Capítulo 16
noviembre 22, 2013
Llegamos
al parque y colocamos sobre el césped el típico mantel a cuadros.
Luego sacamos el mate y unas galletas. Estamos un poco ocultas del
resto, aunque para ser sincera, no hay mucha gente por alrededores
pues en un lugar del parque que no es muy frecuentado. El día está
soleado, pero no hace calor, elegimos escondernos tras la sombra de
un árbol inmenso.
Estamos
sentadas una al frente de la otra, entre nosotras corre una energía
extraña, demasiada tensión, sexual, me atrevería a decir.
Empezamos
a hablar de nuestras vidas para conocernos un poco más y mientras
habla me quedo hipnotizada con su boca. Tiene unos labios hermosos,
rojos. Una sonrisa de modelo... muero por besarla, pero al recodar
dónde estamos me resisto. Me ruborizo.
Me
pregunto si ella estará tan... con tantas ganas como yo, si saben a
lo que me refiero. Quisiera poder hablar con ella, pero me da
demasiada vergüenza. Sigo mirando sus labios, como se mueven a
compás de sus palabras y... Milah, adivinando mis intenciones, mira
hacia ambos lados y para mi enorme sorpresa, me besa.
Posa
sus labios sobre los míos sólo unos momentos, antes de retirarlos
apenas unos centímetros y decir de forma pícara:
–¿Deseando
hacer eso señorita Andreotti?
–Claro
–susurro contra sus labios– .Sólo que estamos en un lugar
público. Nos pueden ver...
Abre
los ojos ante la sorpresa, y luego de darme otro beso rápido, se
retira, agarra una galleta y la come de forma provocativa.
–Perdón.
–dice, aunque sé que no está arrepentida.
–No
te preocupes, el problema soy yo... debo acostumbrarme a esto.
–Aún no estoy cómoda hablando explícitamente de nuestra
relación. –Dame tiempo, dentro de poco todo esto será normal,
además si otros lo hacen ¿por qué nosotras no?
Sonríe
satisfecha, con una chispa de autosuficiencia. La miro nuevamente, y
veo como los rayos del sol juegan con los colores de su pelo, ¿cómo
resistirme a ellos?
–Bésame.
–le digo. –Rápido, antes de que me arrepienta.
Recoge
un plato vacío, nos tapa la cara, y entre risas me besa. Primero lo
hace suavemente pero luego se va haciendo cada vez más apasionado.
Introduce por fin su lengua en mi boca y la recorre. Estira su mano
para tocarme un pecho, se me pone la piel de gallina con ese
contacto. De repente recuerdo donde estamos y me desprendo. Ella me
mira confusa y le hago un gesto de disculpas.
Mi
respiración está un tanto agitada, por lo que espero a que se
normalice.
–¿Paso
a paso? –pregunta entre jadeos.
–Podría
venir alguien– .Digo a modo de disculpa.
Ella
asiente mientras se acomoda nuevamente sobre el mantel.
–Tienes
razón...
–Pueden
venir niños –la interrumpo.
–No
lo había pensado –esta vez suena arrepentida.
–Pues...
Nos
quedamos en silencio un momento, miro mis manos sin saber qué decir.
Mejor cambiar el tema y aligerar la tensión. No quiero discutir, no
con ella.
–¿Y
cómo fue el día en que supiste que estabas embarazada?
–¡Uf!
–Suspira– pensé que me matarían... tenía 18 años, hacía poco
que Sebastián era mi novio... les dije a mis padres a través de una
carta, y luego desaparecí un día completo. No quería estar ahí
cuando mi padre se entere.
Se
detiene, una sonrisa involuntaria se dibuja en su rostro. La abrazo,
no puedo evitarlo, además ¿qué tiene de extraño un abrazo entre
amigas? Ella me aprieta fuerte y luego me suelta, la sonrisa sigue
ahí.
–¿Y
con Matías cómo fue? –pregunto. No puedo ver su expresión ya que
el sol me da en los ojos, pero sé que algo ha cambiado. Mi instinto
me dice que cambie la pregunta. Le hago caso.
–¿Cómo
conociste a tu marido?, cuéntame desde el principio. –digo
rápidamente.
Ella
se acomoda sobre el mantel y hace un gesto de disgusto, vaya modo que
tengo para relajar la situación. Pero, para ser sincera, es un tema
que me tiene dando vueltas.
Ya
es hora de sacar a Nancy Drew de su escondite, quiero respuestas:
saber hasta dónde está esa imposibilidad de dejarlo y, además,
quiero saber absolutamente
todo de ella.
–De
verdad, ¿tenemos que hablar de esto? No hay necesidad de traer a
colación este tema, sobre todo después de una tarde hermosa –.Dice
un poco contrariada.
–Lo
sé –estoy un poco arrepentida y sigo sin comprender por qué le
molesta tanto hablar de esto– es que... necesito saber, estoy...
asustada, ansiosa. Compré todos los boletos para salir lastimada.
Sonríe
de forma cariñosa. Y empieza a hablar, por fin.
–Nos
conocimos poco después de que cumplí 17 años –juega con las
migas de pan que cayeron al mantel, sin levantar la vista –el tiene
5 años mas que yo, iba a mi colegio a hacer prácticas, y pues... ya
sabes, empezamos a salir. Fue un noviazgo lindo, perfecto, el era tan
seductor, atento, cariñoso. Mis padres lo adoraban, era el hijo que
nunca tuvieron... y yo... yo no tenía ninguna queja... Todo cambió
cuando quedé embarazada...
–De
tu primer hijo. –Acoto.
–La
verdad Sici,
¿podemos cambiar de tema? No me agrada hablar de esto, en serio. –Se
nota la tensión en su voz. No me dirá nada más. De todas forma
tomo coraje, si estoy en el baile ¿qué mejor que bailar?
–¿Qué
pasó después? –increpo con la voz quebrada, no sé dónde quedó
la seguridad de la que tanto presumía hace unos segundos.
Pone
los ojos en blanco y suspira antes de continuar.
–Bueno,
mi padre nos obligó a casarnos. Yo no quería hacerlo, imagínate,
tenía apenas 18 años. Era muy chica. Mi padre... es demasiado
difícil y cuando él no está en casa cuento con mi madre para
reemplazarlo. Nunca tuve un respiro, ésa era la parte positiva de
casarme, que tendría más autonomía... ¿Te conté alguna vez que
soy adoptada?
¡Vaya!
¿Será ésta la fuente de sus problemas? Quizás busca a su madre
biológica...
–No,
no lo sabía. –contesto finalmente, tranquila.
–Si,
me adoptaron de bebé, pero ellos ya eran muy grandes. Me dieron la
mejor vida que me pudieron dar. Nunca me faltó nada, ni en lo
económico ni en lo emocional –sonríe tímidamente– pero para
algunas cosas son imposibles.
“Debido
a su edad, supongo, son demasiado tradicionales, no les gusta que las
cosas estén fuera de lugar y tener una hija que se convertiría en
una madre adolescente no fue una opción. De todas formas, sé que
hacían lo que creían que era lo mejor para mi. –No me mira a los
ojos, en lugar de eso, continúa jugando con las miguitas.
Me
doy cuenta de que sutilmente cambió el tema de conversación, vaya
es astuta. De todas formas por fin está más comunicativa, así que
decido sacar provecho.
–¿Conociste
alguna vez a tus padres biológicos? –pregunto.
–Sólo
a mi padre, mi madre murió al nacer. Y bueno, el hizo lo que creía
que era lo mejor para mi.
–¿Y
lo ves seguido? –tomo su mano y le acaricio.
–Hablamos
bastante. Nos llevamos bien...
Sonrío
abiertamente. Milah de verdad parece haber tenido una infancia
difícil, pero de todas formas tiene una inmensa pureza en su
corazón, es lo que más me atrae. Casi.
No
le pregunto nada más, sólo la miro. Realmente desearía poder
protegerla de cualquiera que le haga daño. Sé que detrás de esa
imagen de guerrera se esconde una muñequita frágil.
–Cuéntame
de ti. –pregunta sacándome de mi ensoñación.
–Pues,
nada –suspiro, ¿qué
le puedo decir?
–mi vida es muy aburrida, ya sabes. Mis padres son aburridos, mi
hermana no es aburrida pero es predecible, yo también lo soy...
–Esto
no fue predecible. –Acota de repente, con un tono pícaro.
–No
–coincido– quizás por eso es tan emocionante, y tan...
–Lo
sé, a veces tampoco encuentro las palabras...
–Te
conozco desde hace tan
poco –digo de repente– pero siento que lo hago de toda la vida.
¿No es raro?
–No
–dice– a mi me pasa exactamente lo mismo.
–El
tiempo es relativo ¿no?
–Muy
relativo –coincide.
0 comentarios:
Publicar un comentario