Capítulo 8

Por suerte Pieri salió con sus amigas, como había mencionado hace un momento. Acabo de terminar de contar mi historia y la cara de Guada está para un cuadro. No parpadea, sé que la he dejado atónita.
¡Di algo! –Le apremio
¿Estás segura? –Pregunta con la voz seca.
Muy segura. –Respondo intentando sonar convincente.
Bueno, pero... ¿cómo?, es decir, no te estoy juzgando. Para nada. Todo bien con... eso. Pero ¿Cómo?
¡Uff! No pasa un día sin que me haga esa pregunta, Guady. No entiendo nada. –Miro hacia abajo. Por fin puedo expresarlo en voz alta y, para mi enorme sorpresa, me relajo un poco. –Nada, no sé qué hacer.
Bueno... lo mejor es.... probar el helado de vainilla –me mira con suspicacia –sabes a lo que me refiero.
Pero...¿Y si me gusta de verdad? –Pregunto por fin.
Eso es lo que te da miedo: que te guste de verdad –me mira a los ojos, piensa un momento y repite: –¿eso es lo que te da miedo?
Eso, y lo que piense la gente. – En mi rostro se dibuja una tímida sonrisa. Me siento muy liberada.
Bah, que eso te importe un comino. –Se detiene a media frase –¿Por eso cortaste con Julián? Porque si te peleaste con él por algo que no tienes definido, o porque estás esperando algo de ella... es una verdadera mierda.
No... Corté con él... él terminó conmigo por todo lo que pasó. Ya sabes. Aunque debo admitir que esto atenúa un poco el dolor.
Me mira poco convencida, pero sabe que estoy diciendo la verdad. Se queda un largo rato en silencio, hay una atmósfera un tanto incómoda, quiero romper el hielo y cambiar el tema, pero Guady se adelanta:
Bueno, Sici, mi veredicto es que tienes que tomar una decisión, cualquiera que tomes está bien para mi. Estar así en el limbo no te hace bien y lo sabes. Si fuese por mí, es decir, si yo estuviese en tu lugar, creo que intentaría probar “eso”, así al menos sabría si me gusta o no. ¿Cómo sabes que no te gusta el helado de vainilla si nunca lo has probado? Es como... hasta tonto preguntarte si ella te gusta o no... Para saber si te gustan las mujeres, o “esta mujer”, lo más lógico es que pruebes. Quizás te estás ahogando en un vaso de agua, creyendo que quieres algo, cuando en realidad es todo lo contrario. O quizás te gusta por ese sentimiento de lo “prohibido” que le imprime a la relación. O quizás te gustas como te sientes cuando estás con ella y no ella en sí... Hay millones de opciones. De todas formas, voy a estar a tu lado, siempre. Y lo sabes.
Lo se... y gracias. Por estar.
Sonríe y me abraza. Me viene genial. No puedo seguir conteniendo las lágrimas. Nos quedamos abrazadas así, un rato largo cuando Guady nuevamente rompe el silencio.
Y bueno, ¿qué vas a hacer?
Sonrío, ella siempre fue así, va corriendo por la vida. Sé que si ella estuviese en mi situación, ya habría hecho una lista con los pros y los contras, habría tomado alguna resolución y a esta altura se estaría haciendo cargo de las consecuencias. Yo, sin embargo, dudo; no tengo muy en claro que haré, pero posiblemente hablando con ella se me aclaren las ideas:
Lo único que sé es que mi corazón debe cicatrizar esta ruptura, y lo que siento por Milah es más fuerte de lo que imaginaba, pero es tan difícil... Hacerme cargo de esto que me sucede implica un cambio de 180 grados en mi vida. Por otro lado está mi familia, ¿qué haré con ellos?. Jamás aceptarían algo así, mis amigas tampoco. Tú si, pero el resto no tiene una mente tan abierta. Pesa mucho saber que vas a vivir “escondida” o prófuga cuando el único crimen que cometí es enamorarme de una mujer.
Pero detente un poco –me recrimina. –Primero aclara tus ideas, y luego hazte cargo de las conclusiones que saques. Has viajado 10 años en el tiempo, te estas pre- ocupando de las cosas, quizás cuando llegue el momento de hacerle frente a la discriminación o a tu familia, a ti ya no te importe tanto...
Jamás podría soportar la discriminación...
Bueno... –dice Guady luego de una larga pausa – De que te van a discriminar, lo van a hacer, lo sabes. Si estás dispuesta a soportarlo o no ya es decisión tuya. Pero falta para saberlo... ve despacio, paso a paso. Quieres correr y aún no has aprendido a caminar.
Mi familia... –no puedo evitar pensar en ellos. Pensar en todo... Las palabras de Guada ayudan a que me relaje un poco más.
Tu familia sabrá entenderte. –Luego de otra pausa agrega –. Imagina que tienes 15 años y le dices a tu padre que estás embarazada, tampoco lo va a tomar bien, pero con el tiempo se va a ir acostumbrando a la idea y hasta la va a aceptar; algo así sucede con la homosexualidad, al comienzo puede resultar un poco violenta la noticia, pero eso es porque no saben a qué se enfrentarán o suponen, por los parámetros que marca la sociedad, que eso es algo malo. Cuando vean que sigues siendo la misma Sicilia de siempre lo van a aceptar. Si te escondes o vives como prófuga, como dices, es porque has decidido vivir de esa forma y no porque la sociedad te obliga a ello. Sabes que si quisieras llevarte el mundo por delante lo harías, no importa lo que piense la gente. Lo importante es ser buena persona...
La palabra “homosexualidad” me resulta un poco violenta, es como si todo el tiempo la estuviese esquivando, estaba acostumbrada a decir “esto” que me pasa. No puedo evitar sentir rechazo. A pesar de todo, me detengo unos minutos a pensar en lo que dice Guada. Tiene razón, ojala fuese tan fácil como ella dice. Quiero seguir hablando del tema, pero me acuerdo de la advertencia de mi hermana y sin pensarlo digo:
Pieri sabe algo, porque hoy dijo algo de que ella podría ser un motivo de la ruptura, y me dijo que tenga cuidado.
¿Cuidado?... que extraño.
Si... – coincido. De repente me acuerdo del chat. –Ella me chateó hoy... no sé, no le contesté, no quiero ser muy obvia.
Bueno, que te chatee no es nada raro. No te hagas la cabeza ni busques señales donde no las hay. Ella está casada, y es mayor que tú, está en otra. Con suerte te ve como amiga. Si maquinas mucho vas a terminar mandándote una macana, y no quieres eso.
Lo que dijo me dolió, sobre todo porque continúa diciendo la verdad. Que ella quiera hablar conmigo no es un indicio de nada, y lo sabía, de todas formas no he podido evitar ilusionarme con esas charlas.
Si, entonces... me conformo con eso, con ser su amiga, con verla dos veces a la
semana y compartir alguno de sus secretos. Es peor que nada. Esa es mi decisión: seré su amiga– Digo al fin. Nos quedamos en silencio unos minutos más, meditando lo que acabábamos de decir. La verdad es que no me siento incómoda con la decisión que he tomado. Guady tiene razón, Milah con suerte me ve como a una amiga. Y quiero tenerla en mi vida, me gusta cómo me siento cuando la veo y si ésta es la forma de inmortalizar el sentimiento... bien, puedo correr el riesgo... sólo espero poder aguantarlo... En estos momentos iría corriendo a su encuentro, la arrancaría de los brazos de su marido y la besaría tan fuerte... siento un picor en las manos, supongo que es por mi deseo irracional de tocarla, las froto sobre mi pantalón y digo:
¿Comamos algo Guady?
Pedimos una pizza y seguimos hablando de otros temas hasta después de haberla terminado. Luego del postre –un poco de flan– me siento tan relajada que no recordaba cuándo había sido la última vez que me sentí así. Sonrío genuinamente por primera vez en el día, hablar con mi amiga me ha quitado un gran peso de encima sin mencionar que me ayudó a ver las cosas claramente.
Cerca de la una de la mañana estoy lo suficientemente cansada como para ir a la cama, le digo a Guada que se quede a dormir, después de todo mi departamento es amplio y tenemos la habitación de servicio en desuso que prácticamente es de ella, ya que se queda con nosotras bastante seguido.
Se niega pues ambas trabajamos temprano y ella no trajo una muda de ropa. Siento un poco de decepción, me hubiese gustado que se quedara ya que con ella me siento acompañada, pero qué mas da.
* * *
Me levanto a la misma hora de siempre. Un poco adormilada me dirijo al baño lavo mis dientes, peino mi cabello y me maquillo. Luego voy hasta la cocina y preparo el desayuno. Me resulta raro continuar con la rutina, como si nada pasara cuando dentro de mí viven al menos 5 versiones distintas de “Sicilia”.
Decido evitar la computadora, por el momento, ya que no puedo hacerle frente a un nuevo maratón emocional, aunque siento un extraño picor en las manos y sé que son mis ganas reprimidas de contestar el mensaje de Milah.
El camino al trabajo se hace más corto de lo habitual, antes de pensarlo ya estoy prendiendo la computadora -aquí no me queda otra opción- mientras miro cómo cerró la caja de ayer. Hecho un vistazo furtivo a la computadora y no puedo resistir más. Muevo el mouse y abro una ventana del explorador... vaya que hoy anda lento (¿o son mis ansias?). Por fin abro facebook y veo el mensaje del día de ayer.
Nada nuevo.
Siento algo extraño, una punzada de desilusión. Tenía la esperanza de encontrar algo de ella, un nuevo mensaje en donde me pregunte por qué no le he contestado aún o quizás alguna notificación...
Qué mas da. Con un leve pesar me pongo a ordenar el negocio buscando distraer la mente. No sé cuánto tiempo pasó desde que estaba limpiando, hay una mancha en uno de los estantes de abajo que me tiene bastante entretenida...
Ahí estaba, probando una nueva mezcla de productos, rogando que esta vez salga, cuando siento una mano en el hombro. Giro mi cabeza para ver qué necesita el cliente...
¿Milah?
Me sonríe. La mierda santa, que sonrisa más hermosa. Me paralizo, las manos me empiezan a sudar y las mariposas en mi estómago revolotean expectantes. No sé qué hacer o qué decir solo atino a ponerme de pie rápidamente y sonreír de forma genuina. Adoro que ella esté aquí, no puedo negarlo, ni mucho menos ocultarlo. Es como si mi vida, de repente, tuviera sentido. Busco algo para decir pero sólo se me ocurren preguntas banales. No puedo reprimir una seguidilla de interrogantes que salen de mi boca una tras otra haciendo que me sienta una tonta.
¿Estás bien? ¿Qué haces acá? ¡Que casualidad!. ¿Te puedo ayudar en algo?



0 comentarios:

Publicar un comentario

Followers

linkie ♥

Blog contents © Entre amigas 2010. Blogger Theme by NymFont.