Capítulo 19

Vuelvo a mi habitación sin poder dejar de pensar en lo que me dijo Pierina. A pesar de los ruegos de mi hermana no estoy preocupada por mí, sino por Milah.
Cuando entro en mi habitación, ella está jugando con una cajita musical.
Hola extraña –digo mientras la abrazo por la espalda. Aspiro su perfume e increíblemente me siento más tranquila. Ella me rodea con sus brazos desde atrás.
¿Todo bien? –pregunta.
Todo bien –no quiero hablar del tema por el momento. Se da vuelta me dedica una mirada evaluadora.
Decíselo a tu cara...
No ha sucedido nada, solo discutí con Pierina, cosas del hogar. –Aclaro.
Tu habitación es muy bonita –comenta cambiando de tema.
Es un poco pequeña –digo mientras busco en mi armario una muda de ropa.
No, es perfecta. Llena de diseño.
Claro –sonrío. –Sería un crimen trabajar en una tienda que vende todas estas cosas y no comprar ninguna.
¿Ya tienes todo listo? –pregunta al ver que cierro la mochila.
Casi, sólo me falta el cepillo de dientes...
Pero si ya tienes uno en casa –pone los ojos en blanco.
Está bien. Vamos...
Saludamos a mi hermana, y partimos a casa de Milah ansiosas por darnos muchos mimos. Sólo recogí una muda de ropa, ya que no sé a qué hora llegará su marido el domingo y es probable que no lo pasemos juntas.
Decido no hacerme ninguna pregunta, aunque la verdad es que necesito respuestas.
Estoy un poco ansiosa por lo que sucederá después, pero quizás es mejor no presionar, después de todo nada bueno sale cuando uno fuerza las cosas. Si, todo a su tiempo.
Vamos en el auto en silencio. En el semáforo me sonríe y me da un beso en la mejilla. A veces siento que puede leerme la mente.
Nos las arreglaremos –dice contra mis labios.
Eso espero.
Sonrío a modo de respuesta, no me siento parlanchina.
Quiero contarle detalladamente lo que hablamos con mi hermana, ya que no puedo sacarme de la cabeza la palabra violento. Lo que mas me urge saber es si él le ha puesto una mano encima, necesito que ella sepa que nunca la voy a dejar. Pero, como dije hace un momento: todo a su tiempo.
Cuando llegamos a su casa preparo algo para cenar, mi cabeza pide a gritos que hable del tema y necesito acallarla.
Preparo carne y ensalada. Me puse creativa y hasta agregué algunas especias extrañas, el resultado fue bastante bueno, el mejunje que hice sabía bastante bien. Ambas estábamos famélicas debido a la aventura de la tarde, tal es así que, mientras comíamos, apenas pronunciamos unas palabras.
No deja de lanzarme miradas extrañas, sabe que le estoy ocultando algo, sólo me pregunto por cuánto tiempo podré de hacerlo.
Cuando terminamos de cenar voy hasta la mesada y empiezo a fregar los platos, aún continuamos en silencio, sólo que esta vez el ambiente está cargado con una ligera tensión.
¿Qué pasó con tu hermana? –pregunta de repente, parándose a mi lado con lo brazos cruzados.
Todo bien. –Digo, no puedo ocultar la tristeza en mi voz. El sólo pensar en lo que dijo mi hermana...
¿No quieres hablar de ello? –pregunta preocupada sin quitarme la vista de encima.
No es eso, –suelto un suspiro y miro hacia arriba. Si, mejor acabar con todo esto.
Por fin levanto los ojos hacia ella, hace unos pequeños golpecitos en el suelo con uno de sus pies, debido a la ansiedad.
¿Qué? –increpa sin poder contenerse.
Mi hermana trabaja con tu esposo. –Suelto de repente.
Su pie se detiene repentinamente, la sorpresa invade su cuerpo. ¿En qué estará pensando?
Ah –dice por fin con un dejo de voz. –¿Y que te contó sobre él?
Nada –digo intentando tranquilizarla un poco. No comprendo por qué se pone así. –Solo que tenga cuidado.
¿Cuidado? –pregunta intentando ocultar la preocupación.
Si, ya sabes... –me detengo en seco, quizás si no agrego nada más ella me cuente, finalmente, quién es este hombre.
¿Qué cosa? –pregunta. Siento una puntada de decepción.
Estás casada, no creo que exista algún hombre que se sienta cómodo con que su esposa tenga una aventura...
Tienes razón... –sonríe involuntariamente.
Imagínate además que su amante es una mujer...
Suelta un sonoro suspiro de alivio.
No lo había pensado –dice compungida.
Nos quedamos en silencio haciendo los quehaceres. Cuando estoy terminando de fregar me dedica una sonrisa tímida y dice:
No eres una aventura para mi. –Me detengo en seco y sonrío abiertamente, es lo que necesitaba escuchar –Se que puede sonar inverosímil, pero a pesar de que nos conocemos hace poco... –se detiene avergonzada.
Vamos, ¡dímelo! –le apremio.
Siento que esto puede ser para toda la vida –esta vez es ella la que se ruboriza, yo me muero de amor. Finalmente sonrío abiertamente.
Le doy un beso en la boca, rogando que transmita la felicidad que me invade y mojo su rostro con mis manos llenas de detergente. Me agarra fuerte por la cintura y me da un beso en el cuello, luego se detiene en seco, la sonrisa ha desaparecido.
¿Por qué es tan ciclotímica? A penas puedo seguirla en sus cambios de humor.
Pero...– dice mientras empieza seca los platos– .Es demasiado complicado .
Otra vez sopa.
Prueba contándomelo –digo sin poder contenerme, me detengo a mirarla fijamente, ella hace una mueca de disgusto.
Ojala pudiera...
¡Por Dios! ¿Cuál es el secreto? ¿Qué tan grave es? –Todo el humor que había adquirido hace un momento se evaporó –.Si no vas a confiar en mi, no hagas alusión al tema porque cuando lo haces automáticamente quiero enterarme... y me frustra ver cómo te haces la misteriosa.
No es eso –dice arrepentida– No es grave, para nada.
Entonces ¿qué es?
Es que si te cuento, saldrás corriendo... –dice por fin agachando la mirada. –Es demasiada información para asimilar de una sola vez...
Ponme a prueba –le reto.
Se queda en silencio, por lo que la tomo de la barbilla para que se fije en mí, y en un susurro le digo:
No me voy a ir a ningún lado, créeme... por fin me siento...
Te sientes... –dice.
Bien, protegida. –contesto rápido, iba a decirle “como en casa”, pero sé que es demasiado pronto. Sonríe tímidamente y acaricia mi mejilla.
No lo sé –vuelve a decir, pero yo sé que la he convencido.
Anda, ponme a prueba –digo por las dudas.
Está bien –dice luego de una pausa. –Pero iremos despacio, sólo una cosa a la vez. ¿Te parece bien?
Me parece perfecto –le contesto.
Paso a paso, respito en mi fuero interno.
¿Preparada? –pregunta nerviosa.
¡Claro!
Finalmente voy a empezar a entender. Las mariposas en mi estómago revolotean contentas. Pero al ver su expresión un miedo irracional se apodera de mí.

¿Y si tiene razón y salgo corriendo?

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