Capítulo 18

Me pongo de pie rápidamente y Milah me sigue. ¡Dios! ¿Qué hace tan temprano aquí?
¡Ya voy Pieri! –grito mientras recojo como puedo la ropa del suelo –No encuentro la llave...
Le hago señas a Milah, que empezó a recorrer el living ayudándome con la ropa, para que me siga hasta mi habitación. Una vez allí tiro todo lo que recogí a un costado y me acomodo a las apuradas mientras salgo corriendo a abrirle a mi hermana.
Antes de girar la llave respiro profundo en un virgen intento de calmar mi respiración. Sé que mi hermana hará preguntas, sólo espero poder salir airosa de la situación.
Espera allí –le digo a Milah en un susurro cuando ella aparece por la puerta. –Y arréglate la camisa.
Ella asiente y vuelve a entrar.
Mierda, mierda, mierda.
Vuelvo a respirar profundamente, y con los ojos cerrados, abro la puerta lentamente.
Hola hermanita. –La saludo con una fingida inocencia.
¿Desde cuando cierras la puerta con llave? –me recrimina mirándome fijamente.
Lo siento... –dudo un momento ¿y ahora qué excusa pongo?– No me di cuenta, tengo la cabeza en otro lado.
¿Estás acompañada? –pregunta observando el desorden que hay en living.
Si... –no sé que más decirle, sólo miro al suelo.
¡Habérmelo dicho antes! –dice con un tono pícaro mientras se dirige a la cocina, yo la sigo. –¿Tanto te cuesta enviarme un mensaje: “Pieri estoy con un chico, te aviso cuando puedas volver”?
Ay Dios. Si, debería haberle enviado un mensaje de ese estilo, sólo que si, por algún motivo, llegaba antes y, en lugar de encontrarse con un hombre, se encontrase con Milah...
Pero no estoy con un chico... –dudo nuevamente, ¿por qué no puedo mirarla a los ojos? –sólo estoy con una amiga.
¿Guadalupe? –increpa.
No.
¿Paula?
Tampoco.
Ay vamos, con quién estás, ¿por qué tanto misterio? –pregunta exasperada.
Pero si eres tú la quiere adivinar –hago una pausa– estoy con Milah.
Sici, ¿estás loca? –me reprende alarmada mientras busca apoyo en la mesada.
Sh, baja la voz, está en el dormitorio...
Ay Sicilia... te dije que tuvieras cuidado... –susurra.
Pieri –le contesto también en vos baja. –Yo... –no sé muy bien qué decir, por suerte ella se adelanta.
¿Estás loca?
¿Por qué? –Entorno los ojos– .Explícamelo de una vez, cómo pretendes que sea precavida, sino me explicas de qué me estoy cuidando.
El marido de Milah es un desequilibrado –dice finalmente.
Pero yo soy amiga de ella, no de él.
Es un hombre peligroso –dice tomándome de la mano– no quiero que te suceda nada. Dicen que es muy violento.
¿Es por eso que Milah no quiere hablar de él? ¿Será que le avergüenza... ?
¿Le pegó a Milah? –pregunto de repente, pensando en la idea. Si le puso una mano encima... Siento un leve picor en la palma de mi mano.
Pieri se mueve incómoda, me mira a los ojos y me responde con una mueca que lo dice todo, no obstante para que no quede dudas, me agarra de la mano y susurra:
No lo sé, pero en el bar todos tenemos cuidado de no hacerlo enfadar.
¿Por qué?
No quieres ver en lo qué se convierte ese hombre cuando no consigue lo que quiere.
¿Pero tú estás segura de que él le ha pegado? –pregunto sin poder contenerme.
Segura, segura, no... Pero hay rumores y si el río suena es porque agua trae...
Lo sé, pero quizás sólo es muy exigente –no puedo creer que lo esté defendiendo, pero prefiero hacerlo antes de pensar que Milah fue agredida por él.
No, es violento. De eso no hay dudas.
Genial. Lo único que faltaba. Siento la urgencia de protegerla de todo lo malo que pueda pasarle. Cierro los ojos con fuerza, intentando reprimir las imágenes que vienen a mi cabeza.
Milah me hace bien, nos divertimos mucho. No quiero perder su amistad por unos rumores –necesito aclarar que alejarme de ella no es una opción.
Lo sé... sólo...
Es una amiga confiable...
Prométeme que tendrás cuidado –ruega Pieri.
Claro –respondo en un susurro.
Nos quedamos en silencio, paradas una en frente de la otra. No hay más que decir. Le sonrío tímidamente. Una pequeña parte de mi sabe que Pierina sospecha que entre nosotras hay algo más que una amistad, pero decido no hacerle caso.
Bueno... –empiezo a decir– voy a buscar a Milah, hace mucho que me está esperando en la habitación. De repente siento la necesidad de abrazarla, si lo que dice mi hermana es verdad...
Claro –dice compungida. –¿Se quedarán a comer?
Sólo si tú estás sola.
No, vendrá Esteban. Quédate tranquila.
En ese caso recogeré unas cosas y me iré –digo mientras salgo de la cocina.
¿A dónde? –me detiene.
Dormiré con ella otra vez, su marido sigue fuera de la ciudad.
Ok, ten cuidado –me advierte una vez más.

Si, Pieri. Gracias por preocuparte –le sonrío mientras finalmente voy a buscar a mi chica.

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