Capítulo 18
noviembre 22, 2013
Me
pongo de pie rápidamente y Milah me sigue. ¡Dios! ¿Qué hace tan
temprano aquí?
–¡Ya
voy Pieri! –grito mientras recojo como puedo la ropa del suelo –No
encuentro la llave...
Le
hago señas a Milah, que empezó a recorrer el living ayudándome con
la ropa, para que me siga hasta mi habitación. Una vez allí tiro
todo lo que recogí a un costado y me acomodo a las apuradas mientras
salgo corriendo a abrirle a mi hermana.
Antes
de girar la llave respiro profundo en un virgen intento de calmar mi
respiración. Sé que mi hermana hará preguntas, sólo espero poder
salir airosa de la situación.
–Espera
allí –le digo a Milah en un susurro cuando ella aparece por la
puerta. –Y arréglate la camisa.
Ella
asiente y vuelve a entrar.
Mierda,
mierda, mierda.
Vuelvo
a respirar profundamente, y con los ojos cerrados, abro la puerta
lentamente.
–Hola
hermanita. –La saludo con una fingida inocencia.
–¿Desde
cuando cierras la puerta con llave? –me recrimina mirándome
fijamente.
–Lo
siento... –dudo un momento ¿y ahora qué excusa pongo?– No me di
cuenta, tengo la cabeza en otro lado.
–¿Estás
acompañada? –pregunta observando el desorden que hay en living.
–Si...
–no sé que más decirle, sólo miro al suelo.
–¡Habérmelo
dicho antes! –dice con un tono pícaro mientras se dirige a la
cocina, yo la sigo. –¿Tanto te cuesta enviarme un mensaje: “Pieri
estoy con un chico, te aviso cuando puedas volver”?
Ay
Dios. Si,
debería haberle enviado un mensaje de ese estilo, sólo que si, por
algún motivo, llegaba antes y, en lugar de encontrarse con un
hombre, se encontrase con Milah...
–Pero
no estoy con un chico... –dudo nuevamente, ¿por qué no puedo
mirarla a los ojos? –sólo estoy con una amiga.
–¿Guadalupe?
–increpa.
–No.
–¿Paula?
–Tampoco.
–Ay
vamos, con quién estás, ¿por qué tanto misterio? –pregunta
exasperada.
–Pero
si eres tú la quiere adivinar –hago una pausa– estoy con Milah.
–Sici,
¿estás loca? –me reprende alarmada mientras busca apoyo en la
mesada.
–Sh,
baja la voz, está en el dormitorio...
–Ay
Sicilia... te dije que tuvieras cuidado... –susurra.
–Pieri
–le contesto también en vos baja. –Yo... –no sé muy bien qué
decir, por suerte ella se adelanta.
–¿Estás
loca?
–¿Por
qué? –Entorno los ojos– .Explícamelo de una vez, cómo
pretendes que sea precavida, sino me explicas de qué me estoy
cuidando.
–El
marido de Milah es un desequilibrado –dice finalmente.
–Pero
yo soy amiga de ella, no de él.
–Es
un hombre peligroso –dice tomándome de la mano– no quiero que te
suceda nada. Dicen que es muy violento.
¿Es
por eso que Milah no quiere hablar de él? ¿Será que le
avergüenza... ?
–¿Le
pegó a Milah? –pregunto de repente, pensando en la idea. Si le
puso una mano encima... Siento un leve picor en la palma de mi mano.
Pieri
se mueve incómoda, me mira a los ojos y me responde con una mueca
que lo dice todo, no obstante para que no quede dudas, me agarra de
la mano y susurra:
–No
lo sé, pero en el bar todos tenemos cuidado de no hacerlo enfadar.
–¿Por
qué?
–No
quieres ver en lo qué se convierte ese hombre cuando no consigue lo
que quiere.
–¿Pero
tú estás segura de que él le ha pegado? –pregunto sin poder
contenerme.
–Segura,
segura, no... Pero hay rumores y si el río suena es porque agua
trae...
–Lo
sé, pero quizás sólo es muy exigente –no puedo creer que lo esté
defendiendo, pero prefiero hacerlo antes de pensar que Milah fue
agredida por él.
–No,
es violento. De eso no hay dudas.
Genial.
Lo
único que faltaba. Siento la urgencia de protegerla de todo lo malo
que pueda pasarle. Cierro los ojos con fuerza, intentando reprimir
las imágenes que vienen a mi cabeza.
–Milah
me hace bien, nos divertimos mucho. No quiero perder su amistad por
unos rumores –necesito aclarar que alejarme de ella no es una
opción.
–Lo
sé... sólo...
–Es
una amiga confiable...
–Prométeme
que tendrás cuidado –ruega Pieri.
–Claro
–respondo en un susurro.
Nos
quedamos en silencio, paradas una en frente de la otra. No hay más
que decir. Le sonrío tímidamente. Una pequeña parte de mi sabe que
Pierina sospecha que entre nosotras hay algo más que una amistad,
pero decido no hacerle caso.
–Bueno...
–empiezo a decir– voy a buscar a Milah, hace mucho que me está
esperando en la habitación. De repente siento la necesidad de
abrazarla, si lo que dice mi hermana es verdad...
–Claro
–dice compungida. –¿Se quedarán a comer?
–Sólo
si tú estás sola.
–No,
vendrá Esteban. Quédate tranquila.
–En
ese caso recogeré unas cosas y me iré –digo mientras salgo de la
cocina.
–¿A
dónde? –me detiene.
–Dormiré
con ella otra vez, su marido sigue fuera de la ciudad.
–Ok,
ten cuidado –me advierte una vez más.
–Si,
Pieri. Gracias por preocuparte –le sonrío mientras finalmente voy
a buscar a mi chica.
0 comentarios:
Publicar un comentario