Capítulo 4

¡Ah! no sabía que estabas casada–. Contesto rápido, intentando sonar despreocupada, mientras el corazón me da un vuelco.
Si, me casé joven, quedé embarazada a los 18 años –responde mirándome a los ojos, puedo percibir cierta molestia en su rostro.
Que lindo, ¿Sólo tienen un niño? –.Quería conocerla un poco más. Amigas, repetí en mi fuero interno. En mi mente se dibujó la imagen de una niña de pelo oscuro y ojos castaños, de unos 9 años, alegre y hermosa, como ella.
Si, un nene, de 5 años –su rostro se ilumina. Y se le dibuja una sonrisa involuntaria, no puedo hacer otra cosa más que sonreír con ella. Hasta que me doy cuenta...
Pero...–empiezo a decir.
Perdí el primer bebé. No sabes lo que fue... no te recuperas nunca.
Me imagino –no se qué más agregar.
¿Tú estás de novia? –pregunta intentando cambiar el tema de conversación.
Si, hace 11 meses, con mi bombón –. Le respondo con una sonrisa, intentando sonar despreocupada. En sus ojos hay un brillo extraño, por algún motivo no le gustó lo que le respondí. O eso es lo que me hubiese gustado que sucediera, una parte de mí deseaba que ella también esté celosa.
¿Y te gusta canto? –Pregunta mientras recoge su bolso de la mesa y se dirige a la puerta del salón –. Cantas muy bien.
Para nada –contesto sonrojada, mientras la acompaño a la salida. –Hoy lo hice bastante mal.
Pero tienes una buena voz, podrías ser cantante lírica –se detiene en la puerta y mira alrededor un poco nerviosa. Luego baja la mirada a sus pies mientras me dice: –Hasta la próxima Sicilia.
Hasta la próxima–. Le doy un beso en la mejilla y nos damos la espalda, caminando en direcciones contrarias.
* * *
Otra clase más, de color gris, sin contornos ni sonidos. Como lo son desde el día en que decidí alejarme de ella. No me pude concentrar, estaba atenta a todo lo que hacía y cada vez que hablaba se me paralizaba el corazón. Su voz resonaba fuerte en mis oídos, muy por encima del murmullo, tanto que podía reconocerla con los ojos cerrados.
Pero ya había tomado una decisión. Está casada, siento como me grita mi subconsciente.
Miro una de las cortinas del lugar, concentrada en una falla que había en ellas, aquella era mi ruta de escape, me concentraba en esas pequeñas imperfecciones buscando así mantener mis ojos ocupados y envitando que se desvíen hacia ella. Sin embargo, en algunas oportunidades me permitía contemplarla, pues la veía confusa, triste, sus ojos estaban repletos de secretos. A pesar de eso, me até nuevamente las manos y los pies para evitar ir hacia su encuentro.
Las pocas charlas que teníamos eran demasiado superficiales, y siempre las iniciaba ella, yo simplemente me limitaba a contestar y a escapar lo más rápido posible. No quería hacerme ilusiones ni volver a engancharme.
Cuando terminó la clase fui la primera en irme. No estaba de humor para fingir nada, además estaba más hermosa de lo habitual. Se había puesto una calza color beige, una camisa de gasa color bordo, y unos borcegos del mismo color. El resultado final era una femme fatal hecha y derecha. La calza resaltaba sus curvas perfectas y la camisa hacía lo propio. Sin mencionar a su pelo oscuro, que en esta oportunidad estaba rizado y caía sobre sus ojos realzando el color verde de los mismos. Al inicio de clase me quedé plasmada ante tal visión, no podía apartar mis ojos de ella; esta vez buscar fallas se me hizo tremendamente difícil. La contemplé unos minutos, posiblemente con la boca abierta, estaba paralizada. Sólo desvié mi vista cuando me percaté de que ella se había dado cuenta de esta actitud.
A la hora de la salida aún me reprendía por haber sido tan descuidada, aunque la verdad, la culpa es suya, que se viste así.
Cuando por fin terminó la clase agarré mi bolso, me puse los auriculares y salí a la calle. Yo estaba hecha una piltrafa y mi cabeza era un lío, como sucedía desde que la conocí.
Como no tenía apuro y necesitaba pensar, caminé tranquila por las calles, dejando que la música me guíe. Caminar y escuchar música siempre me resultó catártico, por lo que decidí no tomar el ómnibus e irme caminando hasta casa, después de todo son unas cuantas cuadras.
Me detuve en una vidriera, a ver de qué se trataba la nueva moda, aunque a decir verdad, nunca me interesé demasiado por esas cosas. Mi look era raro aunque bastante femenino. Era delgada y adoraba las calzas. Mi color favorito era el negro, que hacía un buen constraste con mi piel blanca y mi pelo rubio. Me encantaba maquillarme, arreglarme las uñas y el cabello. Aunque rara vez usaba tacones, siempre disponía de pares de zapatos un tanto chatos que hacían juego con la ropa que llevaba puesta. Eso sí que me gustaba, los zapatos.
¡Chst!
Camino por el centro mirando a las personas buscando encontrar algún rostro conocido que me salve de la cárcel que creé yo misma mientras empiezo a inventar en mi mente escenarios imaginarios donde las dos podemos estar juntas, un mundo sin prejuicios, sin novios ni maridos... sonrío a las imágenes que pasan por mi cabeza. Al menos esto me lo podía permitir.
¡Chst!
Cierro los ojos un momento y sonrío, un pensamiento particularmente agradable cruza por mi mente y quiero atesorarlo por unos minutos más... Nos estamos besando, en un parque, somos felices, sonreímos... a pesar de que sólo es mi imaginación puedo sentirlo, se me pone la piel de gallina y tengo la sensación de que ella está cerca...
¡Chst! ¡¡SICILIA!! ¡¡SICI!!!
Mantengo mis ojos cerrados asombrándome de lo vívidos que son mis pensamientos, puedo escuchar su voz, como de sus labios sale mi nombre...
¡Sici! ¡Sicilia!
Caigo en la cuenta de que realmente me estaban llamando a mí. Me doy la vuelta con una sonrisa en la boca, haciendo monerías, imaginando que se trata de algunas de mis amigas, pero no, era la última persona que esperaba ver.
¡Milah! ¡Perdón! venía con los auriculares a mil– digo disculpándome y sintiéndome repentinamente azorada, siento como el calor llega hasta mi coronilla. Espero que no se imagine de qué iban mis pensamientos.
Sicilia, ¿dónde tienes la cabeza? Jajaja, vengo gritándote desde hace dos cuadras mas o menos–. Dice mientras me dedica una mirada recelosa.
¡Discúlpame!, en serio. ¿Qué haces por acá? –pregunto con un tono despreocupado. Mierda. Está tan hermosa como lo recordaba. Intento no mirarla, tengo miedo de no poder apartar mi vista de ella luego.
Vivo por acá.
¿En serio? ¡Yo también! acá a 8 cuadras. –Contesto sorprendida. Mi corazón amenaza con salir disparado de mi pecho.
Yo a dos cuadras. ¡Pero si siempre te vas por otro lado! – me recrimina.
Es que me tomo el ómnibus
Serás vaga. –Me dice un poco divertida.
Jajaja.
¿Estabas mirando las vidrieras? –pregunta despreocupadamente.
Sólo algunas, escuchando música, necesitaba pensar...–contesto involuntariamente. Me recrimino por haber dicho eso, ahora querrá saber el por qué de esa necesidad.
¿Estás muy estresada? Hoy te vi un poco distraída.
Si... es un poco largo, pero definitivamente tengo mucho estrés. Y no quiero presionarte, pero eres la causa del mismo.
Sonríe, tengo el presentimiento de que quiere preguntar algo más, sin embargo se produce un silencio incómodo, mientras caminamos, que es interrumpido unos minutos después por ella.
¿Qué cuentas?, ¿vienes al viaje? –pregunta.
¿Qué viaje?
Ahora, en dos meses, hay una jornada anual, donde se juntan varios coros y coristas, siempre vamos. No es una competencia, sino que viene algún cantante famoso y podemos hacerle preguntas, también nos dan clases, está bueno. Yo voy. – me explica a las apuradas.
¿En serio? parece interesante... –respondo de forma automática, mi mente vagaba en otra dirección: así podría estar 5 días con ella... No, Sicilia, debes alejarte, debes alejarte... repito en mi fuero interno.
¡Si!, muy interesante. Son 5 días, este año toca Mar del Plata, así que voy si o si. Piénsalo...
Lo voy a pensar –le prometo.
Nos detenemos en un portal hermoso, con un jardín delantero lleno de flores y una casa enorme de color blanco con un estilo señorial, pero moderno. Bello.
Rebusca en los bolsillos de su chaqueta las llaves mientras me dice:
Bueno, acá vivo yo. Ven a tomar mate cuando quieras. –Me da un beso en la mejilla y se produce allí un suave cosquilleo.
Dale Milah, nos vemos el jueves. Voy a pensar lo del viaje. –le repito.
Si... Puede ser interesante –. Me dirige una mirada enigmática y cierra la puerta.
Rápidamente dirijo mi mano hacia mi mejilla y sonrío de forma involuntaria, puedo sentir que continúa un poco caliente. ¿O soy yo?. Me pongo derecha y elijo una música más movida. Este pequeño encuentro ha levantado mi ánimo considerablemente. Se que estoy cada día un poco mas enamorada de ella pero, al menos por ahora, eso no importaba.
El cosquilleo de mi mejilla me acompaña en el camino y permanece allí hasta que llego a mi casa.

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