Capítulo 4
octubre 27, 2013
–¡Ah!
no sabía que estabas casada–. Contesto rápido, intentando sonar
despreocupada, mientras el corazón me da un vuelco.
–Si,
me casé joven, quedé embarazada a los 18 años –responde
mirándome a los ojos, puedo percibir cierta molestia en su rostro.
–Que
lindo, ¿Sólo tienen un niño? –.Quería conocerla un poco más.
Amigas,
repetí en mi fuero interno. En mi mente se dibujó la imagen de una
niña de pelo oscuro y ojos castaños, de unos 9 años, alegre y
hermosa, como ella.
–Si,
un nene, de 5 años –su rostro se ilumina. Y se le dibuja una
sonrisa involuntaria, no puedo hacer otra cosa más que sonreír con
ella. Hasta que me doy cuenta...
–Pero...–empiezo
a decir.
–Perdí
el primer bebé. No sabes lo que fue... no te recuperas nunca.
–Me
imagino –no se qué más agregar.
–¿Tú
estás de novia? –pregunta intentando cambiar el tema de
conversación.
–Si,
hace 11 meses, con mi bombón –. Le respondo con una sonrisa,
intentando sonar despreocupada. En sus ojos hay un brillo extraño,
por algún motivo no le gustó lo que le respondí. O eso es lo que
me hubiese gustado que sucediera, una parte de mí deseaba que ella
también esté celosa.
–¿Y
te gusta canto? –Pregunta mientras recoge su bolso de la mesa y se
dirige a la puerta del salón –. Cantas muy bien.
–Para
nada –contesto sonrojada, mientras la acompaño a la salida. –Hoy
lo hice bastante mal.
–Pero
tienes una buena voz, podrías ser cantante lírica –se detiene en
la puerta y mira alrededor un poco nerviosa. Luego baja la mirada a
sus pies mientras me dice: –Hasta la próxima Sicilia.
–Hasta
la próxima–. Le doy un beso en la mejilla y nos damos la espalda,
caminando en direcciones contrarias.
* * *
Otra
clase más, de color gris, sin contornos ni sonidos. Como lo son
desde el día en que decidí alejarme de ella. No me pude concentrar,
estaba atenta a todo lo que hacía y cada vez que hablaba se me
paralizaba el corazón. Su voz resonaba fuerte en mis oídos, muy por
encima del murmullo, tanto que podía reconocerla con los ojos
cerrados.
Pero
ya había tomado una decisión. Está
casada,
siento como me grita mi subconsciente.
Miro
una de las cortinas del lugar, concentrada en una falla que había en
ellas, aquella era mi ruta de escape, me concentraba en esas pequeñas
imperfecciones buscando así mantener mis ojos ocupados y envitando
que se desvíen hacia ella. Sin embargo, en algunas oportunidades me
permitía contemplarla, pues la veía confusa, triste, sus ojos
estaban repletos de secretos. A pesar de eso, me até nuevamente las
manos y los pies para evitar ir hacia su encuentro.
Las
pocas charlas que teníamos eran demasiado superficiales, y siempre
las iniciaba ella, yo simplemente me limitaba a contestar y a escapar
lo más rápido posible. No quería hacerme ilusiones ni volver a
engancharme.
Cuando
terminó la clase fui la primera en irme. No estaba de humor para
fingir nada, además estaba más hermosa de lo habitual. Se había
puesto una calza color beige, una camisa de gasa color bordo, y unos
borcegos del mismo color. El resultado final era una femme
fatal
hecha y derecha. La calza resaltaba sus curvas perfectas y la camisa
hacía lo propio. Sin mencionar a su pelo oscuro, que en esta
oportunidad estaba rizado y caía sobre sus ojos realzando el color
verde de los mismos. Al inicio de clase me quedé plasmada ante tal
visión, no podía apartar mis ojos de ella; esta vez buscar fallas
se me hizo tremendamente difícil. La contemplé unos minutos,
posiblemente con la boca abierta, estaba paralizada. Sólo desvié mi
vista cuando me percaté de que ella se había dado cuenta de esta
actitud.
A
la hora de la salida aún me reprendía por haber sido tan
descuidada, aunque la verdad, la culpa es suya, que se viste así.
Cuando
por fin terminó la clase agarré mi bolso, me puse los auriculares y
salí a la calle. Yo estaba hecha una piltrafa y mi cabeza era un
lío, como sucedía desde que la conocí.
Como
no tenía apuro y necesitaba pensar, caminé tranquila por las
calles, dejando que la música me guíe. Caminar y escuchar música
siempre me resultó catártico, por lo que decidí no tomar el
ómnibus e irme caminando hasta casa, después de todo son unas
cuantas cuadras.
Me
detuve en una vidriera, a ver de qué se trataba la nueva moda,
aunque a decir verdad, nunca me interesé demasiado por esas cosas.
Mi look era raro aunque bastante femenino. Era delgada y adoraba las
calzas. Mi color favorito era el negro, que hacía un buen constraste
con mi piel blanca y mi pelo rubio. Me encantaba maquillarme,
arreglarme las uñas y el cabello. Aunque rara vez usaba tacones,
siempre disponía de pares de zapatos un tanto chatos que hacían
juego con la ropa que llevaba puesta. Eso sí que me gustaba, los
zapatos.
–¡Chst!
Camino
por el centro mirando a las personas buscando encontrar algún rostro
conocido que me salve de la cárcel que creé yo misma mientras
empiezo a inventar en mi mente escenarios imaginarios donde las dos
podemos estar juntas, un mundo sin prejuicios, sin novios ni
maridos... sonrío a las imágenes que pasan por mi cabeza. Al menos
esto me lo podía permitir.
–¡Chst!
Cierro
los ojos un momento y sonrío, un pensamiento particularmente
agradable cruza por mi mente y quiero atesorarlo por unos minutos
más... Nos estamos besando, en un parque, somos felices,
sonreímos... a pesar de que sólo es mi imaginación puedo sentirlo,
se me pone la piel de gallina y tengo la sensación de que ella está
cerca...
–¡Chst!
¡¡SICILIA!! ¡¡SICI!!!
Mantengo
mis ojos cerrados asombrándome de lo vívidos que son mis
pensamientos, puedo escuchar su voz, como de sus labios sale mi
nombre...
–¡Sici!
¡Sicilia!
Caigo
en la cuenta de que realmente me estaban llamando a mí. Me doy la
vuelta con una sonrisa en la boca, haciendo monerías, imaginando que
se trata de algunas de mis amigas, pero no, era la última persona
que esperaba ver.
–¡Milah!
¡Perdón! venía con los auriculares a mil– digo disculpándome y
sintiéndome repentinamente azorada, siento como el calor llega hasta
mi coronilla. Espero que no se imagine de qué iban mis pensamientos.
–Sicilia,
¿dónde tienes la cabeza? Jajaja, vengo gritándote desde hace dos
cuadras mas o menos–. Dice mientras me dedica una mirada recelosa.
–¡Discúlpame!,
en serio. ¿Qué haces por acá? –pregunto con un tono
despreocupado. Mierda. Está tan hermosa como lo recordaba. Intento
no mirarla, tengo miedo de no poder apartar mi vista de ella luego.
–Vivo
por acá.
–¿En
serio? ¡Yo también! acá a 8 cuadras. –Contesto sorprendida. Mi
corazón amenaza con salir disparado de mi pecho.
–Yo
a dos cuadras. ¡Pero si siempre te vas por otro lado! – me
recrimina.
–Es
que me tomo el ómnibus
–Serás
vaga. –Me dice un poco divertida.
–Jajaja.
–¿Estabas
mirando las vidrieras? –pregunta despreocupadamente.
–Sólo
algunas, escuchando música, necesitaba pensar...–contesto
involuntariamente. Me recrimino por haber dicho eso, ahora querrá
saber el por qué de esa necesidad.
–¿Estás
muy estresada? Hoy te vi un poco distraída.
–Si...
es un poco largo, pero definitivamente tengo mucho estrés. –Y
no quiero presionarte, pero eres la causa del mismo.
Sonríe,
tengo el presentimiento de que quiere preguntar algo más, sin
embargo se produce un silencio incómodo, mientras caminamos, que es
interrumpido unos minutos después por ella.
–¿Qué
cuentas?, ¿vienes al viaje? –pregunta.
–¿Qué
viaje?
–Ahora,
en dos meses, hay una jornada anual, donde se juntan varios coros y
coristas, siempre vamos. No es una competencia, sino que viene algún
cantante famoso y podemos hacerle preguntas, también nos dan clases,
está bueno. Yo voy. – me explica a las apuradas.
–¿En
serio? parece interesante... –respondo de forma automática, mi
mente vagaba en otra dirección: así podría estar 5 días con
ella... No,
Sicilia, debes alejarte, debes alejarte...
repito en mi fuero interno.
–¡Si!,
muy interesante. Son 5 días, este año toca Mar del Plata, así que
voy si o si. Piénsalo...
–Lo
voy a pensar –le prometo.
Nos
detenemos en un portal hermoso, con un jardín delantero lleno de
flores y una casa enorme de color blanco con un estilo señorial,
pero moderno. Bello.
Rebusca
en los bolsillos de su chaqueta las llaves mientras me dice:
–Bueno,
acá vivo yo. Ven a tomar mate cuando quieras. –Me da un beso en la
mejilla y se produce allí un suave cosquilleo.
–Dale
Milah, nos vemos el jueves. Voy a pensar lo del viaje. –le repito.
–Si...
Puede ser interesante –. Me dirige una mirada enigmática y cierra
la puerta.
Rápidamente
dirijo mi mano hacia mi mejilla y sonrío de forma involuntaria,
puedo sentir que continúa un poco caliente. ¿O soy yo?. Me pongo
derecha y elijo una música más movida. Este pequeño encuentro ha
levantado mi ánimo considerablemente. Se que estoy cada día un poco
mas enamorada de ella pero, al menos por ahora, eso no importaba.
El
cosquilleo de mi mejilla me acompaña en el camino y permanece allí
hasta que llego a mi casa.
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