Capítulo 10

Me abrazo a mi misma pues hace un poco de frío, estamos en julio y el invierno se ha instalado en la ciudad. Estoy en la misma posición que la semana pasada: viendo una película en casa de Milah, por algún extraño motivo su marido y su hijo han vuelto a salir de la ciudad y nuevamente me ha invitado a almorzar para luego ir a canto.
* * *
La semana me ha dado un respiro, ya estoy resignada al hecho de que me gusta una mujer; las dudas siguen apareciendo pero ahora me resulta más fácil acallarlas. Guady sigue repitiendo que le de tiempo a la situación y he decidido hacerle caso.
Con Milah nos hemos comunicado todos los días, y es ella la que siempre inicia la conversación pues temo ser una pesada. A veces, en medio de nuestras charlas, es imposible no imaginar que a ella le puede suceder algo similar a lo que me está pasando a mi, pero Guadalupe se ocupa de que no me haga ninguna ilusión. Amigas, repite siempre.
¿Por qué esa palabra me resulta tan molesta?
* * *
Estamos viendo otra comedia romántica, aunque yo simplemente observo el televisor y una seguidilla de imágenes, es imposible concentrarse con el ambiente cargado de tensión.
Milah observa como froto disimuladamente mis manos contra mis brazos y pone pausa en la película. Se pone de pie repentinamente y sale de la habitación, luego de un momento vuelve con una frazada; sonríe mientras nos cubre a las dos con la misma. Me pego más a ella, un poco porque es mi deseo de sentir su contacto y otro poco porque realmente hace frío. Puedo sentir el calor de su cuerpo, su aroma; huele exquisitamente bien, a uvas y chicle... una mezcla extraña, pero agradable.
Quisiera tomar coraje y poder recostarme sobre ella, como lo haría con Julián u otra amiga, pero en este caso es especial, es ella.
Seguimos viendo la película, ya va por la mitad, pero aún no comprendo muy bien de qué va. Una chica que se enamoró del esposo de su mejor amiga o algo así. Un tanto irónico la verdad.
Sin previo aviso toma mi mano por debajo de la colcha, acariciándola por momento, un choque eléctrico se produce allí mientras sonrío involuntariamente. Estoy apunto de apretar su mano, indicando que se quede así cuando ella se suelta, gira hacia mi y dice:
¿Quieres un poco de pochoclo?
Claro –respondo como puedo, mientras formo un puño con mi mano en un virgen intento de eternizar la caricia.
Se demora 15 minutos en la cocina, lo que me da tiempo a calmarme. ¿Qué estoy haciendo? Cada vez se pone mas difícil, cuando hablamos por teléfono o nos enviamos mensajes de textos es mucho mas fácil... pero tenerla a mi lado, sentir su inocente contacto... la muralla de mi coraza está a punto de romperse en mil pedazos y no estoy muy segura de lo que soy capaz de hacer.
Quiero salir corriendo pero hay algo que me detiene.
Antes de que pueda pensarlo nuevamente aparece con un bowl lleno de pochoclos, se sienta a mi lado y se tapa con la frazada. Comemos en silencio, mirando la película.
Luego de unos minutos ella apoya su cabeza sobre mi hombro y siento una sensación entraña que recorre todo mi cuerpo. Sin pensarlo apoyo mi cabeza sobre la de ella, no puedo evitarlo. Cierro los ojos y sonrío, es una sensación agradable, definitivamente ésta es una buena película...
* * *
Verla los días jueves antes de ir a clases se va convirtiendo en una rutina, y la verdad que no me desagrada. Cuando me vuelve a invitar a su casa ya había alquilado una película, pues la última vez quedamos en que para la próxima elegía yo.
Estaba un poco ansiosa, era el único momento en el que realmente nos conectábamos. A pesar de que ella me escribía todos los días, esos mensajes eran superficiales, irrelevantes. La semana se me iba esperando estos momentos, donde la tenía cerca, donde la podía tocar...
Llego a su casa puntualmente, almorzamos, lavamos los platos y nos vamos al living. Era una rutina implícita que habíamos creado.
Esta vez elegí una película infantil. Sabía que a ella le iba a gustar. Nos sentamos en el sillón, nuevamente tapadas con la frazada. Cuando la película está empezando Milah apoya su cabeza en mi hombro. Le acaricio suavemente la mejilla y ella se recuesta aún más sobre mí. Me abraza colocando su cabeza sobre mi pecho, ¿podrá sentir el rápido latido de mi corazón?.
Me quedo inmóvil, temerosa de moverme y que ella lo haga también. ¿Transgrederé alguna regla si le beso la coronilla?. Antes de terminar la pregunta, lo hago. Ella no dice nada, sólo se acomoda un poco más. Agradezco que esté en esa posición, pues de haberme visto directamente a la cara, habría notado mi felicidad. Y no hubiera sabido qué decirle.
* * *
Estábamos un poco retrasadas, pues me demoré en el trabajo y llegué más tarde de lo habitual. Era el quinto jueves que la visitaba y ya me sentía prácticamente como en casa, de hecho, esta vez fui yo la que busqué la frazada y nos cubrí. Apenas podía contener mi ansiedad.
Estaba claro que yo aprovechaba esos momentos para saciar mi sed, y ya quería que empiece la película para poder abrazarla. Una pequeña parte de mi sospechaba que ella también ansiaba estos momentos, pero no quería ilusionarme.
Se sienta a mi lado y me recuesta sobre su pecho. Coloca uno de mis brazos a su alrededor y yo me dejo manejar como a una marioneta.
Me tiene como quiere, pienso mientras observo como empieza “Pretty woman”, un clásico.
Besa mi frente y, por debajo de la frazada, toma mi mano.
Estás helada –comenta, mientras la aprieta con fuerza.
Yo no puedo decir nada. Sólo entrecruzo mis dedos con los de ella y sonrío para mis adentros. Con mi otro brazo empiezo a acariciarle la espalda, las caricias me vienen de maravilla.
La película continúa pero toda mi atención está en nuestro roce, siento como los eslabones de la cadena de mis sentidos se rompen y salen disparados, no me importa nada. Lentamente posiciono mi boca a unos centímetros de la suya, sin soltarme del abrazo. La miro a los ojos, como pidiéndole permiso, pero ella no se inmuta.
No puedo más.
La beso suavemente, con cautela y timidez.
¿Qué hice?
Responde a mi beso un tanto sorprendida pero luego de unos segundos toma coraje; pongo mis manos en su cara, toco su cabello, su mejilla, su espalda... mientras recorro con mi lengua su boca.
No puedo creer que esto esté sucediendo. Es inverosímil. Esperé tanto y es mejor de lo que imaginé.
Siento la necesidad de Milah y la beso aún más profundo. Bajo mi mano hacia su espalda y la abrazo con fuerza, ella hace lo mismo.
Cortamos este primer beso y antes de poder tomar aire nos estamos besando nuevamente... de una forma tan apasionada. Baja su boca hasta mi cuello y no puedo reprimir un jadeo. Siento la piel de gallina, y mi necesidad de ella, que esta vez urge como nunca antes.
Busco su boca nuevamente. Soñé tanto con esto, que voy a aprovecharlo como si no hubiese mañana. Poco a poco ella se tumba sobre mí y puedo sentir el peso de su cuerpo.
Por fin.
Toma mi cara entre sus manos y me muerde el labio inferior. Me arqueo hacia ella, necesito sentir más su cuerpo, si eso es posible. No importa la hora, ni el día, ni nada, sólo importa ella.
Y así tan de repente como empezó, todo terminó. Milah abre los ojos, parecen mas grandes por la sorpresa y se sienta en el otro extremo del sillón.


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