Capítulo 12

Luego de la cena, propongo volver al almacén a comprar chocolates y un cepillo de dientes, pues sólo he traído mi mochila. Milah se ofrece a prestarme un pijama y una muda de ropa para que vaya a trabajar mañana.
De vuelta en la casa conversamos hasta entrada la noche, aunque ninguna de las dos mencionaba el beso de la tarde, simplemente fingíamos que eso no había sucedido. Bromeamos un poco, jugamos como un par de niñas: a las cartas, al monopoly y hasta nos atrevimos a jugar a las escondidas.
A las dos de la mañana decido que es lo suficientemente tarde como para ir a acostarme pues tengo que madrugar.
Luego de decirle que vayamos a acostarnos me muestra la habitación en donde voy a dormir: es pequeña, pero cómoda aunque las cortinas escocesas me molestan un poco, es evidente que es el cuarto de huéspedes. Siento una punzada de decepción pues tenía la esperanza de dormir con ella. ¿En qué diablos estaba pensando?
Del ropero saca un pijama de color blanco y me lo entrega, luego propone ir a su habitación a elegir lo que me pondré mañana.
Su cuarto es enorme, está dividido en dos espacios por una pared, de un lado está la cama y del otro el cambiador. Hay un hermoso sillón en una esquina donde me siento mientras Milah me muestra varios conjuntos. Opto por una calza color borrabino y una camisa formal, típica de ella. Me presta además un par de zapatos, por suerte calzamos lo mismo.
Gracias por quedarte –dice mientras me entrega lo que acabo de elegir. –Odio dormir sola, tengo miedo. Además, me encanta que estés acá.
Quisiera preguntarle a quién invita normalmente, pues estar sola el fin de semana es algo cotidiano en su vida. Me intriga demasiado, no puedo evitarlo. Sin embargo reprimo mi curiosidad, pues es demasiado tarde y, quizás, eso amerite una charla un poco larga. Y por otro lado, tengo miedo de que piense que le estoy haciendo planteos.
Buenas noches –digo mientras salgo de la habitación.
Cuando termino de vestirme, me acuesto y entierro mi cabeza en la almohada que está impregnada en su olor, necesito llorar, estoy feliz de estar aquí pero necesito más... me maldigo mentalmente porque siento una presión fuerte en el pecho y las lágrimas se niegan a salir. Seré boba. Estoy bastante inquieta, tengo tantas ganas de estar con ella que duele.
Empiezo a crear escenarios imaginarios en mi mente, como de costumbre, para calmar mi ansiedad... cuando la puerta de la habitación se abre repentinamente.
¡Por Dios! ¿Qué me has hecho? –la voz de Milah resuena en la oscuridad de la noche. –Desde que te conocí no soy yo...
Se acerca hacia mi cama y me vuelve a besar apasionadamente.
Siento un fuego que recorre mi cuerpo, las mariposas de mi estómago se amontonan en el centro, expectantes.
La beso.
Me besa.
Nos besamos.
Recorro con mi lengua su boca, mientras acaricio su espalda. Ella se acuesta sobre mi y baja una de sus manos hacia mi cintura. Me pego aún mas a su cuerpo, mientras ella baja hacia mi cuello. Mi respiración se acelera, y me animo a tocarle un pecho, ella reprime un gemido y me da vuelta.
Lentamente me saca el pijama, y fue más fácil poder sentir el calor de sus piernas... Quiero detenerla, esto no soy yo y tengo mucha vergüenza, muchas dudas, pero no puedo.
Con su lengua recorre mi espalda, besándome a lo largo de mi columna vertebral, se detiene en cada una de mis vértebras, y se demora un poco más en la última. No se muy bien qué hacer con mis manos, por lo que agarro fuerte las sábanas. Estoy muy excitada. Sólo un toque le bastó para tenerme en este estado.
Vuelve a darme la vuelta y puedo verla. En sus ojos hay fuego, está mas hermosa que nunca. Le quito la parte de arriba del pijama y deja a la vista sus pechos. Acaricio uno, anonadada, son hermosos, redondos, no muy grandes, pero tampoco pequeños. Quiero tomar uno con mi boca pero me da pudor. Ella lee mis intenciones y mirándome a la cara lame uno de mis pechos, no puedo reprimir el gemido. La tomo de la cola empujándola aún mas hacia mi. Besa mi otro pecho, pero esta vez se detiene para jugar con el pezón. Primero lo lame, arriba y abajo y luego lo muerde suavemente.
No puedo mas, me duele la entrepierna de la excitación, miro sus pechos y tiene los pezones erectos, tomo coraje y la tumbo debajo de mi. Me posiciono sobre ella y presiono mi entrepierna contra ella, en un virgen intento de apaciguar la excitación. Esta vez soy yo la que juego con sus pechos. Meto uno en mi boca y empiezo a succionar, arquea su espalda y gime fuerte, agarro ambos pechos con mis manos, y con el pulgar doy vueltas sobre el pezón. El instinto me dice que le acaricie el clítoris y, dejando los tabúes de lado, lo hago.
Si, por favor –susurra.
Empiezo suavemente a presionar con su protuberancia, está muy mojada y eso aumenta aún mas (si es posible) el calor de mi cuerpo. Ella se arquea contra mi mano, gime con los ojos cerrados, tomo su boca y la beso apasionadamente sin dejar de presionar abajo. Milah gime contra mi boca y me saca la mano.
Me tumba a su lado y quedamos de frente a la misma altura, agarra mi clítoris y hace lo mismo que yo hace un momento. Luego, lentamente me introduce un dedo, empieza a trazar círculos dentro de mi vagina y cierro los ojos del placer. Quiero tocarla, pero no puedo, lo único que existe para mi son sus manos. Saca el dedo de mi vagina y prueba mis fluidos, con los ojos cerrados. Por su cara puedo adivinar que le ha gustado mi sabor.
Respiro con mucha dificultad y empiezo a sudar. Vuelve a introducir un dedo y a hacer círculos dentro, luego introduce otro, y luego otro, con los tres dedos entra y sale de mi vagina mientras con el pulgar presiona rítmicamente mi clítoris. Me encorvo hacia su mano, como si la vida dependiera de ello.

A tientas busco su vagina, con la intención de que ella también sienta lo que yo. Tomo en mi boca uno de sus pechos y los succiono con fuerza, viajo de un pecho a otro mientras siento como el placer en mi se va a acumulando, empiezo a gemir más y más fuerte sobre ellos. Me tumba rápidamente debajo de ella, coloca mi mano en su clítoris moviéndola rítmicamente mientras lame mi cuello, su otra mano no se ha movido de mi vagina. Puedo sentir como llega a su clímax mientras tiembla de placer, y con una última empujada de sus dedos llego yo también a mi punto máximo, quedando agotada y sintiendo el peso de su cuerpo.

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