Capítulo 13
octubre 27, 2013
Estoy
agotada y extasiada... no alcanzan las palabras para expresar cómo
me siento. La abrazo fuerte contra mi pecho, para asegurarme de que
esto realmente ha sucedido. No lo puedo creer, es mejor de lo que
imaginé. Quiero disfrutar al máximo este momento, por lo que decido
no preocuparme por el después.
Milah,
se retuerce sobre mí y se hecha a mi lado, mientras se recuesta
sobre mi pecho. La abrazo aún mas fuerte y le beso la cabeza, siento
su aroma y cierro los ojos de placer.
Las
mariposas en mi estómago están alborotadas.
–¿Que
me hiciste Sicilia Andreotti? –pregunta mientras entierra su cabeza
en mi ombligo.
–Lo
mismo me pregunto yo –le contesto en un susurro.
Sube
hasta mi mejilla, y la besa, mientras me mira a los ojos dedicándome
una mirada cargada de dulzura.
–Desde
que te vi... –continúa– nunca imaginé estar así por una mujer.
Me sucedió algo contigo... tienes algo... no sé como explicarlo.
Siento
un alivio que recorre todo mi cuerpo.
–A
mi me pasó lo mismo –le confieso, si vamos a hablar, mejor
pongamos todas las verdades sobre la mesa. –Es la primera vez que
me gusta una mujer. Y es muy diferente a un hombre. No sé como
tratarte, como comportarme. Tengo mucho miedo. Siempre me pregunto
que qué es esto que me pasa y qué destino tiene.
Digo
todo rápido, antes de que me interrumpa y yo me arrepienta. Levanta
la cabeza para mirarme directamente a los ojos, y observa como el
rubor me cubre el rostro, automáticamente y con una sonrisa dulce,
nos cubre con una sábana, imaginando que es el pudor lo que me puso
así y no mi confesión.
Parpadea,
sonríe y me dice:
–Bueno,
yo... yo... a mi si me gustaron otras mujeres –agacha la cabeza,
avergonzada– pero nunca llegué a esto... nunca me
permití
llegar a esto, es muy complicado... no puedo dejar a mi marido. –Dice
finalmente.
Se
me hace un nudo el estómago. Ahora que probé no quiero parar.
¿Querrá decir que esto fue todo? ¿Acaso me usó? No puedo evitar
sentirme un poco violada. No sé qué decirle ya que estoy un poco
ofendida. Quizás...:
–No
quieres
dejar
a tu marido, querrás decir. Y eso es complicado, ¿en qué situación
nos pone? –No puedo evitarlo, detesto hablar de su marido e
intento sonar despreocupada.
–No,
–me contradice –no puedo
dejarlo. Ojala pudieras comprender.
–Comprendería
si me lo explicaras. –
O quizás podríamos cambiar de tema.
–Me
casé muy joven y...–comienza, pero luego se detiene–. No lo amo,
lo que siento por ti... yo sé que es reciente, que nos conocemos
hace poco pero... siento como si te conociera de toda la vida. Es
difícil de explicar... –dice con resignación.
¿No
lo ama?¿Y qué mierda hace con él, entonces?
–No
lo comprendo –me siento sobre la cama, mitad enojada, mitad
aliviada –si no puedes dejar a tu marido, ¿dónde nos deja?
–No
lo sé... no lo sé. Después de lo que pasó... –se toma la cabeza
entre las manos, ella todavía está acostada. –Fue... nunca
imaginé sentirme así... nunca me sentí así.
Puedo
ver que ella también está enojada, sólo que no sé el por qué.
¿Estará arrepentida?
Tomo
una decisión apresurada:
–Milah,
–le digo en tono práctico mientras acaricio su cabello– ambas
tenemos cosas en la cabeza, acabo de terminar con mi novio y tú no
puedes dejar a tu marido. ¿Para qué apresurarse? Esto sucedió sólo
una vez, se puede terminar acá. Quizás es mejor que así sea, de
esta forma ninguna sale lastimada.
Las
mariposas en mi estómago amenazan con salir y mientras le hablo
reprimo el llanto. Espero haber sonado convincente, aunque en el
fondo sé que tengo razón. Esto
va a ser demasiado complicado.
–No
puedo, ni quiero...
–apoya su cabeza sobre mi estómago al tiempo que me abraza fuerte,
intentando retenerme, aunque sabe que no iré a ningún lado–
Tienes
razón, no hay por qué apresurarse, pero no lo entiendes... no es
tan fácil. –apenas contiene las lágrimas, realmente no comprendo
nada.
–¿Es
por tu hijo? –pregunto.
Puedo
entender que quiera estar con él, darle una familia y me sentiría
una mierda rompiéndola.
Pero
es que tampoco hay nada concreto, ¿por qué nos estamos adelantando?
Antes
de que pueda contestar continúo:
–Entiendo.
Estamos en una situación... horrible. Acá si o si alguien va a
salir perdiendo. Queremos correr y aún no sabemos caminar...
–Yo...
tuve una vida tan... –me interrumpe– por fin te encontré. Lo
supe desde el primer día en que te vi. Eres lo que, sin saberlo,
estaba buscando.
–Por
qué no dejamos las respuestas para después –propongo finalmente–.
Después de todo, nos estamos conociendo. Y sólo hay dos cosas que
quiero hacer: besarte y dormir.
Seca
sus ojos disimuladamente, mientras le acaricio la mejilla. Ésta es
la segunda vez que llora por el mismo motivo y desearía saber por
qué. Me sonríe tímidamente y luego me besa en la frente.
Nos
acostamos y la abrazo, ella me aprieta con fuerza, como si necesitara
asegurarse de que estoy ahí, a su lado. ¿Qué le habrá pasado?.
Puedo
ver que necesita cariño. Mucho. Y estoy dispuesta a dárselo, sólo
que no quiero estar en el medio. De su familia, claro. Me maldigo a
gritos, ¿por qué siempre me busco a los más difíciles?
Empieza
a respirar acompasadamente, le acaricio el cabello mientras sonrío.
La abrazo fuerte, intentando no despertarla; yo también la estuve
buscando.
Hundo
mi nariz en su cuello, huele exquisitamente bien. La beso,
suavemente, temiendo que no haya más de ellos. Le beso el cuello, la
cabeza, la mejilla, los brazos... cada centímetro de su cuerpo al
que soy capás de llegar sin despertarla.
Ella
suspira en sueños. Es tan hermosa y tan misteriosa.
La
quiero.
Me
pego más a ella, entrelazando nuestras piernas, intentando fundirme
con ella. Y así, tan temerosa, así, cargada de dudas, sonrío
nuevamente mientras me dejo arrastrar por el sueño.
0 comentarios:
Publicar un comentario