mis pezones enviando señales de placer por todo mi cuerpo. Le quito la remera, despacio, disfrutando del aroma que se desprende de ella, luego le quito el corpiño y siento como mis labios tiemblan delicadamente ante tal visión.
Posiciono mis labios sobre sus pechos y los lamo, los succiono. Suavemente tomo un pezón entre mis dientes y tiro suavemente de el. Ella suelta un fuerte jadeo ante mi pericia y posiciona su mano en mi entrepierna. Sigo con el pecho izquierdo hago exactamente lo mismo. Puedo sentir el calor que emanan nuestros cuerpos.
Me arqueo hacia ella, con mi boca aún en sus pechos, y rápidamente me desprendo el pantalón.
Por favor. –Le suplico. Ella se tumba en el suelo y empieza a juguetear con mi clítoris, primero con su mano, pero luego con su lengua. Cierro los ojos del placer. No puedo evitar arquear mis caderas, para acercarme aún más hacia su boca. Con las manos temblorosas coloco su cabeza, justo ahí, donde la necesitaba. Despacio me atormenta con suaves lengüetazos, mientras la sangre corre violentamente por mis venas.
No puedo más.
Me coloco sobre ella y empiezo a mecerme. Desde atrás introduce un dedo en mi vagina mientras yo beso aquella zona de su cuerpo que mi boca es capaz de encontrar.
Tira fuerte de mi cabello, haciendo que mi cabeza vaya hacia atrás y besa mi cuello, aspira mi perfume y vuele a jadear.
La excitación es tal que duele.
Me tumba a su lado y me agarra la mano, sólo un momento, para posicionarla en su entrepierna. Lentamente la penetro con uno de mis dedos, atormentándola con un suave ritmo. Me deleito cuando observo como tiembla su labio inferior. Se arquea hacia mi mientras emite un grito ahogado.
Más. –Pide en un tono apenas audible.
Introduzco un segundo dedo y empiezo a trazar círculos en su interior. Ella hace lo propio conmigo, rítmicamente entra y sale de mí, susurrando palabras de amor que quedan perdidas en el viento. Cierro los ojos y dejo escapar un gemido.
Instintivamente aumento el ritmo de mi mano, haciendo eco de lo que yo necesito. Voy cada vez más rápido, mientras ella se detiene dentro de mí. Empieza a jadear y con la mano que tiene libre se acaricia los pechos. Siento los espasmos chocar contra mis dedos mientras llega a su clímax con un fuerte gemido.
Empiezo a temblar del placer cuando ella vuelve a arremeter con su boca en mi clítoris. Vuelvo a posicionarla en el punto exacto mientras la rodeo con mis piernas.
Juega con mi protuberancia al ritmo de mis gemidos. Hasta que, finalmente, el éxtasis me arrastra en silencio, haciendo que me olvide de todo.
Rueda sobre mí y me abraza fuerte, aspirando el aroma que quedó en el ambiente.
Por fin. –digo entre jadeos.
Se coloca sobre mi pecho y entrelaza sus piernas con las mías. Sube y baja por mi abdomen en una sola caricia. Cierro los ojos y sonrío.
Aún no he terminado contigo –dice en tono picaron.
Ni yo contigo respondo sin abrir los ojos.
Espera a llegar a casa –me advierte.
Río entre dientes, siento una felicidad inmensa.
Nos quedamos en silencio, las palabras sobran. No sé cuánto tiempo pasó, yo sólo me deleito por poder tenerla entre mis brazos. Me quedaría así hasta siempre. Sólo que...
¡¿Sici?! ¿Estás en casa? –siento que dicen desde la entrada. –¡Abre la puerta!

¡Mierda! Mi hermana. –le digo a Milah, mirándola horrorizada.

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