Capítulo 10
octubre 27, 2013
Me
abrazo a mi misma pues hace un poco de frío, estamos en julio y el
invierno se ha instalado en la ciudad. Estoy en la misma posición
que la semana pasada: viendo una película en casa de Milah, por
algún extraño motivo su marido y su hijo han vuelto a salir de la
ciudad y nuevamente me ha invitado a almorzar para luego ir a canto.
*
* *
La
semana me ha dado un respiro, ya estoy resignada al hecho de que me
gusta una mujer; las dudas siguen apareciendo pero ahora me resulta
más fácil acallarlas. Guady sigue repitiendo que le de tiempo a la
situación y he decidido hacerle caso.
Con
Milah nos hemos comunicado todos los días, y es ella la que siempre
inicia la conversación pues temo ser una pesada. A veces, en medio
de nuestras charlas, es imposible no imaginar que a ella le puede
suceder algo similar a lo que me está pasando a mi, pero Guadalupe
se ocupa de que no me haga ninguna ilusión. Amigas,
repite siempre.
¿Por
qué esa palabra me resulta tan molesta?
*
* *
Estamos
viendo otra comedia romántica, aunque yo simplemente observo el
televisor y una seguidilla de imágenes, es imposible concentrarse
con el ambiente cargado de tensión.
Milah
observa como froto disimuladamente mis manos contra mis brazos y pone
pausa en la película. Se pone de pie repentinamente y sale de la
habitación, luego de un momento vuelve con una frazada; sonríe
mientras nos cubre a las dos con la misma. Me pego más a ella, un
poco porque es mi deseo de sentir su contacto y otro poco porque
realmente hace frío. Puedo sentir el calor de su cuerpo, su aroma;
huele exquisitamente bien, a uvas y chicle... una mezcla extraña,
pero agradable.
Quisiera
tomar coraje y poder recostarme sobre ella, como lo haría con Julián
u otra amiga, pero en este caso es especial, es
ella.
Seguimos
viendo la película, ya va por la mitad, pero aún no comprendo muy
bien de qué va. Una chica que se enamoró del esposo de su mejor
amiga o algo así. Un tanto irónico la verdad.
Sin
previo aviso toma mi mano por debajo de la colcha, acariciándola por
momento, un choque eléctrico se produce allí mientras sonrío
involuntariamente. Estoy apunto de apretar su mano, indicando que se
quede así cuando ella se suelta, gira hacia mi y dice:
–¿Quieres
un poco de pochoclo?
–Claro
–respondo como puedo, mientras formo un puño con mi mano en un
virgen intento de eternizar la caricia.
Se
demora 15 minutos en la cocina, lo que me da tiempo a calmarme. ¿Qué
estoy haciendo?
Cada vez se pone mas difícil, cuando hablamos por teléfono o nos
enviamos mensajes de textos es mucho mas fácil... pero tenerla a mi
lado, sentir su inocente contacto... la muralla de mi coraza está a
punto de romperse en mil pedazos y no estoy muy segura de lo que soy
capaz de hacer.
Quiero
salir corriendo pero hay algo que me detiene.
Antes
de que pueda pensarlo nuevamente aparece con un bowl lleno de
pochoclos, se sienta a mi lado y se tapa con la frazada. Comemos en
silencio, mirando la película.
Luego
de unos minutos ella apoya su cabeza sobre mi hombro y siento una
sensación entraña que recorre todo mi cuerpo. Sin pensarlo apoyo mi
cabeza sobre la de ella, no puedo evitarlo. Cierro los ojos y sonrío,
es una sensación agradable, definitivamente
ésta es una buena película...
*
* *
Verla
los días jueves antes de ir a clases se va convirtiendo en una
rutina, y la verdad que no me desagrada. Cuando me vuelve a invitar a
su casa ya había alquilado una película, pues la última vez
quedamos en que para la próxima elegía yo.
Estaba
un poco ansiosa, era el único momento en el que realmente nos
conectábamos. A pesar de que ella me escribía todos los días, esos
mensajes eran superficiales, irrelevantes. La semana se me iba
esperando estos momentos, donde la tenía cerca, donde la podía
tocar...
Llego
a su casa puntualmente, almorzamos, lavamos los platos y nos vamos al
living. Era una rutina implícita que habíamos creado.
Esta
vez elegí una película infantil. Sabía que a ella le iba a gustar.
Nos sentamos en el sillón, nuevamente tapadas con la frazada. Cuando
la película está empezando Milah apoya su cabeza en mi hombro. Le
acaricio suavemente la mejilla y ella se recuesta aún más sobre mí.
Me abraza colocando su cabeza sobre mi pecho, ¿podrá sentir el
rápido latido de mi corazón?.
Me
quedo inmóvil, temerosa de moverme y que ella lo haga también.
¿Transgrederé alguna regla si le beso la coronilla?. Antes de
terminar la pregunta, lo hago. Ella no dice nada, sólo se acomoda un
poco más. Agradezco que esté en esa posición, pues de haberme
visto directamente a la cara, habría notado mi felicidad. Y no
hubiera sabido qué decirle.
*
* *
Estábamos
un poco retrasadas, pues me demoré en el trabajo y llegué más
tarde de lo habitual. Era el quinto jueves que la visitaba y ya me
sentía prácticamente como en casa, de hecho, esta vez fui yo la que
busqué la frazada y nos cubrí. Apenas podía contener mi ansiedad.
Estaba
claro que yo aprovechaba esos momentos para saciar mi sed, y ya
quería que empiece la película para poder abrazarla. Una pequeña
parte de mi sospechaba que ella también ansiaba estos momentos, pero
no quería ilusionarme.
Se
sienta a mi lado y me
recuesta sobre su
pecho. Coloca uno de mis brazos a su alrededor y yo me dejo manejar
como a una marioneta.
Me
tiene como quiere, pienso
mientras observo como empieza
“Pretty woman”, un clásico.
Besa
mi frente y, por debajo de la frazada, toma mi mano.
–Estás
helada –comenta, mientras la aprieta con fuerza.
Yo
no puedo decir nada. Sólo entrecruzo mis dedos con los de ella y
sonrío para mis adentros. Con mi otro brazo empiezo a acariciarle la
espalda, las caricias me vienen de maravilla.
La
película continúa pero toda mi atención está en nuestro roce,
siento como los eslabones de la cadena de mis sentidos se rompen y
salen disparados, no me importa nada. Lentamente posiciono mi boca a
unos centímetros de la suya, sin soltarme del abrazo. La miro a los
ojos, como pidiéndole permiso, pero ella no se inmuta.
No
puedo más.
La
beso suavemente, con cautela y timidez.
¿Qué
hice?
Responde
a mi beso un tanto sorprendida pero luego de unos segundos toma
coraje; pongo mis manos en su cara, toco su cabello, su mejilla, su
espalda... mientras recorro con mi lengua su boca.
No
puedo creer que esto esté sucediendo. Es
inverosímil. Esperé tanto y es mejor de lo que imaginé.
Siento
la necesidad de Milah y la beso aún más profundo. Bajo mi mano
hacia su espalda y la abrazo con fuerza, ella hace lo mismo.
Cortamos
este primer beso y antes de poder tomar aire nos estamos besando
nuevamente... de una forma tan apasionada. Baja su boca hasta mi
cuello y no puedo reprimir un jadeo. Siento la piel de gallina, y mi
necesidad de ella, que esta vez urge como nunca antes.
Busco
su boca nuevamente. Soñé tanto con esto, que voy a aprovecharlo
como si no hubiese mañana. Poco a poco ella se tumba sobre mí y
puedo sentir el peso de su cuerpo.
Por
fin.
Toma
mi cara entre sus manos y me muerde el labio inferior. Me arqueo
hacia ella, necesito sentir más su cuerpo, si eso es posible. No
importa la hora, ni el día, ni nada, sólo importa ella.
Y
así tan de repente como empezó, todo terminó. Milah abre los ojos,
parecen mas grandes por la sorpresa y se sienta en el otro extremo
del sillón.
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