Capítulo 14

Milah me despierta sobre las 6 y media de la mañana besándome el cabello.
Arriba preciosa, vamos a llegar tarde al trabajo –dice– te traje el desayuno a la cama.
Me muevo entre las sábanas sin poder reprimir un quejido, con suerte hemos dormido tres horas. Me estiro y por fin abro los ojos. Me encuentro con su sonrisa, es aún mas bella cuando está desarreglada.
Definitivamente nunca podríamos ser amigas, primero porque me gusta demasiado y segundo porque estar cerca de ella hace que mi autoestima caiga en picada. Es, sin duda, la mujer más hermosa del lugar, donde sea que esté.
Y es mía.
Bueno, no.
Hago una mueca de disgusto ante tal pensamiento y no le pasa desapercibido. Sin embargo sonríe abiertamente mientras coloca la bandeja a mi lado, sobre la cama, haciendo caso omiso a mi mohín.
Toma –continúa, agachándose un poco para darme otro beso en la frente– traje tostadas y jugo de naranja. Es muy bueno para empezar las mañanas.
Gracias –digo mientras unto mi tostada con un poco de manteca.
¿A qué hora entras al trabajo? –pregunta.
A las 8 –hago una pausa, aún estoy grogui del sueño– ¿qué hora es?
Son las 6 y media, es que...
A mi me toca abrir el negocio por las mañanas –la interrumpo– podemos salir antes... si quieres.
Perfecto, porque hoy tengo una clase a primera hora. Debemos correr.
Da un mordisco juguetón a mi tostada y se pone de pie. Busca en su armario algo de ropa y se quita la parte de arriba del pijama. Me paro en seco, con la tostada a mitad de camino y mi boca abierta.
Me dedico a mirarla, aunque está de espaldas a mi, puedo percibir el contorno de sus curvas; es extremadamente proporcionada, tiene una cintura pequeña y sus pechos resaltan en su delgada figura, puedo ver la forma puntiaguda de ellos desde mi posición, no están caídos como esperaba que estuvieran debido a la maternidad.
Se da cuenta de mi mirada escrutadora y me sonríe de forma pícara, como insinuando algo. Levanto las cejas, divertida, dejando la tostada a un costado.
Quisiera quedarme todo el día en esta habitación, quién sabe lo que sucederá mañana.
Sin dejar de mirarme, se quita la parte inferior del pijama, ahora está completamente desnuda. Trago en seco y ella ríe divertida. Se acerca a darme un beso, sólo le doy un pico, pues recuerdo que aún no me lavé los dientes...
Vamos –me recrimina– llegaré tarde.
Me levanto rezongando, la cama está calentita y afuera hace un frío de perros. Salgo corriendo hacia el baño, me lavo los dientes y me doy una ducha rápida, de vuelta en la habitación me pongo la ropa que ella me prestó la noche anterior.
Nos maquillamos en el auto, ya que me sacó a las apuradas de la casa. Me deja en la puerta del negocio justo cuando termino de aplicarme la mascara y ella parte a la escuela, no sin antes decirme que pasará por mí a la hora del almuerzo para llevarme “a casa”. Según sus palabras.
Apenas abro el negocio y pongo mis cosas en orden, decido aparecer en el mundo exterior, primero llamo a Pierina.
Hola Pieri –espero que no me delate la culpa.
Hola Sici –atiende en el primer tono– ¿qué tal anoche con Milah?
Cómo lo...
Soy tu hermana Sicilia, no hace falta que me digas las cosas de forma explícita... te conozco como a nadie.
¿Y qué es lo que conoces? –le pregunto. Quiero saber hasta donde se imagina.
Pues, que eres amiga de Milah Gregorovich –duda un momento, su voz empieza a sonar preocupada– ten cuidado... es una chica muy complicada.
¿Qué es tan complicado? –¿Ella también me va a decir que no lo podré entender?– ¿En dónde está la gravedad del asunto?
Pues nada –responde evasiva– no sé, su marido... es muy posesivo, y ella... no te acerques a él.
Él no está, le haré compañía a Milah durante el fin de semana –supongo, digo en mi fuero interno.
Ok, como quieras –está resignada– no seas tan caprichosa, lo digo por tu bien.
Lo sé, perdón. Es sólo que quisiera saber qué es lo complicado.
Sólo cuídate. Voy a decirle a Esteban que se quede conmigo sino es mucho problema.
Claro que no. Así estaré más tranquila, sabiendo que estás acompañada.
Si, gracias. ¿Estás bien? –pregunta preocupada.
¿Por qué no habría de estarlo?
No lo sé, por Julián, supongo. ¿No están Milah y Guada ayudándote a que te recuperes de la ruptura?
Ya ha pasado un mes, no viene a colación el tema. No lo nombres. –Hago una pausa y agrego: –De todas formas estoy bien, y definitivamente Milah me está ayudando a superarlo.
Mierda. ¿Notará el mensaje oculto?
Bueno hermana, habla conmigo si lo necesitas. De verdad, nos debemos una charla, me tienes preocupada, no sé lo que te está sucediendo.
Tenemos una charla pendiente –coincido– pronto, lo prometo. Pero estoy bien, gracias por preocuparte, hermanita.
Siempre hermanita. Bueno, me voy, tengo mucho trabajo. Cuídate y llámame cualquier cosa. –Está más animada.
Claro –le digo–. Que tengas un buen fin de semana. Te quiero, Pieri.
Yo más.
Luego le envío un mensaje a Guada:
Pues... definitivamente le di tiempo a mi situación con Milah, ni te imaginas. O quizás si. Cuando puedas llámame.”
Y me pongo a atender.
Estoy bastante distraída, no dejo de pensar en Milah. Doy gracias al cielo de que me hayan tocado clientes honestos, sino habría armado un alboroto con la caja.
Cerca de las 11 de la mañana suena mi celular, pienso que es Guady, contestando a mi mensaje, pero resulta ser Milah:
Hola, te extraño.”
Sonrío y me vuelvo a olvidar del mundo.
No tanto como yo”
Me tienes loca Sicilia, no he dejado de pensar en ti”
Yo tampoco, de verdad.”
Dudo un momento y luego le envío:
Temo perderte”
No puedo evitar mencionarlo, después de todo es verdad. Sé que no me pertenece, pero me hace sentir tan bien, y no quiero dejar de hacerlo.
Es tan complicado”
¿Otra vez? ¿En serio?
Repites eso mucho...”
Porque es la verdad, algún día lo entenderás.”
Espero que sea pronto”
Lo digo en serio, quiero saber qué es lo que pasa. Pero, por otro lado, quiero que salga de ella el contármelo, no la quiero presionar.
Sabes... pedí compensatorio. Hoy no trabajo a la tarde.
- - -
Podremos estar todo el fin de semana juntas...
- - -
Si es que te gusta la idea, claro”
No sé si buscaba cambiar el tema de conversación o no, pero logró distraerme.
Que bueno!
- - -
Espero con ansias que sean la una”


Prepárate
- - -
Entro a clases. Nos vemos a la una.
- - -
Te mando un beso.”
Sonrío como tonta al celular y acaricio la pantalla. ¡Dios! ¿Qué me pasa? Estoy hecha una adolescente...
Continúo sonriendo hasta que la imagen de un niño se dibuja en mi mente. Refriego mis ojos violentamente obligandome a borrar la escena que, poco a poco, se va nutriendo de detalles.
¿Qué voy a hacer? La culpa me carcome el cerebro, ¿cómo voy a mirar al niño a los ojos? Sabiendo que hice lo hice. ¿Y a su marido? ¿Por qué no lo dejó antes?.
Basta de preguntas Sicilia...

Vuelvo a agitar mi cabeza, respiro profundo, me enderezo y vuelvo a concentrarme en el trabajo. 

Recuerda que puedes comprar el libro completo en: http://www.amazon.com/dp/B00G1YJ17M

Capítulo 13

Estoy agotada y extasiada... no alcanzan las palabras para expresar cómo me siento. La abrazo fuerte contra mi pecho, para asegurarme de que esto realmente ha sucedido. No lo puedo creer, es mejor de lo que imaginé. Quiero disfrutar al máximo este momento, por lo que decido no preocuparme por el después.
Milah, se retuerce sobre mí y se hecha a mi lado, mientras se recuesta sobre mi pecho. La abrazo aún mas fuerte y le beso la cabeza, siento su aroma y cierro los ojos de placer.
Las mariposas en mi estómago están alborotadas.
¿Que me hiciste Sicilia Andreotti? –pregunta mientras entierra su cabeza en mi ombligo.
Lo mismo me pregunto yo –le contesto en un susurro.
Sube hasta mi mejilla, y la besa, mientras me mira a los ojos dedicándome una mirada cargada de dulzura.
Desde que te vi... –continúa– nunca imaginé estar así por una mujer. Me sucedió algo contigo... tienes algo... no sé como explicarlo.
Siento un alivio que recorre todo mi cuerpo.
A mi me pasó lo mismo –le confieso, si vamos a hablar, mejor pongamos todas las verdades sobre la mesa. –Es la primera vez que me gusta una mujer. Y es muy diferente a un hombre. No sé como tratarte, como comportarme. Tengo mucho miedo. Siempre me pregunto que qué es esto que me pasa y qué destino tiene.
Digo todo rápido, antes de que me interrumpa y yo me arrepienta. Levanta la cabeza para mirarme directamente a los ojos, y observa como el rubor me cubre el rostro, automáticamente y con una sonrisa dulce, nos cubre con una sábana, imaginando que es el pudor lo que me puso así y no mi confesión.
Parpadea, sonríe y me dice:
Bueno, yo... yo... a mi si me gustaron otras mujeres –agacha la cabeza, avergonzada– pero nunca llegué a esto... nunca me permití llegar a esto, es muy complicado... no puedo dejar a mi marido. –Dice finalmente.
Se me hace un nudo el estómago. Ahora que probé no quiero parar. ¿Querrá decir que esto fue todo? ¿Acaso me usó? No puedo evitar sentirme un poco violada. No sé qué decirle ya que estoy un poco ofendida. Quizás...:
No quieres dejar a tu marido, querrás decir. Y eso es complicado, ¿en qué situación nos pone? –No puedo evitarlo, detesto hablar de su marido e intento sonar despreocupada.
No, –me contradice –no puedo dejarlo. Ojala pudieras comprender.
Comprendería si me lo explicaras. – O quizás podríamos cambiar de tema.
Me casé muy joven y...–comienza, pero luego se detiene–. No lo amo, lo que siento por ti... yo sé que es reciente, que nos conocemos hace poco pero... siento como si te conociera de toda la vida. Es difícil de explicar... –dice con resignación.
¿No lo ama?¿Y qué mierda hace con él, entonces?
No lo comprendo –me siento sobre la cama, mitad enojada, mitad aliviada –si no puedes dejar a tu marido, ¿dónde nos deja?
No lo sé... no lo sé. Después de lo que pasó... –se toma la cabeza entre las manos, ella todavía está acostada. –Fue... nunca imaginé sentirme así... nunca me sentí así.
Puedo ver que ella también está enojada, sólo que no sé el por qué. ¿Estará arrepentida?
Tomo una decisión apresurada:
Milah, –le digo en tono práctico mientras acaricio su cabello– ambas tenemos cosas en la cabeza, acabo de terminar con mi novio y tú no puedes dejar a tu marido. ¿Para qué apresurarse? Esto sucedió sólo una vez, se puede terminar acá. Quizás es mejor que así sea, de esta forma ninguna sale lastimada.
Las mariposas en mi estómago amenazan con salir y mientras le hablo reprimo el llanto. Espero haber sonado convincente, aunque en el fondo sé que tengo razón. Esto va a ser demasiado complicado.
No puedo, ni quiero... –apoya su cabeza sobre mi estómago al tiempo que me abraza fuerte, intentando retenerme, aunque sabe que no iré a ningún lado– Tienes razón, no hay por qué apresurarse, pero no lo entiendes... no es tan fácil. –apenas contiene las lágrimas, realmente no comprendo nada.
¿Es por tu hijo? –pregunto.
Puedo entender que quiera estar con él, darle una familia y me sentiría una mierda rompiéndola.
Pero es que tampoco hay nada concreto, ¿por qué nos estamos adelantando?
Antes de que pueda contestar continúo:
Entiendo. Estamos en una situación... horrible. Acá si o si alguien va a salir perdiendo. Queremos correr y aún no sabemos caminar...
Yo... tuve una vida tan... –me interrumpe– por fin te encontré. Lo supe desde el primer día en que te vi. Eres lo que, sin saberlo, estaba buscando.
Por qué no dejamos las respuestas para después –propongo finalmente–. Después de todo, nos estamos conociendo. Y sólo hay dos cosas que quiero hacer: besarte y dormir.
Seca sus ojos disimuladamente, mientras le acaricio la mejilla. Ésta es la segunda vez que llora por el mismo motivo y desearía saber por qué. Me sonríe tímidamente y luego me besa en la frente.
Nos acostamos y la abrazo, ella me aprieta con fuerza, como si necesitara asegurarse de que estoy ahí, a su lado. ¿Qué le habrá pasado?.
Puedo ver que necesita cariño. Mucho. Y estoy dispuesta a dárselo, sólo que no quiero estar en el medio. De su familia, claro. Me maldigo a gritos, ¿por qué siempre me busco a los más difíciles?
Empieza a respirar acompasadamente, le acaricio el cabello mientras sonrío. La abrazo fuerte, intentando no despertarla; yo también la estuve buscando.
Hundo mi nariz en su cuello, huele exquisitamente bien. La beso, suavemente, temiendo que no haya más de ellos. Le beso el cuello, la cabeza, la mejilla, los brazos... cada centímetro de su cuerpo al que soy capás de llegar sin despertarla.
Ella suspira en sueños. Es tan hermosa y tan misteriosa.
La quiero.

Me pego más a ella, entrelazando nuestras piernas, intentando fundirme con ella. Y así, tan temerosa, así, cargada de dudas, sonrío nuevamente mientras me dejo arrastrar por el sueño.

Recuerda que puedes comprar el libro en: http://www.amazon.com/dp/B00G1YJ17M  

Capítulo 12

Luego de la cena, propongo volver al almacén a comprar chocolates y un cepillo de dientes, pues sólo he traído mi mochila. Milah se ofrece a prestarme un pijama y una muda de ropa para que vaya a trabajar mañana.
De vuelta en la casa conversamos hasta entrada la noche, aunque ninguna de las dos mencionaba el beso de la tarde, simplemente fingíamos que eso no había sucedido. Bromeamos un poco, jugamos como un par de niñas: a las cartas, al monopoly y hasta nos atrevimos a jugar a las escondidas.
A las dos de la mañana decido que es lo suficientemente tarde como para ir a acostarme pues tengo que madrugar.
Luego de decirle que vayamos a acostarnos me muestra la habitación en donde voy a dormir: es pequeña, pero cómoda aunque las cortinas escocesas me molestan un poco, es evidente que es el cuarto de huéspedes. Siento una punzada de decepción pues tenía la esperanza de dormir con ella. ¿En qué diablos estaba pensando?
Del ropero saca un pijama de color blanco y me lo entrega, luego propone ir a su habitación a elegir lo que me pondré mañana.
Su cuarto es enorme, está dividido en dos espacios por una pared, de un lado está la cama y del otro el cambiador. Hay un hermoso sillón en una esquina donde me siento mientras Milah me muestra varios conjuntos. Opto por una calza color borrabino y una camisa formal, típica de ella. Me presta además un par de zapatos, por suerte calzamos lo mismo.
Gracias por quedarte –dice mientras me entrega lo que acabo de elegir. –Odio dormir sola, tengo miedo. Además, me encanta que estés acá.
Quisiera preguntarle a quién invita normalmente, pues estar sola el fin de semana es algo cotidiano en su vida. Me intriga demasiado, no puedo evitarlo. Sin embargo reprimo mi curiosidad, pues es demasiado tarde y, quizás, eso amerite una charla un poco larga. Y por otro lado, tengo miedo de que piense que le estoy haciendo planteos.
Buenas noches –digo mientras salgo de la habitación.
Cuando termino de vestirme, me acuesto y entierro mi cabeza en la almohada que está impregnada en su olor, necesito llorar, estoy feliz de estar aquí pero necesito más... me maldigo mentalmente porque siento una presión fuerte en el pecho y las lágrimas se niegan a salir. Seré boba. Estoy bastante inquieta, tengo tantas ganas de estar con ella que duele.
Empiezo a crear escenarios imaginarios en mi mente, como de costumbre, para calmar mi ansiedad... cuando la puerta de la habitación se abre repentinamente.
¡Por Dios! ¿Qué me has hecho? –la voz de Milah resuena en la oscuridad de la noche. –Desde que te conocí no soy yo...
Se acerca hacia mi cama y me vuelve a besar apasionadamente.
Siento un fuego que recorre mi cuerpo, las mariposas de mi estómago se amontonan en el centro, expectantes.
La beso.
Me besa.
Nos besamos.
Recorro con mi lengua su boca, mientras acaricio su espalda. Ella se acuesta sobre mi y baja una de sus manos hacia mi cintura. Me pego aún mas a su cuerpo, mientras ella baja hacia mi cuello. Mi respiración se acelera, y me animo a tocarle un pecho, ella reprime un gemido y me da vuelta.
Lentamente me saca el pijama, y fue más fácil poder sentir el calor de sus piernas... Quiero detenerla, esto no soy yo y tengo mucha vergüenza, muchas dudas, pero no puedo.
Con su lengua recorre mi espalda, besándome a lo largo de mi columna vertebral, se detiene en cada una de mis vértebras, y se demora un poco más en la última. No se muy bien qué hacer con mis manos, por lo que agarro fuerte las sábanas. Estoy muy excitada. Sólo un toque le bastó para tenerme en este estado.
Vuelve a darme la vuelta y puedo verla. En sus ojos hay fuego, está mas hermosa que nunca. Le quito la parte de arriba del pijama y deja a la vista sus pechos. Acaricio uno, anonadada, son hermosos, redondos, no muy grandes, pero tampoco pequeños. Quiero tomar uno con mi boca pero me da pudor. Ella lee mis intenciones y mirándome a la cara lame uno de mis pechos, no puedo reprimir el gemido. La tomo de la cola empujándola aún mas hacia mi. Besa mi otro pecho, pero esta vez se detiene para jugar con el pezón. Primero lo lame, arriba y abajo y luego lo muerde suavemente.
No puedo mas, me duele la entrepierna de la excitación, miro sus pechos y tiene los pezones erectos, tomo coraje y la tumbo debajo de mi. Me posiciono sobre ella y presiono mi entrepierna contra ella, en un virgen intento de apaciguar la excitación. Esta vez soy yo la que juego con sus pechos. Meto uno en mi boca y empiezo a succionar, arquea su espalda y gime fuerte, agarro ambos pechos con mis manos, y con el pulgar doy vueltas sobre el pezón. El instinto me dice que le acaricie el clítoris y, dejando los tabúes de lado, lo hago.
Si, por favor –susurra.
Empiezo suavemente a presionar con su protuberancia, está muy mojada y eso aumenta aún mas (si es posible) el calor de mi cuerpo. Ella se arquea contra mi mano, gime con los ojos cerrados, tomo su boca y la beso apasionadamente sin dejar de presionar abajo. Milah gime contra mi boca y me saca la mano.
Me tumba a su lado y quedamos de frente a la misma altura, agarra mi clítoris y hace lo mismo que yo hace un momento. Luego, lentamente me introduce un dedo, empieza a trazar círculos dentro de mi vagina y cierro los ojos del placer. Quiero tocarla, pero no puedo, lo único que existe para mi son sus manos. Saca el dedo de mi vagina y prueba mis fluidos, con los ojos cerrados. Por su cara puedo adivinar que le ha gustado mi sabor.
Respiro con mucha dificultad y empiezo a sudar. Vuelve a introducir un dedo y a hacer círculos dentro, luego introduce otro, y luego otro, con los tres dedos entra y sale de mi vagina mientras con el pulgar presiona rítmicamente mi clítoris. Me encorvo hacia su mano, como si la vida dependiera de ello.

A tientas busco su vagina, con la intención de que ella también sienta lo que yo. Tomo en mi boca uno de sus pechos y los succiono con fuerza, viajo de un pecho a otro mientras siento como el placer en mi se va a acumulando, empiezo a gemir más y más fuerte sobre ellos. Me tumba rápidamente debajo de ella, coloca mi mano en su clítoris moviéndola rítmicamente mientras lame mi cuello, su otra mano no se ha movido de mi vagina. Puedo sentir como llega a su clímax mientras tiembla de placer, y con una última empujada de sus dedos llego yo también a mi punto máximo, quedando agotada y sintiendo el peso de su cuerpo.

Recuerda que puedes comprar el libro completo en: http://www.amazon.com/dp/B00G1YJ17M

Capítulo 11

Milah está agitada y agazapada a un costado, me mira asustada. Espero que mi respiración se normalice mientras el arrepentimiento empieza a invadirme. Quisiera pedirle disculpas, pero sólo me quedo petrificada, rogando que no esté molesta. La miro fijamente, y en su mirada sólo veo... ¿amor?. Abro la boca para cortar el hielo, pero Milah se pone de pie.
La empleada –contesta a mi pregunta no formulada. Mientras se limpia la boca me dirige una mirada cargada de malicia y sale hacia la cocina a encontrarse con ella. –Finge un poco. Aquí no ha pasado nada.
Suelto un gran suspiro de alivio y resignación cuando la veo desaparecer por la puerta, la cabeza me da vueltas. ¿Qué mierda hice? Esto está mal, muy mal, ella está casada y es mujer. Estoy loca ¿o qué?. Quiero, mas bien, necesito salir corriendo. ¿Y ahora qué? ¿Cómo sigue esto?
La mierda santa. Ahora sí que metí la pata hasta el fondo.
No puedo concentrarme en nada, yo sé que la sociedad cambió y blah blah blah, pero yo soy demasiado tradicional... no me molesta ver en la calle a parejas del mismo sexo de la mano. Pero ¿yo?, ni en mi sueño mas remoto me hubiese imaginado con una mujer. Y, de hecho, sigo sin hacerlo.
Además este beso no significa nada. Nada concreto...
Cierro mis ojos y subo los pies al sofá, quisiera que vuelva, para ver cómo se comporta y para intentar adivinar cómo lo ha tomado; pues tampoco tengo la fuerza que se necesita para enfrentar ésta situación. ¿Desde cuando me volví tan cobarde?
Agito la cabeza, como hago cada vez que quiero limpiar mi mente de cualquier pensamiento y miro el televisor con mas atención de la necesaria, la película ya está terminando y aún desconozco el argumento.
Puedo sentir su mirada fija en mi, a pesar de que no he volteado a verla, sé que ella entró en la habitación. Me tenso notablemente y no me muevo, ni siquiera un milímetro. Ella toma mi mano, supongo que en un intento de calmarme, pues la tensión que hay en mi es tangible.
Por fin me animo a mirarla, las mariposas en mi estómago vuelven a despertar. Sé que lee la culpa en mi rostro... y de repente me doy cuenta de que me molesta más el hecho de que esté casada al hecho de que sea mujer. No puedo evitar sorprenderme ante tal revelación. En mi mente hay una batalla, sé que lo que hicimos no está bien, pero se siente bien. Me pregunto quién ganará. El deber o el placer.
Me sonríe abiertamente, mostrándome sus dientes blancos perfectamente alineados. Me quita el aliento.
No vayamos a canto –propone. –Quedémonos aquí, puedo hacer la cena y un postre...
La idea me tienta, hay mucho de qué hablar, aunque no sé muy bien si es necesario hacerlo... Las cosas serían mucho más fáciles si yo supiera qué significó el beso para ella.
¡Que cobarde! No me animo a preguntarle y... por sobre todas las cosas, necesito besarla de nuevo.
Pero no, está casada, está casada, está casada, está casada. Repito mentalmente esta frase en vírgenes intentos de hacer que el deseo se evapore.
Y bueno...–dice impaciente, mirándome a los ojos.
¡Mierda!, cierto que me preguntó algo. Me dijo de faltar, no, no no y no. No podemos. Hay que ir a clases, además ello ayudará a que despejemos la mente.
¿Qué otras películas tienes?
Me golpeo mentalmente la frente mientras me pregunto dónde habrán quedado mi sentido de la decisión y mi sentido de la responsabilidad.
Y no sé, depende de lo que quieras –contesta mientras rebusca en el estante más películas.
¿Quieres seguir en la línea de los clásicos o prefieres una comedia romántica?
Comedia romántica –respondo –¿qué otro género sino?
Sonríe abiertamente a mi respuesta, pues aunque no lo dije con palabras, está claro que no iremos a canto. Escoge una película del estante y la coloca.
Sólo hasta que la empleada se vaya... –dice mientras se sienta a mi lado.
Termina la película –esta vez si la vemos– y la empleada continúa con sus quehaceres. El tiempo pasa demasiado rápido, o demasiado lento, depende del cristal con el que se lo mire.
Decidimos salir a comprar algo para tomar el té. Vamos a un almacén que queda a la vuelta de su casa; caminamos muy juntas, nuestras manos casi chocan y yo hago un esfuerzo tremendo para no tomarla, porque, si bien, me gusta ir así: rozando su mano en un toque inesperado, también muero de ganas de entrelazarlas.
Llegamos al almacén y hacemos la compra, ella está mas alegre de lo habitual, la miro de reojo mientras me pregunto cuándo mencionará lo que pasó en su casa. ¿O quizás deba hacerlo yo?
¿Dónde están tu hijo y tu marido? –pregunto en el camino de vuelta, es la primera vez que me atrevo a mencionarlo. Siempre he buscado evitar la palabra “marido” en nuestra relación.
Se fueron a visitar a mi suegra, a Santa Fe, vuelven el lunes –contesta. La noto un poco molesta pero no sé si preguntar el por qué. Después de todo, es la primera vez que la charla no se centra exclusivamente en una de nosotras.
Llegamos a su casa y ponemos agua para preparar la merienda, yo me siento en la mesada de la cocina, sin quitarle la vista de encima. Luego de una pausa voltea a mi y contesta a mi pregunta no formulada:
Me quedo porque no la quiero a la vieja y además tengo trabajo, debo corregir muchos exámenes y bueno, mañana hay clases.
Frunce el ceño, como si hubiese dicho eso más para ella que para mi. Siento una necesidad tremenda de besarle la frente y acunarla, diciéndole que todo va a estar bien, aunque no logro entender qué es lo que me hace suponer que algo anda mal.
¿Tu esposo no tiene problemas con el trabajo? –pregunto de repente, mientras busco las tazas.
No, es dueño de unos bares en Recoleta y Palermo, no tiene drama con las faltas.
¡Cierto! Pierina me dijo que su esposo y ella eran compañeros de trabajo. Bueno, más bien es su jefe, ¿por eso me dijo que tenga cuidado?, seguramente no quiere tener problemas con él...
Y estás enojada porque...–me arriesgo, luego de que ella apague violentamente la hornalla.
Porque Matu falta al jardín. No me gusta que se acostumbre a faltar y ellos viajan todos los fines de semana. –Entrecruza los brazos en señal de disgusto y se apoya sobre la mesada, esperando mi respuesta.
Vaya, mucho tiempo.
Me pregunto qué hacía antes de invitarme a mí, quizás llamaba a alguna amiga, o tal vez... ¿seré la primera?. Elimino ese pensamiento automáticamente de mi cabeza, claro que esto no le ha pasado antes.
Creo que tenemos que hablar –dice finalmente, suponiendo que estaba pensando en lo que ha sucedido esta tarde.
Si... –contesto agachando la mirada.
¿Quieres pasar la noche aquí? –pregunta despreocupadamente.
¿Qué? Como siempre, me sorprende con sus ocurrencias.
No puedo. –Digo al fin.
¿Por qué?
¿Por qué? –Repito asombrada, mientras la miro fijamente– Porque estás casada y tienes un hijo.
Se pone tensa de golpe, puedo ver un brillo de tristeza en sus ojos.
Es una larga historia –contesta luego de una pausa. –Matu es...–deja la frase inconclusa mientras veo como sus ojos se llenan de lágrimas.
No digo nada, pero me pregunto qué pasó.
Me gustaría seguir conociéndote, hay algo en ti...–continúa intentando recobrar la compostura, en sus ojos se puede ver la culpa y un atisbo de súplica.
Está bien –contesto sin poder resistirme– deja que le avise a mi hermana.
Me levanto del sofá, indecisa, no estoy completamente segura de lo que hago, pero alguna fuerza extraña evita que salga corriendo. Quisiera comprender por qué está llorando, pero si algo aprendí en este tiempo que la conozco, es que ella no habla demasiado de sus problemas.
Busco mi bolso, que lo dejé sobre la mesa del living, agarro mi celular y le envío un whatsapp a Pierina:
Paso la noche en lo de una amiga”.

No quiero decirle que esa amiga es Milah, pues creo que voy comprendiendo el por qué de su advertencia.

Capítulo 10

Me abrazo a mi misma pues hace un poco de frío, estamos en julio y el invierno se ha instalado en la ciudad. Estoy en la misma posición que la semana pasada: viendo una película en casa de Milah, por algún extraño motivo su marido y su hijo han vuelto a salir de la ciudad y nuevamente me ha invitado a almorzar para luego ir a canto.
* * *
La semana me ha dado un respiro, ya estoy resignada al hecho de que me gusta una mujer; las dudas siguen apareciendo pero ahora me resulta más fácil acallarlas. Guady sigue repitiendo que le de tiempo a la situación y he decidido hacerle caso.
Con Milah nos hemos comunicado todos los días, y es ella la que siempre inicia la conversación pues temo ser una pesada. A veces, en medio de nuestras charlas, es imposible no imaginar que a ella le puede suceder algo similar a lo que me está pasando a mi, pero Guadalupe se ocupa de que no me haga ninguna ilusión. Amigas, repite siempre.
¿Por qué esa palabra me resulta tan molesta?
* * *
Estamos viendo otra comedia romántica, aunque yo simplemente observo el televisor y una seguidilla de imágenes, es imposible concentrarse con el ambiente cargado de tensión.
Milah observa como froto disimuladamente mis manos contra mis brazos y pone pausa en la película. Se pone de pie repentinamente y sale de la habitación, luego de un momento vuelve con una frazada; sonríe mientras nos cubre a las dos con la misma. Me pego más a ella, un poco porque es mi deseo de sentir su contacto y otro poco porque realmente hace frío. Puedo sentir el calor de su cuerpo, su aroma; huele exquisitamente bien, a uvas y chicle... una mezcla extraña, pero agradable.
Quisiera tomar coraje y poder recostarme sobre ella, como lo haría con Julián u otra amiga, pero en este caso es especial, es ella.
Seguimos viendo la película, ya va por la mitad, pero aún no comprendo muy bien de qué va. Una chica que se enamoró del esposo de su mejor amiga o algo así. Un tanto irónico la verdad.
Sin previo aviso toma mi mano por debajo de la colcha, acariciándola por momento, un choque eléctrico se produce allí mientras sonrío involuntariamente. Estoy apunto de apretar su mano, indicando que se quede así cuando ella se suelta, gira hacia mi y dice:
¿Quieres un poco de pochoclo?
Claro –respondo como puedo, mientras formo un puño con mi mano en un virgen intento de eternizar la caricia.
Se demora 15 minutos en la cocina, lo que me da tiempo a calmarme. ¿Qué estoy haciendo? Cada vez se pone mas difícil, cuando hablamos por teléfono o nos enviamos mensajes de textos es mucho mas fácil... pero tenerla a mi lado, sentir su inocente contacto... la muralla de mi coraza está a punto de romperse en mil pedazos y no estoy muy segura de lo que soy capaz de hacer.
Quiero salir corriendo pero hay algo que me detiene.
Antes de que pueda pensarlo nuevamente aparece con un bowl lleno de pochoclos, se sienta a mi lado y se tapa con la frazada. Comemos en silencio, mirando la película.
Luego de unos minutos ella apoya su cabeza sobre mi hombro y siento una sensación entraña que recorre todo mi cuerpo. Sin pensarlo apoyo mi cabeza sobre la de ella, no puedo evitarlo. Cierro los ojos y sonrío, es una sensación agradable, definitivamente ésta es una buena película...
* * *
Verla los días jueves antes de ir a clases se va convirtiendo en una rutina, y la verdad que no me desagrada. Cuando me vuelve a invitar a su casa ya había alquilado una película, pues la última vez quedamos en que para la próxima elegía yo.
Estaba un poco ansiosa, era el único momento en el que realmente nos conectábamos. A pesar de que ella me escribía todos los días, esos mensajes eran superficiales, irrelevantes. La semana se me iba esperando estos momentos, donde la tenía cerca, donde la podía tocar...
Llego a su casa puntualmente, almorzamos, lavamos los platos y nos vamos al living. Era una rutina implícita que habíamos creado.
Esta vez elegí una película infantil. Sabía que a ella le iba a gustar. Nos sentamos en el sillón, nuevamente tapadas con la frazada. Cuando la película está empezando Milah apoya su cabeza en mi hombro. Le acaricio suavemente la mejilla y ella se recuesta aún más sobre mí. Me abraza colocando su cabeza sobre mi pecho, ¿podrá sentir el rápido latido de mi corazón?.
Me quedo inmóvil, temerosa de moverme y que ella lo haga también. ¿Transgrederé alguna regla si le beso la coronilla?. Antes de terminar la pregunta, lo hago. Ella no dice nada, sólo se acomoda un poco más. Agradezco que esté en esa posición, pues de haberme visto directamente a la cara, habría notado mi felicidad. Y no hubiera sabido qué decirle.
* * *
Estábamos un poco retrasadas, pues me demoré en el trabajo y llegué más tarde de lo habitual. Era el quinto jueves que la visitaba y ya me sentía prácticamente como en casa, de hecho, esta vez fui yo la que busqué la frazada y nos cubrí. Apenas podía contener mi ansiedad.
Estaba claro que yo aprovechaba esos momentos para saciar mi sed, y ya quería que empiece la película para poder abrazarla. Una pequeña parte de mi sospechaba que ella también ansiaba estos momentos, pero no quería ilusionarme.
Se sienta a mi lado y me recuesta sobre su pecho. Coloca uno de mis brazos a su alrededor y yo me dejo manejar como a una marioneta.
Me tiene como quiere, pienso mientras observo como empieza “Pretty woman”, un clásico.
Besa mi frente y, por debajo de la frazada, toma mi mano.
Estás helada –comenta, mientras la aprieta con fuerza.
Yo no puedo decir nada. Sólo entrecruzo mis dedos con los de ella y sonrío para mis adentros. Con mi otro brazo empiezo a acariciarle la espalda, las caricias me vienen de maravilla.
La película continúa pero toda mi atención está en nuestro roce, siento como los eslabones de la cadena de mis sentidos se rompen y salen disparados, no me importa nada. Lentamente posiciono mi boca a unos centímetros de la suya, sin soltarme del abrazo. La miro a los ojos, como pidiéndole permiso, pero ella no se inmuta.
No puedo más.
La beso suavemente, con cautela y timidez.
¿Qué hice?
Responde a mi beso un tanto sorprendida pero luego de unos segundos toma coraje; pongo mis manos en su cara, toco su cabello, su mejilla, su espalda... mientras recorro con mi lengua su boca.
No puedo creer que esto esté sucediendo. Es inverosímil. Esperé tanto y es mejor de lo que imaginé.
Siento la necesidad de Milah y la beso aún más profundo. Bajo mi mano hacia su espalda y la abrazo con fuerza, ella hace lo mismo.
Cortamos este primer beso y antes de poder tomar aire nos estamos besando nuevamente... de una forma tan apasionada. Baja su boca hasta mi cuello y no puedo reprimir un jadeo. Siento la piel de gallina, y mi necesidad de ella, que esta vez urge como nunca antes.
Busco su boca nuevamente. Soñé tanto con esto, que voy a aprovecharlo como si no hubiese mañana. Poco a poco ella se tumba sobre mí y puedo sentir el peso de su cuerpo.
Por fin.
Toma mi cara entre sus manos y me muerde el labio inferior. Me arqueo hacia ella, necesito sentir más su cuerpo, si eso es posible. No importa la hora, ni el día, ni nada, sólo importa ella.
Y así tan de repente como empezó, todo terminó. Milah abre los ojos, parecen mas grandes por la sorpresa y se sienta en el otro extremo del sillón.


Followers

linkie ♥

Blog contents © Entre amigas 2010. Blogger Theme by NymFont.