Capítulo 9
octubre 27, 2013
¿Es
realmente
ella?¿No
lo estoy soñando?
–Estaba
pasando por aquí y me dijeron que éste es tu negocio, así que
decidí entrar. –Dice en respuesta a mi pregunta formulada unos
minutos atrás.
Quedo
perpleja, me pregunto si ella estuvo averiguando algo sobre mí,
siento un agradable cosquilleo en el cuello al pensar en eso. Miro
alrededor observando como un grupo de hombres están embelesados con
ella, no es de extrañar, es tan hermosa. Me percato de que ella está
totalmente ajena al magnetismo sexual que tiene. Sonrío para mis
adentros, a mis ojos ella es perfecta.
–¡Ah!.
–Contesto saliendo de mi ensimismamiento –Bueno, no es mi
negocio, sólo trabajo acá, aunque espero tener uno propio en el
futuro; le agregaría algunas cosas, más productos, quizá algo de
bazar, muebles o cuadros y un estudio para asesorar a la gente en la
decoración del hogar u otro negocio.
–Tienen
muchas cosas interesantes –observa, pero no me quita la vista de
encima. Me siento un poco incómoda, las mariposas de mi estómago
están saltando.
–Si,
a mi me encantan. Son... novedosas. –Novedosas
por Dios ¡que tarada! ¿Por
qué no se me ocurre nada inteligente para decir?
–Y...
¿por qué no sabías si ibas, o no, hoy a clases? –pregunta de
repente. No puedo evitar sentirme nerviosa. Siento como el rubor
cubre mi rostro.
–Es
que necesito estudiar... y la verdad estoy un poco triste por lo que
sucedió con Julián, mi novio. Luego veré si tengo ganas.
–¿Qué
pasó con Julián? –pregunta.
–Nada,
sólo que me ha dejado. –Me parece increíble estar hablando con
ella, (¡ella!),
de mi ex novio. ¿En qué mundo paralelo estoy?
–Que
mal, ¿cómo estás?
–Un
poco mejor, a decir verdad. Dormir me ha ayudado bastante. –Y
que estés aquí hace otro poco.
Acaricia
mi mejilla en un intento de consolarme y me sonrojo aún más
mientras una sensación placentera recorre todo mi cuerpo. Quiero
apoyar mi cara sobre la palma de su mano, pero reprimo esa necesidad.
Es la primera vez que me toca y es mejor de lo que imaginé.
–Y
¿Por qué no me has contestado el mensaje de Facebook? –pregunta
de repente, quitándo su mano de mi mejilla.
Ahí
está, la pregunta que estaba esperando.
–Vino
una amiga a casa y no tuve tiempo. Perdón. –No sé muy bien por
qué me estoy disculpando, pero lo hago.
–¿Vives
sola?–Continúa con el censo, olvidándose de Julián. Miro
alrededor, nadie quiere pagar, perfecto, tengo tiempo de conversar.
De todas formas me dirijo al mostrador, no sin antes hacerle un gesto
con los ojos para que me acompañe.
–No,
con mi hermana. Mi familia vive en Colombia, se fueron el último año
de mi secundario. Mi hermana y yo nos quedamos aquí, por los
estudios, el último año, ya sabes. Ya no nos volvemos, tenemos
nuestra vida hecha acá.
–Ah,
que interesante. –parece sorprendida. –Pero no tienes tonada
colombiana.
–Es
que somos de Argentina, pero por el trabajo de mi padre viajamos
constantemente. Es un poco cansador para ser sincera. Es bueno que al
menos nosotras nos hayamos instalado definitivamente. –Levanto un
poco la voz pues se aleja de mí para observar unos anotadores retro
que acababan de llegar.
No
dice nada más pero da unas vueltas por el local mirándolo con
atención. No puedo apartar mi vista de ella, es tan... Está mas
delgada y esos tacones las hacen mas alta que yo, y eso que mido
1,65. Es muy esbelta, el pelo lo tiene lacio y muy sedoso, como si lo
hubiera planchado aunque sé que no es el caso. Me pierdo en su forma
de caminar, tan sexy, con esa sonrisa enigmática, es imposible saber
lo que está pensando. Lo que haría si pudiera... cerraría el
negocio sin miramientos y la besaría tan apasionadamente que...
El
hilo de mis pensamientos se corta cuando ella se da vuelta y me
dedica una sonrisa. ¿Lo estará haciendo a propósito? El
pavonearse, digo.
Se
acerca hacia mi, con una sonrisa radiante. Como si hubiese ganado
algún concurso, quizás, después de todo, si es consciente de su
atractivo.
–¿Qué
son? –me muestra unas tapitas de goma de varios colores.
–Son
para tapar la cerveza, o la gaseosa de vidrio. Por eso tienen esa
forma. Sirven para que no se les vaya el gas.
–Ok,
las llevo. La verdad que ahora entiendo por qué están de moda
estos negocios... –comenta mientras le envuelvo el paquete.
–Si,
son cosas interesantes...
–Matu
y mi marido –me interrumpe– no vienen a almorzar y la verdad que
detesto almorzar sola...
–Ah...–es
lo único que se me ocurre decir.
–¿Quieres
que comamos juntas? Después de todos vivimos cerca, y podemos ir
caminando a canto.
¿A
almorzar?...
¡Ay Dios!
–Dale,
es una buena idea. Salgo a la una. ¿Te parece que nos encontremos a
las dos? Tengo que pasar por casa a buscar la mochila.
–A
las dos –coincide. –Te espero ahí. ¿Sabes la dirección,
verdad?
–Si
–Chau
Sici, hasta dentro de un rato. –se despide mientras agarra la bolsa
que acabo de entregarle.
–Hasta
dentro de un rato –repito.
Me
da la espalda caminando hacia la puerta, pero antes de salir del
local se vuelve, me sonríe y me guiña un ojo.
Tengo
un subidon antes de quedarme petrificada, un poco por los nervios y
otro poco por la emoción. Pasado ese instante mi cabeza vuelve a
colapsar, los pensamientos desordenados vuelven a inundar mi
subconsciente y no hay forma de acallarlos:
Por
Dios ¡¿Qué hice?!. Bah, hice lo que sentía, quiero almorzar con
ella, compartir mas tiempo juntas... ser su amiga. No tiene nada de
malo.
Pero... ¿qué clase de amistad puedo ofrecerle? Uff, espero que este embrollo termine pronto, no creo que mi cuerpo aguante una gota mas de estrés. Sé que no estoy haciendo lo correcto, pero esto me hace sentir bien. ¿En dónde terminan mis derechos y empiezan los de ella?¿Todavía estaré a tiempo de cancelar? Pero ¿qué digo? No quiero cancelar, para nada. Muero por estar con ella.
Pero... ¿qué clase de amistad puedo ofrecerle? Uff, espero que este embrollo termine pronto, no creo que mi cuerpo aguante una gota mas de estrés. Sé que no estoy haciendo lo correcto, pero esto me hace sentir bien. ¿En dónde terminan mis derechos y empiezan los de ella?¿Todavía estaré a tiempo de cancelar? Pero ¿qué digo? No quiero cancelar, para nada. Muero por estar con ella.
A
partir de su visita inesperada el día se hizo mas corto. Milah me
dejó con una sensación extraña y no sabía como manejar la
situación. Eso era el motivo principal de mi preocupación, el no
saber manejarlo. Nada tenía sentido, no podía creer que sólo 15
minutos fueran necesarios para que cambiara mi humor y me olvide por
completo de Julián.
A
la una de la tarde salgo corriendo a mi departamento.
–¡Pieri!
–Le grito desde mi dormitorio donde estoy preparando todo lo que
voy a necesitar a la tarde –No voy a almorzar contingo, discúlpame.
–¿Por
qué? –pregunta, ha venido corriendo desde su habitación y me mira
celosamente con los brazos entrecruzados. Dudo un momento, no sé si
decirle que voy a casa de Milah. Opto por no hacerlo, ya me ha
advertido dos veces que tenga cuidado con ella, no creo que le guste
que me vaya para allí. Podremos pelear bastante seguido, pero
después de todo, ella es mi única familia en Argentina y se
preocupa por mi.
–A
lo de una compañera –no estoy mintiendo.
–Ok,
te espero a la noche –continúa mirándome recelosamente por unos
minutos hasta que finalmente se retira con un sonoro suspiro de
resignación.
Decido
cambiarme de ropa. Elijo una calza estampada delicadamente con animal
print y una camisa negra. Quiero estar bonita. Arreglo mi cabello y
me vuelvo a maquillar. Cuando apruebo la imagen que se refleja en el
espejo agarro mi mochila, los apuntes y salgo corriendo a casa de
Milah.
A
las dos y cuarto estoy entrando en su casa –nunca me he
caracterizado por ser una persona puntual–. El lugar es hermoso, el
patio delantero es mi sueño hecho realidad, exquisito. Abro una
pequeña verja y me desplazo torpemente por el camino de piedras
hasta la puerta principal. Llamo a la puerta mientras miro a mi
alrededor, es de esas profesoras que tienen dinero... Toco nuevamente
el timbre ya que nadie viene a abrir, luego de unos minutos aparece
Milah a mis espaldas con una sonrisa de oreja a oreja.
Está
vestida un tanto informal –no acostumbro a verla así– y está
descalza. El buzo le queda demasiado grande, pero eso la hace aún
mas linda. De repente me siento un poco tonta por mi excesiva
pulcritud.
–Perdona,
estaba arreglando unas plantas, no te escuché entrar –se disculpa.
Me
hace pasar a un vestíbulo amplio, luminoso. Donde se ve una escalera
de madera que, supongo, va hacia los dormitorios. Me dirige hacia una
enorme cocina que es además muy moderna y completamente equipada, no
puedo evitar verme cocinando allí. El ambiente está inundado de un
aroma exquisito; si lo que ha cocinado sabe tan bien como huele... Me
señala una silla para que tome asiento, hago lo que me indica ya que
me siento un poco tímida para ofrecer ayuda.
–Que
bueno que llegaste a tiempo ¡moría de hambre! –dice mientras
sirve sorrentinos.
–Te
gustan las pastas, ¿verdad?
La
verdad es que no son mis favoritas, pero no voy a decírselo.
–Claro,
aunque no tengo mucha hambre, no me sirvas demasiado. –Tengo la
panza llena de mariposas, que no combinan muy bien con los
sorrentinos.
–He
pensado que luego de almorzar podríamos ver una película, pues
tenemos tiempo suficiente para hacerlo. ¿Estás de acuerdo? –dice
mientras me sirve un plato.
–Claro,
¿tienes alguna película buena?
–Si,
me he comprado una que quiero ver desde hace unos días, pero nadie
me quiere acompañar.
–¿De
qué se trata? –me golpeo mentalmente, primero la pasta y ahora la
película, ¿por qué estoy tan quisquillosa?
–Es
una comedia romántica, de esas un poco tontas, pero son las que a mi
me gustan –responde alegremente.
–A
mi también me gusta ese género, es mi favorito. Te entiendo, nadie
me quiere acompañar a verlas. En ese caso ya tienes una compañera
de películas leal –le guiño un ojo con complicidad.
–Por
cierto, esto está delicioso –comento mientras pruebo un bocado.
Realmente, y para mi sorpresa, sabe de maravilla.
–Gracias
–sonríe tímida.
Absorta
en mis pensamientos a penas me percato del silencio incómodo que se
produjo. Quiero comentar alguna trivialidad pero nuevamente Milah se
adelanta:
–¿Cuántos
años tiene tu hermana?
–20,
somos mellizas. No somos idénticas. –aclaro al ver la sorpresa en
su rostro, es una pregunta muy habitual cuando menciono que tengo una
hermana melliza.
–¿Tú
tienes hermanos?
–No,
soy hija única. Como Matu.
–Matu
es tu hijo ¿no? –de pronto su rostro se ilumina.
–Es
la luz de mis ojos. Tremendo, nunca sé con lo que me va a salir...
es un pequeño huracán. Me hace reír mucho, es muy divertido.
–Todos
los niños son divertidos –comento.
–Este
se lleva todos los premios.
–No
lo dudo –coincido. ¿Cómo discutir con una madre?
Terminamos
de almorzar y nos vamos al living, me asombro ante la inmensidad del
ambiente, es bello, como toda la casa y esta exquisitamente decorado.
En el centro se impone un gran televisor y un diván de antaño que
mira al aparato. Corro a observarlo detenidamente mientras Milah
busca en una biblioteca la película que quiere ver.
–¡Aquí
está! ¿Te gusta?, siempre puedo elegir otra... –dice mientras me
muestra “La propuesta”.
–Me
gustan las películas así. –le digo, la verdad adoro ese tipo de
película y ¿qué mejor que verlas con ella?. Toda la situación me
parece un tanto inverosímil.
–Está
bien, por supuesto que a mi también me gustan ese tipo de películas.
Enciende
el televisor y el dvd, cuando termina de configurar, apaga la luz y
se sienta a mi lado.
A
pesar de que el sillón es amplio se ubica muy pegada a mi. Puedo
sentir el calor de su cuerpo y las mariposas de mi estómago se
detienen un momento, expectantes.
Amiga,
ella sólo me ve como a una amiga. Repito
para mis adentros.
Empieza
la película pero no me puedo concentrar, creo que si pone el
televisor en mute podrá escuchar el latido de mi corazón. Estoy
demasiado tensa por los nervios, ¿esto realmente está sucediendo?.
Muero por mirarla pero resisto lo más que puedo, cuando por fin cedo
ante la tentación noto que ella también me está observando, de una
forma extraña.
Le
sonrío –no se qué mas hacer– y vuelvo mi rostro al televisor.
Mis sentidos están alertas y siento como despacio, muy despacio,
acerca su cara hacia la mía. Mi corazón se detiene y dejo de
respirar, en mi estómago las mariposas bailan chamamé.
Vuelvo
mi cara hacia ella y quedamos a sólo unos centímetros, por un
momento tengo la certeza de que va a besarme.
–Qué
ojos mas raros que tienes... –Dice finalmente.
Vuelvo
a respirar y se me hace un nudo el estómago debido a la decepción.
No contesto, estoy demasiado impresionada, todo lo que puedo hacer es
tragar de forma audible. Abre los ojos como dándose cuenta de que
iban mis pensamientos, no puedo evitar sonrojarme. Sonríe de forma
divertida y diabólica antes de continuar:
–¿De
qué color son?
¿Me
hizo una pregunta?
No pienso con claridad, pero logro responder:
–Negros,
son totalmente negros, por eso es muy difícil distinguir el iris de
la pupila.
–Ah.
–Sigue mirando mis ojos – ya veo.
–Los
tuyos también son hermosos, resaltan con tu piel tostada. –comento.
Intento hacer la cabeza un poco más atrás, pero ella se acerca
nuevamente.
–Al
igual que los tuyos en tu piel blanca. –contesta sonriendo.
–¿Seguimos?
¿Seguimos?
Seguimos, ¿qué? ¿Me va a besar?
Lentamente
y sin dejar de sonreír vuelve su mirada a la película, contestando,
de esta forma, a mi pregunta no formulada.
Mi
corazón amenaza con salir disparado, las manos me sudan y siento
como poco a poco voy perdiendo el control. Cierro mis ojos con
fuerza, reprimiendo el deseo de tocarla o, peor aún, de besarla. De
repente quiero salir corriendo...
Amigas,
sólo amigas.
Vuelvo a repetir, mientras se apoderan de mi las ganas de llorar. Va
a ser difícil ser “sólo amigas” cuando por dentro muero de
deseo.
0 comentarios:
Publicar un comentario