Capítulo 19

Vuelvo a mi habitación sin poder dejar de pensar en lo que me dijo Pierina. A pesar de los ruegos de mi hermana no estoy preocupada por mí, sino por Milah.
Cuando entro en mi habitación, ella está jugando con una cajita musical.
Hola extraña –digo mientras la abrazo por la espalda. Aspiro su perfume e increíblemente me siento más tranquila. Ella me rodea con sus brazos desde atrás.
¿Todo bien? –pregunta.
Todo bien –no quiero hablar del tema por el momento. Se da vuelta me dedica una mirada evaluadora.
Decíselo a tu cara...
No ha sucedido nada, solo discutí con Pierina, cosas del hogar. –Aclaro.
Tu habitación es muy bonita –comenta cambiando de tema.
Es un poco pequeña –digo mientras busco en mi armario una muda de ropa.
No, es perfecta. Llena de diseño.
Claro –sonrío. –Sería un crimen trabajar en una tienda que vende todas estas cosas y no comprar ninguna.
¿Ya tienes todo listo? –pregunta al ver que cierro la mochila.
Casi, sólo me falta el cepillo de dientes...
Pero si ya tienes uno en casa –pone los ojos en blanco.
Está bien. Vamos...
Saludamos a mi hermana, y partimos a casa de Milah ansiosas por darnos muchos mimos. Sólo recogí una muda de ropa, ya que no sé a qué hora llegará su marido el domingo y es probable que no lo pasemos juntas.
Decido no hacerme ninguna pregunta, aunque la verdad es que necesito respuestas.
Estoy un poco ansiosa por lo que sucederá después, pero quizás es mejor no presionar, después de todo nada bueno sale cuando uno fuerza las cosas. Si, todo a su tiempo.
Vamos en el auto en silencio. En el semáforo me sonríe y me da un beso en la mejilla. A veces siento que puede leerme la mente.
Nos las arreglaremos –dice contra mis labios.
Eso espero.
Sonrío a modo de respuesta, no me siento parlanchina.
Quiero contarle detalladamente lo que hablamos con mi hermana, ya que no puedo sacarme de la cabeza la palabra violento. Lo que mas me urge saber es si él le ha puesto una mano encima, necesito que ella sepa que nunca la voy a dejar. Pero, como dije hace un momento: todo a su tiempo.
Cuando llegamos a su casa preparo algo para cenar, mi cabeza pide a gritos que hable del tema y necesito acallarla.
Preparo carne y ensalada. Me puse creativa y hasta agregué algunas especias extrañas, el resultado fue bastante bueno, el mejunje que hice sabía bastante bien. Ambas estábamos famélicas debido a la aventura de la tarde, tal es así que, mientras comíamos, apenas pronunciamos unas palabras.
No deja de lanzarme miradas extrañas, sabe que le estoy ocultando algo, sólo me pregunto por cuánto tiempo podré de hacerlo.
Cuando terminamos de cenar voy hasta la mesada y empiezo a fregar los platos, aún continuamos en silencio, sólo que esta vez el ambiente está cargado con una ligera tensión.
¿Qué pasó con tu hermana? –pregunta de repente, parándose a mi lado con lo brazos cruzados.
Todo bien. –Digo, no puedo ocultar la tristeza en mi voz. El sólo pensar en lo que dijo mi hermana...
¿No quieres hablar de ello? –pregunta preocupada sin quitarme la vista de encima.
No es eso, –suelto un suspiro y miro hacia arriba. Si, mejor acabar con todo esto.
Por fin levanto los ojos hacia ella, hace unos pequeños golpecitos en el suelo con uno de sus pies, debido a la ansiedad.
¿Qué? –increpa sin poder contenerse.
Mi hermana trabaja con tu esposo. –Suelto de repente.
Su pie se detiene repentinamente, la sorpresa invade su cuerpo. ¿En qué estará pensando?
Ah –dice por fin con un dejo de voz. –¿Y que te contó sobre él?
Nada –digo intentando tranquilizarla un poco. No comprendo por qué se pone así. –Solo que tenga cuidado.
¿Cuidado? –pregunta intentando ocultar la preocupación.
Si, ya sabes... –me detengo en seco, quizás si no agrego nada más ella me cuente, finalmente, quién es este hombre.
¿Qué cosa? –pregunta. Siento una puntada de decepción.
Estás casada, no creo que exista algún hombre que se sienta cómodo con que su esposa tenga una aventura...
Tienes razón... –sonríe involuntariamente.
Imagínate además que su amante es una mujer...
Suelta un sonoro suspiro de alivio.
No lo había pensado –dice compungida.
Nos quedamos en silencio haciendo los quehaceres. Cuando estoy terminando de fregar me dedica una sonrisa tímida y dice:
No eres una aventura para mi. –Me detengo en seco y sonrío abiertamente, es lo que necesitaba escuchar –Se que puede sonar inverosímil, pero a pesar de que nos conocemos hace poco... –se detiene avergonzada.
Vamos, ¡dímelo! –le apremio.
Siento que esto puede ser para toda la vida –esta vez es ella la que se ruboriza, yo me muero de amor. Finalmente sonrío abiertamente.
Le doy un beso en la boca, rogando que transmita la felicidad que me invade y mojo su rostro con mis manos llenas de detergente. Me agarra fuerte por la cintura y me da un beso en el cuello, luego se detiene en seco, la sonrisa ha desaparecido.
¿Por qué es tan ciclotímica? A penas puedo seguirla en sus cambios de humor.
Pero...– dice mientras empieza seca los platos– .Es demasiado complicado .
Otra vez sopa.
Prueba contándomelo –digo sin poder contenerme, me detengo a mirarla fijamente, ella hace una mueca de disgusto.
Ojala pudiera...
¡Por Dios! ¿Cuál es el secreto? ¿Qué tan grave es? –Todo el humor que había adquirido hace un momento se evaporó –.Si no vas a confiar en mi, no hagas alusión al tema porque cuando lo haces automáticamente quiero enterarme... y me frustra ver cómo te haces la misteriosa.
No es eso –dice arrepentida– No es grave, para nada.
Entonces ¿qué es?
Es que si te cuento, saldrás corriendo... –dice por fin agachando la mirada. –Es demasiada información para asimilar de una sola vez...
Ponme a prueba –le reto.
Se queda en silencio, por lo que la tomo de la barbilla para que se fije en mí, y en un susurro le digo:
No me voy a ir a ningún lado, créeme... por fin me siento...
Te sientes... –dice.
Bien, protegida. –contesto rápido, iba a decirle “como en casa”, pero sé que es demasiado pronto. Sonríe tímidamente y acaricia mi mejilla.
No lo sé –vuelve a decir, pero yo sé que la he convencido.
Anda, ponme a prueba –digo por las dudas.
Está bien –dice luego de una pausa. –Pero iremos despacio, sólo una cosa a la vez. ¿Te parece bien?
Me parece perfecto –le contesto.
Paso a paso, respito en mi fuero interno.
¿Preparada? –pregunta nerviosa.
¡Claro!
Finalmente voy a empezar a entender. Las mariposas en mi estómago revolotean contentas. Pero al ver su expresión un miedo irracional se apodera de mí.

¿Y si tiene razón y salgo corriendo?

Capítulo 18

Me pongo de pie rápidamente y Milah me sigue. ¡Dios! ¿Qué hace tan temprano aquí?
¡Ya voy Pieri! –grito mientras recojo como puedo la ropa del suelo –No encuentro la llave...
Le hago señas a Milah, que empezó a recorrer el living ayudándome con la ropa, para que me siga hasta mi habitación. Una vez allí tiro todo lo que recogí a un costado y me acomodo a las apuradas mientras salgo corriendo a abrirle a mi hermana.
Antes de girar la llave respiro profundo en un virgen intento de calmar mi respiración. Sé que mi hermana hará preguntas, sólo espero poder salir airosa de la situación.
Espera allí –le digo a Milah en un susurro cuando ella aparece por la puerta. –Y arréglate la camisa.
Ella asiente y vuelve a entrar.
Mierda, mierda, mierda.
Vuelvo a respirar profundamente, y con los ojos cerrados, abro la puerta lentamente.
Hola hermanita. –La saludo con una fingida inocencia.
¿Desde cuando cierras la puerta con llave? –me recrimina mirándome fijamente.
Lo siento... –dudo un momento ¿y ahora qué excusa pongo?– No me di cuenta, tengo la cabeza en otro lado.
¿Estás acompañada? –pregunta observando el desorden que hay en living.
Si... –no sé que más decirle, sólo miro al suelo.
¡Habérmelo dicho antes! –dice con un tono pícaro mientras se dirige a la cocina, yo la sigo. –¿Tanto te cuesta enviarme un mensaje: “Pieri estoy con un chico, te aviso cuando puedas volver”?
Ay Dios. Si, debería haberle enviado un mensaje de ese estilo, sólo que si, por algún motivo, llegaba antes y, en lugar de encontrarse con un hombre, se encontrase con Milah...
Pero no estoy con un chico... –dudo nuevamente, ¿por qué no puedo mirarla a los ojos? –sólo estoy con una amiga.
¿Guadalupe? –increpa.
No.
¿Paula?
Tampoco.
Ay vamos, con quién estás, ¿por qué tanto misterio? –pregunta exasperada.
Pero si eres tú la quiere adivinar –hago una pausa– estoy con Milah.
Sici, ¿estás loca? –me reprende alarmada mientras busca apoyo en la mesada.
Sh, baja la voz, está en el dormitorio...
Ay Sicilia... te dije que tuvieras cuidado... –susurra.
Pieri –le contesto también en vos baja. –Yo... –no sé muy bien qué decir, por suerte ella se adelanta.
¿Estás loca?
¿Por qué? –Entorno los ojos– .Explícamelo de una vez, cómo pretendes que sea precavida, sino me explicas de qué me estoy cuidando.
El marido de Milah es un desequilibrado –dice finalmente.
Pero yo soy amiga de ella, no de él.
Es un hombre peligroso –dice tomándome de la mano– no quiero que te suceda nada. Dicen que es muy violento.
¿Es por eso que Milah no quiere hablar de él? ¿Será que le avergüenza... ?
¿Le pegó a Milah? –pregunto de repente, pensando en la idea. Si le puso una mano encima... Siento un leve picor en la palma de mi mano.
Pieri se mueve incómoda, me mira a los ojos y me responde con una mueca que lo dice todo, no obstante para que no quede dudas, me agarra de la mano y susurra:
No lo sé, pero en el bar todos tenemos cuidado de no hacerlo enfadar.
¿Por qué?
No quieres ver en lo qué se convierte ese hombre cuando no consigue lo que quiere.
¿Pero tú estás segura de que él le ha pegado? –pregunto sin poder contenerme.
Segura, segura, no... Pero hay rumores y si el río suena es porque agua trae...
Lo sé, pero quizás sólo es muy exigente –no puedo creer que lo esté defendiendo, pero prefiero hacerlo antes de pensar que Milah fue agredida por él.
No, es violento. De eso no hay dudas.
Genial. Lo único que faltaba. Siento la urgencia de protegerla de todo lo malo que pueda pasarle. Cierro los ojos con fuerza, intentando reprimir las imágenes que vienen a mi cabeza.
Milah me hace bien, nos divertimos mucho. No quiero perder su amistad por unos rumores –necesito aclarar que alejarme de ella no es una opción.
Lo sé... sólo...
Es una amiga confiable...
Prométeme que tendrás cuidado –ruega Pieri.
Claro –respondo en un susurro.
Nos quedamos en silencio, paradas una en frente de la otra. No hay más que decir. Le sonrío tímidamente. Una pequeña parte de mi sabe que Pierina sospecha que entre nosotras hay algo más que una amistad, pero decido no hacerle caso.
Bueno... –empiezo a decir– voy a buscar a Milah, hace mucho que me está esperando en la habitación. De repente siento la necesidad de abrazarla, si lo que dice mi hermana es verdad...
Claro –dice compungida. –¿Se quedarán a comer?
Sólo si tú estás sola.
No, vendrá Esteban. Quédate tranquila.
En ese caso recogeré unas cosas y me iré –digo mientras salgo de la cocina.
¿A dónde? –me detiene.
Dormiré con ella otra vez, su marido sigue fuera de la ciudad.
Ok, ten cuidado –me advierte una vez más.

Si, Pieri. Gracias por preocuparte –le sonrío mientras finalmente voy a buscar a mi chica.

Capítulo 17

A la hora del atardecer, pasamos por mi departamento a buscar más ropa. Abro la puerta y no puedo evitar encontrarlo extraño. Es como si estuviese viviendo en un mundo paralelo. No puedo creer que hace unos meses mi vida era completamente normal. Hace tan poco tiempo buscaba la forma de poder sacármela de la cabeza, y ahora, estaba ella ahí, en mi casa, tomándome de la cintura... Increíble.
Nos sentamos en la cocina y enciendo la luz. Se sienta sobre la mesada, un lugar bastante cómodo dada la pequeña dimensión de mi cocina.
Ella observa a su alrededor, como si no quisiera perderse ni un detalle.
¿Quieres comer algo? –pregunto, luego de una pausa, mientras abro la heladera.
Si –dice, luego se pone de pie, se acerca a mi y me besa apasionadamente, cobrándose cada uno de los besos que no me pudo dar en la tarde.
Y yo se los devuelvo con igual o mayor intensidad. Poco a poco nos alejamos de la heladera y nos apoyamos sobre la mesada de la cocina. Un calor empieza a correr por todo mi cuerpo.
Por fin.
Vamos al dormitorio –propongo entre jadeos.
No. –Contesta seca. Luego me toca un pecho que se tensa ante su roce. Me agarra fuerte de la cintura y me conduce hasta el living, siempre besándonos.
Me recuesto sobre el sofá y recorro todo su cuerpo con mis manos. Me detengo en sus pechos, huelen tan bien.
Huelen a ella. Se coloca sobre mí y me levanta la remera, traza círculo en mi ombligo y yo no puedo reprimir un gemido. Juega conmigo trazándome mapas invisibles por todo mi cuerpo. Besa cada uno de mis rincones, deteniéndose en mi cuello y aspirando profundamente
Ahh –se regodea entre jadeos.
Sube mi remera hasta el cuello mientras yo me aferro a sus muslos, intentando calmar el calor que siento ahí abajo. Mordisquea suavemente mis pezones enviando señales de placer por todo mi cuerpo. Le quito la remera, despacio, disfrutando del aroma que se desprende de ella, luego le quito el corpiño y siento como mis labios tiemblan delicadamente ante tal visión.
Posiciono mis labios sobre sus pechos y los lamo, los succiono. Suavemente tomo un pezón entre mis dientes y tiro suavemente de el. Ella suelta un fuerte jadeo ante mi pericia y posiciona su mano en mi entrepierna. Sigo con el pecho izquierdo hago exactamente lo mismo. Puedo sentir el calor que emanan nuestros cuerpos.
Me arqueo hacia ella, con mi boca aún en sus pechos, y rápidamente me desprendo el pantalón.
Por favor. –Le suplico. Ella se tumba en el suelo y empieza a juguetear con mi clítoris, primero con su mano, pero luego con su lengua. Cierro los ojos del placer. No puedo evitar arquear mis caderas, para acercarme aún más hacia su boca. Con las manos temblorosas coloco su cabeza, justo ahí, donde la necesitaba. Despacio me atormenta con suaves lengüetazos, mientras la sangre corre violentamente por mis venas.
No puedo más.
Me coloco sobre ella y empiezo a mecerme. Desde atrás introduce un dedo en mi vagina mientras yo beso aquella zona de su cuerpo que mi boca es capaz de encontrar.
Tira fuerte de mi cabello, haciendo que mi cabeza vaya hacia atrás y besa mi cuello, aspira mi perfume y vuele a jadear.
La excitación es tal que duele.
Me tumba a su lado y me agarra la mano, sólo un momento, para posicionarla en su entrepierna. Lentamente la penetro con uno de mis dedos, atormentándola con un suave ritmo. Me deleito cuando observo como tiembla su labio inferior. Se arquea hacia mi mientras emite un grito ahogado.
Más. –Pide en un tono apenas audible.
Introduzco un segundo dedo y empiezo a trazar círculos en su interior. Ella hace lo propio conmigo, rítmicamente entra y sale de mí, susurrando palabras de amor que quedan perdidas en el viento. Cierro los ojos y dejo escapar un gemido.
Instintivamente aumento el ritmo de mi mano, haciendo eco de lo que yo necesito. Voy cada vez más rápido, mientras ella se detiene dentro de mí. Empieza a jadear y con la mano que tiene libre se acaricia los pechos. Siento los espasmos chocar contra mis dedos mientras llega a su clímax con un fuerte gemido.
Empiezo a temblar del placer cuando ella vuelve a arremeter con su boca en mi clítoris. Vuelvo a posicionarla en el punto exacto mientras la rodeo con mis piernas.
Juega con mi protuberancia al ritmo de mis gemidos. Hasta que, finalmente, el éxtasis me arrastra en silencio, haciendo que me olvide de todo.
Rueda sobre mí y me abraza fuerte, aspirando el aroma que quedó en el ambiente.
Por fin. –digo entre jadeos.
Se coloca sobre mi pecho y entrelaza sus piernas con las mías. Sube y baja por mi abdomen en una sola caricia. Cierro los ojos y sonrío.
Aún no he terminado contigo –dice en tono picaron.
Ni yo contigo respondo sin abrir los ojos.
Espera a llegar a casa –me advierte.
Río entre dientes, siento una felicidad inmensa.
Nos quedamos en silencio, las palabras sobran. No sé cuánto tiempo pasó, yo sólo me deleito por poder tenerla entre mis brazos. Me quedaría así hasta siempre. Sólo que...
¡¿Sici?! ¿Estás en casa? –siento que dicen desde la entrada. –¡Abre la puerta!

¡Mierda! Mi hermana. –le digo a Milah, mirándola horrorizada.

Capítulo 16

Llegamos al parque y colocamos sobre el césped el típico mantel a cuadros. Luego sacamos el mate y unas galletas. Estamos un poco ocultas del resto, aunque para ser sincera, no hay mucha gente por alrededores pues en un lugar del parque que no es muy frecuentado. El día está soleado, pero no hace calor, elegimos escondernos tras la sombra de un árbol inmenso.
Estamos sentadas una al frente de la otra, entre nosotras corre una energía extraña, demasiada tensión, sexual, me atrevería a decir.
Empezamos a hablar de nuestras vidas para conocernos un poco más y mientras habla me quedo hipnotizada con su boca. Tiene unos labios hermosos, rojos. Una sonrisa de modelo... muero por besarla, pero al recodar dónde estamos me resisto. Me ruborizo.
Me pregunto si ella estará tan... con tantas ganas como yo, si saben a lo que me refiero. Quisiera poder hablar con ella, pero me da demasiada vergüenza. Sigo mirando sus labios, como se mueven a compás de sus palabras y... Milah, adivinando mis intenciones, mira hacia ambos lados y para mi enorme sorpresa, me besa.
Posa sus labios sobre los míos sólo unos momentos, antes de retirarlos apenas unos centímetros y decir de forma pícara:
¿Deseando hacer eso señorita Andreotti?
Claro –susurro contra sus labios– .Sólo que estamos en un lugar público. Nos pueden ver...
Abre los ojos ante la sorpresa, y luego de darme otro beso rápido, se retira, agarra una galleta y la come de forma provocativa.
Perdón. –dice, aunque sé que no está arrepentida.
No te preocupes, el problema soy yo... debo acostumbrarme a esto. –Aún no estoy cómoda hablando explícitamente de nuestra relación. –Dame tiempo, dentro de poco todo esto será normal, además si otros lo hacen ¿por qué nosotras no?
Sonríe satisfecha, con una chispa de autosuficiencia. La miro nuevamente, y veo como los rayos del sol juegan con los colores de su pelo, ¿cómo resistirme a ellos?
Bésame. –le digo. –Rápido, antes de que me arrepienta.
Recoge un plato vacío, nos tapa la cara, y entre risas me besa. Primero lo hace suavemente pero luego se va haciendo cada vez más apasionado. Introduce por fin su lengua en mi boca y la recorre. Estira su mano para tocarme un pecho, se me pone la piel de gallina con ese contacto. De repente recuerdo donde estamos y me desprendo. Ella me mira confusa y le hago un gesto de disculpas.
Mi respiración está un tanto agitada, por lo que espero a que se normalice.
¿Paso a paso? –pregunta entre jadeos.
Podría venir alguien– .Digo a modo de disculpa.
Ella asiente mientras se acomoda nuevamente sobre el mantel.
Tienes razón...
Pueden venir niños –la interrumpo.
No lo había pensado –esta vez suena arrepentida.
Pues...
Nos quedamos en silencio un momento, miro mis manos sin saber qué decir. Mejor cambiar el tema y aligerar la tensión. No quiero discutir, no con ella.
¿Y cómo fue el día en que supiste que estabas embarazada?
¡Uf! –Suspira– pensé que me matarían... tenía 18 años, hacía poco que Sebastián era mi novio... les dije a mis padres a través de una carta, y luego desaparecí un día completo. No quería estar ahí cuando mi padre se entere.
Se detiene, una sonrisa involuntaria se dibuja en su rostro. La abrazo, no puedo evitarlo, además ¿qué tiene de extraño un abrazo entre amigas? Ella me aprieta fuerte y luego me suelta, la sonrisa sigue ahí.
¿Y con Matías cómo fue? –pregunto. No puedo ver su expresión ya que el sol me da en los ojos, pero sé que algo ha cambiado. Mi instinto me dice que cambie la pregunta. Le hago caso.
¿Cómo conociste a tu marido?, cuéntame desde el principio. –digo rápidamente.
Ella se acomoda sobre el mantel y hace un gesto de disgusto, vaya modo que tengo para relajar la situación. Pero, para ser sincera, es un tema que me tiene dando vueltas.
Ya es hora de sacar a Nancy Drew de su escondite, quiero respuestas: saber hasta dónde está esa imposibilidad de dejarlo y, además, quiero saber absolutamente todo de ella.
De verdad, ¿tenemos que hablar de esto? No hay necesidad de traer a colación este tema, sobre todo después de una tarde hermosa –.Dice un poco contrariada.
Lo sé –estoy un poco arrepentida y sigo sin comprender por qué le molesta tanto hablar de esto– es que... necesito saber, estoy... asustada, ansiosa. Compré todos los boletos para salir lastimada.
Sonríe de forma cariñosa. Y empieza a hablar, por fin.
Nos conocimos poco después de que cumplí 17 años –juega con las migas de pan que cayeron al mantel, sin levantar la vista –el tiene 5 años mas que yo, iba a mi colegio a hacer prácticas, y pues... ya sabes, empezamos a salir. Fue un noviazgo lindo, perfecto, el era tan seductor, atento, cariñoso. Mis padres lo adoraban, era el hijo que nunca tuvieron... y yo... yo no tenía ninguna queja... Todo cambió cuando quedé embarazada...
De tu primer hijo. –Acoto.
La verdad Sici, ¿podemos cambiar de tema? No me agrada hablar de esto, en serio. –Se nota la tensión en su voz. No me dirá nada más. De todas forma tomo coraje, si estoy en el baile ¿qué mejor que bailar?
¿Qué pasó después? –increpo con la voz quebrada, no sé dónde quedó la seguridad de la que tanto presumía hace unos segundos.
Pone los ojos en blanco y suspira antes de continuar.
Bueno, mi padre nos obligó a casarnos. Yo no quería hacerlo, imagínate, tenía apenas 18 años. Era muy chica. Mi padre... es demasiado difícil y cuando él no está en casa cuento con mi madre para reemplazarlo. Nunca tuve un respiro, ésa era la parte positiva de casarme, que tendría más autonomía... ¿Te conté alguna vez que soy adoptada?
¡Vaya! ¿Será ésta la fuente de sus problemas? Quizás busca a su madre biológica...
No, no lo sabía. –contesto finalmente, tranquila.
Si, me adoptaron de bebé, pero ellos ya eran muy grandes. Me dieron la mejor vida que me pudieron dar. Nunca me faltó nada, ni en lo económico ni en lo emocional –sonríe tímidamente– pero para algunas cosas son imposibles.
Debido a su edad, supongo, son demasiado tradicionales, no les gusta que las cosas estén fuera de lugar y tener una hija que se convertiría en una madre adolescente no fue una opción. De todas formas, sé que hacían lo que creían que era lo mejor para mi. –No me mira a los ojos, en lugar de eso, continúa jugando con las miguitas.
Me doy cuenta de que sutilmente cambió el tema de conversación, vaya es astuta. De todas formas por fin está más comunicativa, así que decido sacar provecho.
¿Conociste alguna vez a tus padres biológicos? –pregunto.
Sólo a mi padre, mi madre murió al nacer. Y bueno, el hizo lo que creía que era lo mejor para mi.
¿Y lo ves seguido? –tomo su mano y le acaricio.
Hablamos bastante. Nos llevamos bien...
Sonrío abiertamente. Milah de verdad parece haber tenido una infancia difícil, pero de todas formas tiene una inmensa pureza en su corazón, es lo que más me atrae. Casi.
No le pregunto nada más, sólo la miro. Realmente desearía poder protegerla de cualquiera que le haga daño. Sé que detrás de esa imagen de guerrera se esconde una muñequita frágil.
Cuéntame de ti. –pregunta sacándome de mi ensoñación.
Pues, nada –suspiro, ¿qué le puedo decir? –mi vida es muy aburrida, ya sabes. Mis padres son aburridos, mi hermana no es aburrida pero es predecible, yo también lo soy...
Esto no fue predecible. –Acota de repente, con un tono pícaro.
No –coincido– quizás por eso es tan emocionante, y tan...
Lo sé, a veces tampoco encuentro las palabras...
Te conozco desde hace tan poco –digo de repente– pero siento que lo hago de toda la vida. ¿No es raro?
No –dice– a mi me pasa exactamente lo mismo.
El tiempo es relativo ¿no?
Muy relativo –coincide.



Capítulo 15

A la una en punto cierro el negocio, Milah ya me estaba esperando en el auto. Llegamos a su casa y prepara el almuerzo. Propongo ayudarle pero sólo me deja mirar, su alegría es evidente y me dejo ilusionar con que el motivo soy yo.
Deja todo ahí, a mi me toca ordenar –digo luego de ver el desastre que armó– Además tengo hambre y si limpias ahora la comida se va a enfriar.
Asiente en tono de aprobación y nos sirve pollo con papas al horno.
Se te da muy bien cocinar –comento– deberías haber estudiado para chef, en serio.
Sonríe de forma evasiva, por algún motivo no le gustó mi comentario. ¿Qué tiene de malo?
Estaba pensando que podríamos ir a dar una vuelta, por el parque. Normalmente los viernes salgo a correr... –propone. Vaya pensé que quería que hagamos otras cosas.
Siento como el calor recorre mi cara, espero no estar tan colorada, maldita sea, detesto mi piel transparente.
Me giro hacia ella y me está mirando. Si, notó mi rubor.
Podremos hacer lo otro cuando volvamos –dice con un guiño pícaro en los ojos.
Me pongo aún más colorada, si es posible. No digo nada, tengo miedo que la voz delate mi estado. Me limito a asentir.
Mientras seco los platos, se acerca lentamente y me abraza por la espalda, aspira el olor de mi cuello y dice:
Dios, hueles exquisitamente bien.
Tu igual –le contesto.
Mmmm mía –dice con una voz seductora.
Me molesta el comentario, pues es injusto que ella quiera que sea sólo suya cuando no puede darme lo mismo a cambio. Frunzo el entrecejo, pero no digo nada, no quiero discutir, apenas nos estamos conociendo.
Me alejo de su abrazo de forma sutil, de repente estoy molesta, y no quiero que ella sea el foco del huracán, al menos por ahora.
Que...–comienza a decir, pero se detiene cuando siente la puerta abrirse.
Claro, es la empleada, pensar que a esta misma hora, ayer... parece que pasó más tiempo, o ¿fue sólo hace unos segundos?, un poco paradójico.
La empleada entra en la cocina y nos saluda. Es una señora de unos 60 años, con cara dulce, parece una abuela; con su pelo blanco y las arrugas en su piel, su buzo de lana y pollera oscura. Quizás por eso me enternece.
Luego de dejar sus cosas sobre la mesa de la cocina, me mira extrañada, y luego hace una seña, vaya uno a saber a quién. No puedo evitar pensar que no le caí bien.¿Me querrá exorcizar?.
Buenas tardes señora Gregorovich. –tiene una voz fuerte.
Hola Griselda, le dejé anotado en la nevera lo que puede cocinar para esta noche– dice mientras señala un papel agarrado con tres imanes.
Claro, ¿su amiga se quedará a cenar? –pregunta posando sus ojos en mí.
Si –contesto tímida.
Se quedará todo el fin de semana, Griselda. –Se adelanta Milah, severa.
Griselda frunce el entrecejo, y pone una expresión de alarma. ¡Bah! Digo para mis adentros, ¿hasta cuándo tendré que soportar la novela de misterio?
Sici, voy a ducharme y luego salimos, puedes esperarme en la habitación, o en la sala viendo la tele –dice mirándome a los ojos con una expresión extraña. Como dándome una advertencia.
Claro –contesto.
Milah le hace un guiño con la cabeza a Griselda y sale de la cocina, directo al baño. Dudo un momento antes de salir, después de todo Griselda... si quizás... de todas formas...
Pienso bien mis palabras, pues tengo que tener mucho cuidado de que no advierta que estoy buscando información.
¿Hace mucho que trabaja aquí? –pregunto con una fingida timidez mientras ayudo a limpiar la mesada.
Si, desde poco antes que llegue el pequeño Matías. –contesta mirándome fijamente. Su mirada me intimida, pero no le doy importancia.
Supongo que estará acostumbrada a cocinar para varias amigas los fines de semana, dado que los hombres de la casa se van –continúo con el inocente interrogatorio.
Pues no, es la primera vez que la señora Gregorovich trae alguna amiga, usted sabe... –deja inconclusa la frase, segura de que Milah confió en mi todos sus secretos.
Así que no es una costumbre de Milah traer amigas, pues bien, me alegra saberlo. Sonrío de forma involuntaria, quiero averiguar más...¿por qué nunca las trajo? Es algo totalmente normal... Decido cambiar de táctica...
Habrá sido todo un espectáculo ver a Milah embarazada... –comento como quién no quiere la cosa.
Hace un gesto extraño, involuntario. Eso me pone aún más confusa.
Pues si... –dice en tono pensativo. –Supongo que fue un gran espectáculo...–continúa mirando hacia arriba, hablando para si misma.
No lo comprendo, ¿no la conoció embarazada? –¡Mierda! Mi maldita bocota, ¿por qué no puedo mantenerme al libreto que había preparado en mi mente?
Claro... ¿señorita...?
Sicilia, Sici, para todos.
Pues si me disculpa Sicilia, –recalca mi nombre– debo ir a lustrar los muebles, quiero terminar temprano.
Cielos, crucé alguna línea imaginaria. ¡Que frustración! Todo esto me tiene de los pelos.
Vaya Griselda, no quise molestarla.
No es ninguna molestia.
Suspiro resignada mientras digo para mis adentros que ya tuve demasiado jugando al inspector Gadget por el día de hoy, quizás mañana tenga más suerte, si es que Griselda trabaja los sábados.
Me dirijo a la sala y prendo la televisión, pongo un canal de música y me pierdo en mi cavilaciones. Pongo en orden lo que me dijo la empleada.
Pues bien, hay algo raro, pero no sólo eso, sino que también hay como un contrato implícito, o quizás explícito, donde dice que es un tema prohibido. Me pregunto que podrá ser tan grave. Tal vez, no es que sea grave, sino que Milah no tiene la confianza suficiente para contarme...¿y por qué diablos no trajo amigas?
Hasta ahora la imagen que tengo del marido es la de un dictador, pobre Milah, no debe ser una vida fácil con él... ¿cómo es que se llamaba? ¿Sebastián? ¿Cómo se habrán conocido? Quizás si logro que se abra conmigo al menos con eso pueda averiguar algo más. También está la posibilidad de acorralar a Pierina.
¿Qué tan atada estará Milah con él? La quiero para mi.
De repente me doy cuenta de que ese es el motivo por el cual estoy tan ávida de información. Necesito saber si algún día podremos ser sólo ella y yo. Saber que existe la posibilidad, porque está Matías en el medio... Que complicado...
Vamos –me sobresalto a escuchar la voz de Milah, me doy vuelta para mirarla, es como un bálsamo, tiene ese efecto extraordinario en mi, hace que me olvide de todos los problemas.

Vamos –digo sonriendo, poniéndome de pie y tomándole la mano.

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