Capítulo 16

Llegamos al parque y colocamos sobre el césped el típico mantel a cuadros. Luego sacamos el mate y unas galletas. Estamos un poco ocultas del resto, aunque para ser sincera, no hay mucha gente por alrededores pues en un lugar del parque que no es muy frecuentado. El día está soleado, pero no hace calor, elegimos escondernos tras la sombra de un árbol inmenso.
Estamos sentadas una al frente de la otra, entre nosotras corre una energía extraña, demasiada tensión, sexual, me atrevería a decir.
Empezamos a hablar de nuestras vidas para conocernos un poco más y mientras habla me quedo hipnotizada con su boca. Tiene unos labios hermosos, rojos. Una sonrisa de modelo... muero por besarla, pero al recodar dónde estamos me resisto. Me ruborizo.
Me pregunto si ella estará tan... con tantas ganas como yo, si saben a lo que me refiero. Quisiera poder hablar con ella, pero me da demasiada vergüenza. Sigo mirando sus labios, como se mueven a compás de sus palabras y... Milah, adivinando mis intenciones, mira hacia ambos lados y para mi enorme sorpresa, me besa.
Posa sus labios sobre los míos sólo unos momentos, antes de retirarlos apenas unos centímetros y decir de forma pícara:
¿Deseando hacer eso señorita Andreotti?
Claro –susurro contra sus labios– .Sólo que estamos en un lugar público. Nos pueden ver...
Abre los ojos ante la sorpresa, y luego de darme otro beso rápido, se retira, agarra una galleta y la come de forma provocativa.
Perdón. –dice, aunque sé que no está arrepentida.
No te preocupes, el problema soy yo... debo acostumbrarme a esto. –Aún no estoy cómoda hablando explícitamente de nuestra relación. –Dame tiempo, dentro de poco todo esto será normal, además si otros lo hacen ¿por qué nosotras no?
Sonríe satisfecha, con una chispa de autosuficiencia. La miro nuevamente, y veo como los rayos del sol juegan con los colores de su pelo, ¿cómo resistirme a ellos?
Bésame. –le digo. –Rápido, antes de que me arrepienta.
Recoge un plato vacío, nos tapa la cara, y entre risas me besa. Primero lo hace suavemente pero luego se va haciendo cada vez más apasionado. Introduce por fin su lengua en mi boca y la recorre. Estira su mano para tocarme un pecho, se me pone la piel de gallina con ese contacto. De repente recuerdo donde estamos y me desprendo. Ella me mira confusa y le hago un gesto de disculpas.
Mi respiración está un tanto agitada, por lo que espero a que se normalice.
¿Paso a paso? –pregunta entre jadeos.
Podría venir alguien– .Digo a modo de disculpa.
Ella asiente mientras se acomoda nuevamente sobre el mantel.
Tienes razón...
Pueden venir niños –la interrumpo.
No lo había pensado –esta vez suena arrepentida.
Pues...
Nos quedamos en silencio un momento, miro mis manos sin saber qué decir. Mejor cambiar el tema y aligerar la tensión. No quiero discutir, no con ella.
¿Y cómo fue el día en que supiste que estabas embarazada?
¡Uf! –Suspira– pensé que me matarían... tenía 18 años, hacía poco que Sebastián era mi novio... les dije a mis padres a través de una carta, y luego desaparecí un día completo. No quería estar ahí cuando mi padre se entere.
Se detiene, una sonrisa involuntaria se dibuja en su rostro. La abrazo, no puedo evitarlo, además ¿qué tiene de extraño un abrazo entre amigas? Ella me aprieta fuerte y luego me suelta, la sonrisa sigue ahí.
¿Y con Matías cómo fue? –pregunto. No puedo ver su expresión ya que el sol me da en los ojos, pero sé que algo ha cambiado. Mi instinto me dice que cambie la pregunta. Le hago caso.
¿Cómo conociste a tu marido?, cuéntame desde el principio. –digo rápidamente.
Ella se acomoda sobre el mantel y hace un gesto de disgusto, vaya modo que tengo para relajar la situación. Pero, para ser sincera, es un tema que me tiene dando vueltas.
Ya es hora de sacar a Nancy Drew de su escondite, quiero respuestas: saber hasta dónde está esa imposibilidad de dejarlo y, además, quiero saber absolutamente todo de ella.
De verdad, ¿tenemos que hablar de esto? No hay necesidad de traer a colación este tema, sobre todo después de una tarde hermosa –.Dice un poco contrariada.
Lo sé –estoy un poco arrepentida y sigo sin comprender por qué le molesta tanto hablar de esto– es que... necesito saber, estoy... asustada, ansiosa. Compré todos los boletos para salir lastimada.
Sonríe de forma cariñosa. Y empieza a hablar, por fin.
Nos conocimos poco después de que cumplí 17 años –juega con las migas de pan que cayeron al mantel, sin levantar la vista –el tiene 5 años mas que yo, iba a mi colegio a hacer prácticas, y pues... ya sabes, empezamos a salir. Fue un noviazgo lindo, perfecto, el era tan seductor, atento, cariñoso. Mis padres lo adoraban, era el hijo que nunca tuvieron... y yo... yo no tenía ninguna queja... Todo cambió cuando quedé embarazada...
De tu primer hijo. –Acoto.
La verdad Sici, ¿podemos cambiar de tema? No me agrada hablar de esto, en serio. –Se nota la tensión en su voz. No me dirá nada más. De todas forma tomo coraje, si estoy en el baile ¿qué mejor que bailar?
¿Qué pasó después? –increpo con la voz quebrada, no sé dónde quedó la seguridad de la que tanto presumía hace unos segundos.
Pone los ojos en blanco y suspira antes de continuar.
Bueno, mi padre nos obligó a casarnos. Yo no quería hacerlo, imagínate, tenía apenas 18 años. Era muy chica. Mi padre... es demasiado difícil y cuando él no está en casa cuento con mi madre para reemplazarlo. Nunca tuve un respiro, ésa era la parte positiva de casarme, que tendría más autonomía... ¿Te conté alguna vez que soy adoptada?
¡Vaya! ¿Será ésta la fuente de sus problemas? Quizás busca a su madre biológica...
No, no lo sabía. –contesto finalmente, tranquila.
Si, me adoptaron de bebé, pero ellos ya eran muy grandes. Me dieron la mejor vida que me pudieron dar. Nunca me faltó nada, ni en lo económico ni en lo emocional –sonríe tímidamente– pero para algunas cosas son imposibles.
Debido a su edad, supongo, son demasiado tradicionales, no les gusta que las cosas estén fuera de lugar y tener una hija que se convertiría en una madre adolescente no fue una opción. De todas formas, sé que hacían lo que creían que era lo mejor para mi. –No me mira a los ojos, en lugar de eso, continúa jugando con las miguitas.
Me doy cuenta de que sutilmente cambió el tema de conversación, vaya es astuta. De todas formas por fin está más comunicativa, así que decido sacar provecho.
¿Conociste alguna vez a tus padres biológicos? –pregunto.
Sólo a mi padre, mi madre murió al nacer. Y bueno, el hizo lo que creía que era lo mejor para mi.
¿Y lo ves seguido? –tomo su mano y le acaricio.
Hablamos bastante. Nos llevamos bien...
Sonrío abiertamente. Milah de verdad parece haber tenido una infancia difícil, pero de todas formas tiene una inmensa pureza en su corazón, es lo que más me atrae. Casi.
No le pregunto nada más, sólo la miro. Realmente desearía poder protegerla de cualquiera que le haga daño. Sé que detrás de esa imagen de guerrera se esconde una muñequita frágil.
Cuéntame de ti. –pregunta sacándome de mi ensoñación.
Pues, nada –suspiro, ¿qué le puedo decir? –mi vida es muy aburrida, ya sabes. Mis padres son aburridos, mi hermana no es aburrida pero es predecible, yo también lo soy...
Esto no fue predecible. –Acota de repente, con un tono pícaro.
No –coincido– quizás por eso es tan emocionante, y tan...
Lo sé, a veces tampoco encuentro las palabras...
Te conozco desde hace tan poco –digo de repente– pero siento que lo hago de toda la vida. ¿No es raro?
No –dice– a mi me pasa exactamente lo mismo.
El tiempo es relativo ¿no?
Muy relativo –coincide.



0 comentarios:

Publicar un comentario

Followers

linkie ♥

Blog contents © Entre amigas 2010. Blogger Theme by NymFont.