Capítulo 19
noviembre 22, 2013
Vuelvo
a mi habitación sin poder dejar de pensar en lo que me dijo Pierina.
A pesar de los ruegos de mi hermana no estoy preocupada por mí, sino
por Milah.
Cuando
entro en mi habitación, ella está jugando con una cajita musical.
–Hola
extraña –digo mientras la abrazo por la espalda. Aspiro su perfume
e increíblemente me siento más tranquila. Ella me rodea con sus
brazos desde atrás.
–¿Todo
bien? –pregunta.
–Todo
bien –no quiero hablar del tema por el momento. Se da vuelta me
dedica una mirada evaluadora.
–Decíselo
a tu cara...
–No
ha sucedido nada, solo discutí con Pierina, cosas del hogar.
–Aclaro.
–Tu
habitación es muy bonita –comenta cambiando de tema.
–Es
un poco pequeña –digo mientras busco en mi armario una muda de
ropa.
–No,
es perfecta. Llena de diseño.
–Claro
–sonrío. –Sería un crimen trabajar en una tienda que vende
todas estas cosas y no comprar ninguna.
–¿Ya
tienes todo listo? –pregunta al ver que cierro la mochila.
–Casi,
sólo me falta el cepillo de dientes...
–Pero
si ya tienes uno en casa –pone los ojos en blanco.
–Está
bien. Vamos...
Saludamos
a mi hermana, y partimos a casa de Milah ansiosas por darnos muchos
mimos. Sólo recogí una muda de ropa, ya que no sé a qué hora
llegará su marido el domingo y es probable que no lo pasemos juntas.
Decido
no hacerme ninguna pregunta, aunque la verdad es que necesito
respuestas.
Estoy
un poco ansiosa por lo que sucederá después, pero quizás es mejor
no presionar, después de todo nada bueno sale cuando uno fuerza las
cosas. Si, todo a su tiempo.
Vamos
en el auto en silencio. En el semáforo me sonríe y me da un beso en
la mejilla. A veces siento que puede leerme la mente.
–Nos
las arreglaremos –dice contra mis labios.
Eso
espero.
Sonrío
a modo de respuesta, no me siento parlanchina.
Quiero
contarle detalladamente lo que hablamos con mi hermana, ya que no
puedo sacarme de la cabeza la palabra violento.
Lo
que mas me urge saber es si él le ha puesto una mano encima,
necesito que ella sepa que nunca la voy a dejar. Pero, como dije hace
un momento: todo a su tiempo.
Cuando
llegamos a su casa preparo algo para cenar, mi cabeza pide a gritos
que hable del tema y necesito acallarla.
Preparo
carne y ensalada. Me puse creativa y hasta agregué algunas especias
extrañas, el resultado fue bastante bueno, el mejunje que hice sabía
bastante bien. Ambas estábamos famélicas debido a la aventura de la
tarde, tal es así que, mientras comíamos, apenas pronunciamos unas
palabras.
No
deja de lanzarme miradas extrañas, sabe que le estoy ocultando algo,
sólo me pregunto por cuánto tiempo podré de hacerlo.
Cuando
terminamos de cenar voy hasta la mesada y empiezo a fregar los
platos, aún continuamos en silencio, sólo que esta vez el ambiente
está cargado con una ligera tensión.
–¿Qué
pasó con tu hermana? –pregunta de repente, parándose a mi lado
con lo brazos cruzados.
–Todo
bien. –Digo, no puedo ocultar la tristeza en mi voz. El sólo
pensar en lo que dijo mi hermana...
–¿No
quieres hablar de ello? –pregunta preocupada sin quitarme la vista
de encima.
–No
es eso, –suelto un suspiro y miro hacia arriba. Si, mejor acabar
con todo esto.
Por
fin levanto los ojos hacia ella, hace unos pequeños golpecitos en el
suelo con uno de sus pies, debido a la ansiedad.
–¿Qué?
–increpa sin poder contenerse.
–Mi
hermana trabaja con tu esposo. –Suelto de repente.
Su
pie se detiene repentinamente, la sorpresa invade su cuerpo. ¿En qué
estará pensando?
–Ah
–dice por fin con un dejo de voz. –¿Y que te contó sobre él?
–Nada
–digo intentando tranquilizarla un poco. No comprendo por qué se
pone así. –Solo que tenga cuidado.
–¿Cuidado?
–pregunta intentando ocultar la preocupación.
–Si,
ya sabes...
–me
detengo en seco, quizás si no agrego nada más ella
me cuente, finalmente, quién es este hombre.
–¿Qué
cosa? –pregunta. Siento una puntada de decepción.
–Estás
casada, no creo que exista algún hombre que se sienta cómodo con
que su esposa tenga una aventura...
–Tienes
razón... –sonríe involuntariamente.
–Imagínate
además que su amante es una mujer...
Suelta
un sonoro suspiro de alivio.
–No
lo había pensado –dice compungida.
Nos
quedamos en silencio haciendo los quehaceres. Cuando estoy terminando
de fregar me dedica una sonrisa tímida y dice:
–No
eres una aventura para mi. –Me detengo en seco y sonrío
abiertamente, es lo que necesitaba escuchar –Se que puede sonar
inverosímil, pero a pesar de que nos conocemos hace poco... –se
detiene avergonzada.
–Vamos,
¡dímelo! –le apremio.
–Siento
que esto puede ser para toda la vida –esta vez es ella la que se
ruboriza, yo me muero de amor. Finalmente sonrío abiertamente.
Le
doy un beso en la boca, rogando que transmita la felicidad que me
invade y mojo su rostro con mis manos llenas de detergente. Me
agarra fuerte por la cintura y me da un beso en el cuello, luego se
detiene en seco, la sonrisa ha desaparecido.
¿Por
qué es tan ciclotímica? A
penas puedo seguirla en sus cambios de humor.
–Pero...–
dice mientras empieza seca los platos– .Es demasiado complicado .
Otra
vez sopa.
–Prueba
contándomelo –digo sin poder contenerme, me detengo a mirarla
fijamente, ella hace una mueca de disgusto.
–Ojala
pudiera...
–¡Por
Dios! ¿Cuál es el secreto? ¿Qué tan grave es? –Todo el humor
que había adquirido hace un momento se evaporó –.Si no vas a
confiar en mi, no hagas alusión al tema porque cuando lo haces
automáticamente quiero enterarme... y me frustra ver cómo te haces
la misteriosa.
–No
es eso –dice arrepentida– No es grave, para nada.
–Entonces
¿qué es?
–Es
que si te cuento, saldrás corriendo... –dice por fin agachando la
mirada. –Es demasiada información para asimilar de una sola vez...
–Ponme
a prueba –le reto.
Se
queda en silencio, por lo que la tomo de la barbilla para que se fije
en mí, y en un susurro le digo:
–No
me voy a ir a ningún lado, créeme... por fin me siento...
–Te
sientes... –dice.
–Bien,
protegida. –contesto rápido, iba a decirle “como
en casa”, pero
sé que es demasiado pronto.
Sonríe tímidamente y acaricia mi mejilla.
–No
lo sé –vuelve a decir, pero yo sé que la he convencido.
–Anda,
ponme a prueba –digo por las dudas.
–Está
bien –dice luego de una pausa. –Pero iremos despacio, sólo una
cosa a la vez. ¿Te parece bien?
–Me
parece perfecto –le contesto.
Paso
a paso,
respito en mi fuero interno.
–¿Preparada?
–pregunta nerviosa.
–¡Claro!
Finalmente
voy a empezar a entender. Las mariposas en mi estómago revolotean
contentas. Pero al ver su expresión un miedo irracional se apodera
de mí.
¿Y
si tiene razón y salgo corriendo?