Capítulo 13

Estoy agotada y extasiada... no alcanzan las palabras para expresar cómo me siento. La abrazo fuerte contra mi pecho, para asegurarme de que esto realmente ha sucedido. No lo puedo creer, es mejor de lo que imaginé. Quiero disfrutar al máximo este momento, por lo que decido no preocuparme por el después.
Milah, se retuerce sobre mí y se hecha a mi lado, mientras se recuesta sobre mi pecho. La abrazo aún mas fuerte y le beso la cabeza, siento su aroma y cierro los ojos de placer.
Las mariposas en mi estómago están alborotadas.
¿Que me hiciste Sicilia Andreotti? –pregunta mientras entierra su cabeza en mi ombligo.
Lo mismo me pregunto yo –le contesto en un susurro.
Sube hasta mi mejilla, y la besa, mientras me mira a los ojos dedicándome una mirada cargada de dulzura.
Desde que te vi... –continúa– nunca imaginé estar así por una mujer. Me sucedió algo contigo... tienes algo... no sé como explicarlo.
Siento un alivio que recorre todo mi cuerpo.
A mi me pasó lo mismo –le confieso, si vamos a hablar, mejor pongamos todas las verdades sobre la mesa. –Es la primera vez que me gusta una mujer. Y es muy diferente a un hombre. No sé como tratarte, como comportarme. Tengo mucho miedo. Siempre me pregunto que qué es esto que me pasa y qué destino tiene.
Digo todo rápido, antes de que me interrumpa y yo me arrepienta. Levanta la cabeza para mirarme directamente a los ojos, y observa como el rubor me cubre el rostro, automáticamente y con una sonrisa dulce, nos cubre con una sábana, imaginando que es el pudor lo que me puso así y no mi confesión.
Parpadea, sonríe y me dice:
Bueno, yo... yo... a mi si me gustaron otras mujeres –agacha la cabeza, avergonzada– pero nunca llegué a esto... nunca me permití llegar a esto, es muy complicado... no puedo dejar a mi marido. –Dice finalmente.
Se me hace un nudo el estómago. Ahora que probé no quiero parar. ¿Querrá decir que esto fue todo? ¿Acaso me usó? No puedo evitar sentirme un poco violada. No sé qué decirle ya que estoy un poco ofendida. Quizás...:
No quieres dejar a tu marido, querrás decir. Y eso es complicado, ¿en qué situación nos pone? –No puedo evitarlo, detesto hablar de su marido e intento sonar despreocupada.
No, –me contradice –no puedo dejarlo. Ojala pudieras comprender.
Comprendería si me lo explicaras. – O quizás podríamos cambiar de tema.
Me casé muy joven y...–comienza, pero luego se detiene–. No lo amo, lo que siento por ti... yo sé que es reciente, que nos conocemos hace poco pero... siento como si te conociera de toda la vida. Es difícil de explicar... –dice con resignación.
¿No lo ama?¿Y qué mierda hace con él, entonces?
No lo comprendo –me siento sobre la cama, mitad enojada, mitad aliviada –si no puedes dejar a tu marido, ¿dónde nos deja?
No lo sé... no lo sé. Después de lo que pasó... –se toma la cabeza entre las manos, ella todavía está acostada. –Fue... nunca imaginé sentirme así... nunca me sentí así.
Puedo ver que ella también está enojada, sólo que no sé el por qué. ¿Estará arrepentida?
Tomo una decisión apresurada:
Milah, –le digo en tono práctico mientras acaricio su cabello– ambas tenemos cosas en la cabeza, acabo de terminar con mi novio y tú no puedes dejar a tu marido. ¿Para qué apresurarse? Esto sucedió sólo una vez, se puede terminar acá. Quizás es mejor que así sea, de esta forma ninguna sale lastimada.
Las mariposas en mi estómago amenazan con salir y mientras le hablo reprimo el llanto. Espero haber sonado convincente, aunque en el fondo sé que tengo razón. Esto va a ser demasiado complicado.
No puedo, ni quiero... –apoya su cabeza sobre mi estómago al tiempo que me abraza fuerte, intentando retenerme, aunque sabe que no iré a ningún lado– Tienes razón, no hay por qué apresurarse, pero no lo entiendes... no es tan fácil. –apenas contiene las lágrimas, realmente no comprendo nada.
¿Es por tu hijo? –pregunto.
Puedo entender que quiera estar con él, darle una familia y me sentiría una mierda rompiéndola.
Pero es que tampoco hay nada concreto, ¿por qué nos estamos adelantando?
Antes de que pueda contestar continúo:
Entiendo. Estamos en una situación... horrible. Acá si o si alguien va a salir perdiendo. Queremos correr y aún no sabemos caminar...
Yo... tuve una vida tan... –me interrumpe– por fin te encontré. Lo supe desde el primer día en que te vi. Eres lo que, sin saberlo, estaba buscando.
Por qué no dejamos las respuestas para después –propongo finalmente–. Después de todo, nos estamos conociendo. Y sólo hay dos cosas que quiero hacer: besarte y dormir.
Seca sus ojos disimuladamente, mientras le acaricio la mejilla. Ésta es la segunda vez que llora por el mismo motivo y desearía saber por qué. Me sonríe tímidamente y luego me besa en la frente.
Nos acostamos y la abrazo, ella me aprieta con fuerza, como si necesitara asegurarse de que estoy ahí, a su lado. ¿Qué le habrá pasado?.
Puedo ver que necesita cariño. Mucho. Y estoy dispuesta a dárselo, sólo que no quiero estar en el medio. De su familia, claro. Me maldigo a gritos, ¿por qué siempre me busco a los más difíciles?
Empieza a respirar acompasadamente, le acaricio el cabello mientras sonrío. La abrazo fuerte, intentando no despertarla; yo también la estuve buscando.
Hundo mi nariz en su cuello, huele exquisitamente bien. La beso, suavemente, temiendo que no haya más de ellos. Le beso el cuello, la cabeza, la mejilla, los brazos... cada centímetro de su cuerpo al que soy capás de llegar sin despertarla.
Ella suspira en sueños. Es tan hermosa y tan misteriosa.
La quiero.

Me pego más a ella, entrelazando nuestras piernas, intentando fundirme con ella. Y así, tan temerosa, así, cargada de dudas, sonrío nuevamente mientras me dejo arrastrar por el sueño.

Recuerda que puedes comprar el libro en: http://www.amazon.com/dp/B00G1YJ17M  

0 comentarios:

Publicar un comentario

Followers

linkie ♥

Blog contents © Entre amigas 2010. Blogger Theme by NymFont.