Capítulo 8
octubre 27, 2013
Por
suerte Pieri salió con sus amigas, como había mencionado hace un
momento. Acabo de terminar de contar mi historia y la cara de Guada
está para un cuadro. No parpadea, sé que la he dejado atónita.
–¡Di
algo! –Le apremio
–¿Estás
segura? –Pregunta con la voz seca.
–Muy
segura. –Respondo intentando sonar convincente.
–Bueno,
pero... ¿cómo?, es decir, no te estoy juzgando. Para nada. Todo
bien con... eso. Pero ¿Cómo?
–¡Uff!
No pasa un día sin que me haga esa pregunta, Guady. No entiendo
nada. –Miro hacia abajo. Por fin puedo expresarlo en voz alta y,
para mi enorme sorpresa, me relajo un poco. –Nada, no sé qué
hacer.
–Bueno...
lo mejor es.... probar el
helado de vainilla
–me mira con suspicacia –sabes a lo que me refiero.
–Pero...¿Y
si me gusta de verdad? –Pregunto por fin.
–Eso
es lo que te da miedo: que te guste de verdad –me mira a los ojos,
piensa un momento y repite: –¿eso es lo que te da miedo?
–Eso,
y lo que piense la gente. – En mi rostro se dibuja una tímida
sonrisa. Me siento muy liberada.
–Bah,
que eso te importe un comino. –Se detiene a media frase –¿Por
eso cortaste con Julián? Porque si te peleaste con él por algo que
no tienes definido, o porque estás esperando algo de ella... es una
verdadera mierda.
–No...
Corté con él... él terminó conmigo por todo lo que pasó. Ya
sabes. Aunque debo admitir que esto atenúa un poco el dolor.
Me
mira poco convencida, pero sabe que estoy diciendo la verdad. Se
queda un largo rato en silencio, hay una atmósfera un tanto
incómoda, quiero romper el hielo y cambiar el tema, pero Guady se
adelanta:
–Bueno,
Sici, mi veredicto es que tienes que tomar una decisión, cualquiera
que tomes está bien para mi. Estar así en el limbo no te hace bien
y lo sabes. Si fuese por mí, es decir, si yo estuviese en tu lugar,
creo que intentaría probar “eso”, así al menos sabría si me
gusta o no. ¿Cómo sabes que no te gusta el helado de vainilla si
nunca lo has probado? Es como... hasta tonto preguntarte si ella te
gusta o no... Para saber si te gustan las mujeres, o “esta mujer”,
lo más lógico es que pruebes. Quizás te estás ahogando en un vaso
de agua, creyendo que quieres algo, cuando en realidad es todo lo
contrario. O quizás te gusta por ese sentimiento de lo “prohibido”
que le imprime a la relación. O quizás te gustas como te sientes
cuando estás con ella y no ella
en sí... Hay millones de opciones. De todas formas, voy a estar a tu
lado, siempre. Y lo sabes.
–Lo
se... y gracias. Por estar.
Sonríe
y me abraza. Me viene genial. No puedo seguir conteniendo las
lágrimas. Nos quedamos abrazadas así, un rato largo cuando Guady
nuevamente rompe el silencio.
–Y
bueno, ¿qué vas a hacer?
Sonrío,
ella siempre fue así, va corriendo por la vida. Sé que si ella
estuviese en mi situación, ya habría hecho una lista con los pros y
los contras, habría tomado alguna resolución y a esta altura se
estaría haciendo cargo de las consecuencias. Yo, sin embargo, dudo;
no tengo muy en claro que haré, pero posiblemente hablando con ella
se me aclaren las ideas:
–Lo
único que sé es que mi corazón debe cicatrizar esta ruptura, y lo
que siento por Milah es más fuerte de lo que imaginaba, pero es tan
difícil... Hacerme cargo de esto que me sucede implica un cambio de
180 grados en mi vida. Por otro lado está mi familia, ¿qué haré
con ellos?. Jamás aceptarían algo así, mis amigas tampoco. Tú si,
pero el resto no tiene una mente tan abierta. Pesa mucho saber que
vas a vivir “escondida”
o prófuga
cuando
el único crimen que cometí es enamorarme de una mujer.
–Pero
detente un poco –me recrimina. –Primero aclara tus ideas, y luego
hazte cargo de las conclusiones que saques. Has viajado 10 años en
el tiempo, te estas pre-
ocupando
de las cosas, quizás cuando llegue el momento de hacerle frente a la
discriminación o a tu familia, a ti ya no te importe tanto...
–Jamás
podría soportar la discriminación...
–Bueno...
–dice Guady luego de una larga pausa – De que te van a
discriminar, lo van a hacer, lo sabes. Si estás dispuesta a
soportarlo o no ya es decisión tuya. Pero falta para saberlo... ve
despacio, paso a paso. Quieres correr y aún no has aprendido a
caminar.
–Mi
familia... –no puedo evitar pensar en ellos. Pensar en todo... Las
palabras de Guada ayudan a que me relaje un poco más.
–Tu
familia sabrá entenderte. –Luego de otra pausa agrega –. Imagina
que tienes 15 años y le dices a tu padre que estás embarazada,
tampoco lo va a tomar bien, pero con el tiempo se va a ir
acostumbrando a la idea y hasta la va a aceptar; algo así sucede con
la homosexualidad, al comienzo puede resultar un poco violenta la
noticia, pero eso es porque no saben a qué se enfrentarán o
suponen, por los parámetros que marca la sociedad, que eso es algo
malo. Cuando vean que sigues siendo la misma Sicilia de siempre lo
van a aceptar. Si te escondes o vives como prófuga, como dices, es
porque has decidido vivir de esa forma y no porque la sociedad te
obliga a ello. Sabes que si quisieras llevarte el mundo por delante
lo harías, no importa lo que piense la gente. Lo importante es ser
buena persona...
La
palabra “homosexualidad” me resulta un poco violenta, es como si
todo el tiempo la estuviese esquivando, estaba acostumbrada a decir
“esto”
que
me
pasa.
No puedo evitar sentir rechazo. A pesar de todo, me detengo unos
minutos a pensar en lo que dice Guada. Tiene razón, ojala fuese tan
fácil como ella dice. Quiero seguir hablando del tema, pero me
acuerdo de la advertencia de mi hermana y sin pensarlo digo:
–Pieri
sabe algo, porque hoy dijo algo de que ella podría ser un motivo de
la ruptura, y me dijo que tenga cuidado.
–¿Cuidado?...
que extraño.
–Si...
– coincido. De repente me acuerdo del chat. –Ella me chateó
hoy... no sé, no le contesté, no quiero ser muy obvia.
–Bueno,
que te chatee no es nada raro. No te hagas la cabeza ni busques
señales donde no las hay. Ella está casada, y es mayor que tú,
está en otra. Con suerte te ve como amiga. Si maquinas mucho vas a
terminar mandándote una macana, y no quieres eso.
Lo
que dijo me dolió, sobre todo porque continúa diciendo la verdad.
Que ella quiera hablar conmigo no es un indicio de nada, y lo sabía,
de todas formas no he podido evitar ilusionarme con esas charlas.
–Si,
entonces... me conformo con eso, con ser su amiga, con verla dos
veces a la
semana y compartir alguno de sus secretos. Es peor que nada. Esa es mi decisión: seré su amiga– Digo al fin. Nos quedamos en silencio unos minutos más, meditando lo que acabábamos de decir. La verdad es que no me siento incómoda con la decisión que he tomado. Guady tiene razón, Milah con suerte me ve como a una amiga. Y quiero tenerla en mi vida, me gusta cómo me siento cuando la veo y si ésta es la forma de inmortalizar el sentimiento... bien, puedo correr el riesgo... sólo espero poder aguantarlo... En estos momentos iría corriendo a su encuentro, la arrancaría de los brazos de su marido y la besaría tan fuerte... siento un picor en las manos, supongo que es por mi deseo irracional de tocarla, las froto sobre mi pantalón y digo:
semana y compartir alguno de sus secretos. Es peor que nada. Esa es mi decisión: seré su amiga– Digo al fin. Nos quedamos en silencio unos minutos más, meditando lo que acabábamos de decir. La verdad es que no me siento incómoda con la decisión que he tomado. Guady tiene razón, Milah con suerte me ve como a una amiga. Y quiero tenerla en mi vida, me gusta cómo me siento cuando la veo y si ésta es la forma de inmortalizar el sentimiento... bien, puedo correr el riesgo... sólo espero poder aguantarlo... En estos momentos iría corriendo a su encuentro, la arrancaría de los brazos de su marido y la besaría tan fuerte... siento un picor en las manos, supongo que es por mi deseo irracional de tocarla, las froto sobre mi pantalón y digo:
–¿Comamos
algo Guady?
Pedimos
una pizza y seguimos hablando de otros temas hasta después de
haberla terminado. Luego del postre –un poco de flan– me siento
tan relajada que no recordaba cuándo había sido la última vez que
me sentí así. Sonrío genuinamente por primera vez en el día,
hablar con mi amiga me ha quitado un gran peso de encima sin
mencionar que me ayudó a ver las cosas claramente.
Cerca
de la una de la mañana estoy lo suficientemente cansada como para ir
a la cama, le digo a Guada que se quede a dormir, después de todo mi
departamento es amplio y tenemos la habitación de servicio en desuso
que prácticamente es de ella, ya que se queda con nosotras bastante
seguido.
Se
niega pues ambas trabajamos temprano y ella no trajo una muda de
ropa. Siento un poco de decepción, me hubiese gustado que se quedara
ya que con ella me siento acompañada, pero qué mas da.
*
* *
Me
levanto a la misma hora de siempre. Un poco adormilada me dirijo al
baño lavo mis dientes, peino mi cabello y me maquillo. Luego voy
hasta la cocina y preparo el desayuno. Me resulta raro continuar con
la rutina, como si nada pasara cuando dentro de mí viven al menos 5
versiones distintas de “Sicilia”.
Decido
evitar la computadora, por el momento, ya que no puedo hacerle
frente a un nuevo maratón emocional, aunque siento un extraño picor
en las manos y sé que son mis ganas reprimidas de contestar el
mensaje de Milah.
El
camino al trabajo se hace más corto de lo habitual, antes de
pensarlo ya estoy prendiendo la computadora -aquí no me queda otra
opción- mientras miro cómo cerró la caja de ayer. Hecho un vistazo
furtivo a la computadora y no puedo resistir más. Muevo el mouse y
abro una ventana del explorador... vaya que hoy anda lento (¿o son
mis ansias?). Por fin abro facebook y veo el mensaje del día de
ayer.
Nada
nuevo.
Siento
algo extraño, una punzada de desilusión. Tenía la esperanza de
encontrar algo de ella, un nuevo mensaje en donde me pregunte por qué
no le he contestado aún o quizás alguna notificación...
Qué
mas da. Con un leve pesar me pongo a ordenar el negocio buscando
distraer la mente. No sé cuánto tiempo pasó desde que estaba
limpiando, hay una mancha en uno de los estantes de abajo que me
tiene bastante entretenida...
Ahí
estaba, probando una nueva mezcla de productos, rogando que esta vez
salga, cuando siento una mano en el hombro. Giro mi cabeza para ver
qué necesita el cliente...
–¿Milah?
Me
sonríe. La
mierda santa, que sonrisa más hermosa.
Me paralizo, las manos me empiezan a sudar y las mariposas en mi
estómago revolotean expectantes. No sé qué hacer o qué decir solo
atino a ponerme de pie rápidamente y sonreír de forma genuina.
Adoro que ella esté aquí, no puedo negarlo, ni mucho menos
ocultarlo. Es como si mi vida, de repente, tuviera sentido. Busco
algo para decir pero sólo se me ocurren preguntas banales. No puedo
reprimir una seguidilla de interrogantes que salen de mi boca una
tras otra haciendo que me sienta una tonta.
–¿Estás
bien? ¿Qué haces acá? ¡Que casualidad!. ¿Te puedo ayudar en
algo?
0 comentarios:
Publicar un comentario