Capítulo 20
enero 08, 2014
Me
toma de la mano y me conduce hasta la habitación. El corazón me
palpita violentamente, mitad por los nervios, mitad por la ansiedad.
Al
entrar mira a su alrededor y me indica que me siente en la cama, ella
se ubica en una silla y me toma de la mano. No puedo evitar sentirme
como una niña caprichosa a la que la van a regañar.
Sonrío
tímidamente a modo de aligerar la tensión.
Se
que lo que tiene que decirme no es bueno, porque está
híperventilando. Decido no presionarla, mejor que se tome su tiempo,
ya he ganado una pequeña batalla.
–No
sé por dónde empezar... –dice al ver mi mirada escrutadora.
–Por
donde te sientas más cómoda, bebé –acaricio su mano suavemente y
ella sonríe, se toma un momento antes de decir:
–Recién
te conté que soy adoptada...
–Si,
lo recuerdo –digo luego de ver que, nuevamente, se queda en
silencio. Quiero impulsarla a que hable pero sin parecer demasiado
pesada. En estos momentos mi necesidad de llegar al quid de la
cuestión ha alcanzado cotas inexplorables.
–Mis
padres son muy estrictos...
–Lo
mencionaste –contesto con un tono ameno. Ella mira sus manos, no se
atreve a levantar sus ojos hacia mí.
–Pues...
–se sienta sobre la cama, con las piernas cruzadas y vuelve a
suspirar. Puedo ver cuánto le cuesta hablar del tema.
–Pues...
–insisto. –A ver, dime, ¿por qué te cuesta tanto hablar del
tema? –Toma una gran bocanada de aire y me dedica media sonrisa.
Sigue sin mirarme a los ojos, está concentrada en una pelusa de la
frazada, yo le presiono la mano y parece que funciona, pues empieza a
hablar.
–Porque
si mis padres son estrictos, tan estrictos que me tienen controlada a
los 28 años, ni te imaginas lo que es mi marido... si se entera...
–Milah
–le presiono la mano, y la miro a los ojos –puedes confiar en mi,
lo sabes. No voy a contarle a nadie, ni voy a juzgar a tu marido por
nada de lo que te haya hecho, mucho menos a ti. Te quiero, te quiero
como eres... no cambiaría nada de tu ser. Pero entiéndeme, necesito
saber, para...–me calla con un beso en la boca y por fin me dedica
una sonrisa genuina.
–Sigamos
con la historia del horror... –dice con un tono resignado. Mira
hacia el techo y empieza a hablar, por fin. –Pues, mi marido maneja
todo, absolutamente todo lo que sucede en “esta vida”. Creó una
historia ficticia de una “princesa” en una casita de cristal que,
obviamente, no existe. Yo entiendo que él quiera lo mejor para
Matías, pero... –se detiene en seco para luego volver a comenzar.
–Cuando perdí a mi bebé, el mundo se me vino abajo, Sebastián y
yo nos habíamos casado por la presión de mis padres, a eso súmale
que él era de un pueblo pequeño, donde mi embarazo dio mucho de qué
hablar... los padres de él también nos presionaban, la
sociedad...uf, no nos casamos porque fuese nuestro deseo, ni mucho
menos por amor ¿entiendes?
–Claro...
–digo un tanto confusa.
–Y
bueno, cuando lo perdí, –al bebé– entré en una depresión muy
grande. Imagínate, fue horrible, la etapa mas oscura de mi vida. Y
Sebastián, bueno, él hizo su vida... –dice en un susurro. A mi me
empieza a entrar calor en las manos, quiero golpearlo, por no estar
con ella en ese momento tan difícil...
–Después
de un tiempo –continúa– yo era muy infeliz. Me volví demasiado
rebelde. Imagínate, era una adolescente, que vivía sola, tenía que
estudiar, trabajar. Con Sebastián nos fuimos alejando, en realidad
nunca “estuvimos cerca”, él se vio abrumado por tener que
hacerse cargo de una familia y “dejar atrás la adolescencia”
hasta que se convirtió en un completo desconocido para mi.
“Me
llegaban demasiados rumores de lo que hacía durante el día y la
noche, pero la verdad que a mi poco me importaba, nunca llegué a
sentir nada profundo por él. Aunque los acontecimientos sucedían
demasiado de prisa como para que yo me detenga a pensar si estaba
enamorada de él o no (por entonces yo pensaba que si lo estaba...).
En ese tiempo buscaba escapar de mi mente sólo unos minutos. No
tenía muchas amigas, ya que en el colegio me ignoraban por mi
embarazo, mi matrimonio, los rumores de mi marido. Y cuando entré en
la universidad estaba demasiado deprimida para hablar con nadie.
Estaba sola. A mis padres tampoco podía recurrir ya que cada vez que
lo hacía me exhortaban a que perdone a Sebastián, que la Biblia era
muy clara en cuanto al matrimonio...
“Sici,
no te imaginas lo que pasé en esos años...–dice entre sollozos.
Tengo
un nudo en el estómago, la abrazo fuerte. Si, me lo imagino, y ¡cómo
me hubiese gustado estar ahí para poder acompañarla!, para
ofrecerle un hombro. Como deseo tener alguna varita mágica para
poder borrar esos recuerdos de su mente.
También
quisiera decirle que desde ahora íbamos a crear una nueva historia,
a la que no le va a faltar una gota de amor, ni de ternura... pero
eso por ahora no era posible...
Le
suelto el abrazo, no es momento para ponerse pesimista. Le doy un
beso en sus lágrimas y las seco con un dedo. Milah sonríe
tímidamente, me aprieta contra ella y da otro suspiro.
–Déjame
continuar, hay un punto al que quiero llegar. –Puedo ver como, de
repente, la necesidad de hablar va creciendo dentro de ella, es
evidente que es la primera vez que habla de lo que vivió en esa
época y de cuán importante es para ella por fin hacerlo. Sabe que
puede confiar en mi, lo
sabe,
por eso hace esta catarsis. No puedo evitar esbozar una sonrisa ante
tal certeza.
–Claro.
–Le digo sin soltarle la mano. Me recuesto sobre el respaldar de la
cama y la miro fijamente, le acario suavemente el pelo y le doy un
beso en la frente, luego de eso le hago un gesto que la invita a
seguir hablando.
–Esos
años, eran terribles, viví de todo... viví toda una vida en esos
años. A día de hoy no hay nada que pueda sorprenderme, creo que no
me quedó nada por ver... te aseguro Sici,
que no sucumbí a las drogas de milagro...
“Y
de repente, no sé cómo, fue como despertar de una pesadilla, me di
cuenta que toqué fondo, y cuando ya no puedes caer mas,
inevitablemente empiezas a subir.
“Un
día me levanté positiva, empecé a ver la vida con otros ojos, con
otras ganas. Por algún motivo me sentí motivada. Deje de auto
complacerme y sentir lástima por mi misma y me hice cargo de mi
vida. Sabía que algo bueno iba a sacar si tenía una actitud
positiva.
“Sebastián,
por otro lado, continuó con su adolescencia, no se fijaba en mi, yo
sabía que él estaba con otras mujeres... no me importaba en
absoluto, aunque me parecía injusto que él pudiera llevar una vida
de soltero, mientras yo me escondía en casa. A mi me empezaron a
gustar unas compañeras y unos compañeros de la facultad, pero por
algún motivo no buscaba avanzar... incluso cuando tenía la certeza
de que iba a encontrar un buen recibimiento. Me resonaban las
palabras de mi madre que decía que yo debía deberme a mi marido...
Creía que si me metía en una relación paralela con otra persona,
no era ni ético ni moral y además era injusto, para los tres...
todo eso cambió cuando te conocí –me sonríe. Le doy un fuerte
abrazo y la beso apasionadamente, ya no está llorando, pero siento
el sufrimiento en su voz y quiero mitigarlo de la forma que sea.
Quisiera llenar su mente de momentos felices, necesito transmitirle
que la comprendo, que imagino como se sintió, pero no sé muy bien
cómo hacerlo. La vuelvo a besar y ella me responde el beso, sólo un
momento.
–Sicilia
–dice alejándose suavemente mientras ríe entre dientes. –Déjame
terminar y nos abocamos a eso si quieres. –me dedica una sonrisa
picarona.
Me pongo colorada. Y sonrío, definitivamente Milah puede leer mi mente.
Me pongo colorada. Y sonrío, definitivamente Milah puede leer mi mente.
–Si,
perdona –le digo, mientras limpio mi boca, fingiendo estar
avergonzada.
–Pues,
¿dónde estaba? Vamos que me distraes... Ah si. Sebastián. Pues,
como te decía él salía todos los días, a veces volvía borracho,
no llegó a pegarme, pero si se volvió violento. Yo busqué por
todos los medios hacer la convivencia mas llevadera, le fui sincera,
le dije que no sentía amor por él y eso lo enfureció. Recuerdo que
estaba medio borracho, y nos sentamos en la mesa del comedor, él
volvía del bar...
“Mis
padres le habían abierto uno en el momento en que nos casamos, y
como te mencioné, pasaba las noches ahí, tomando. En fin, como te
iba diciendo, Sebastián se enfureció cuando le confesé que no lo
amaba, creo que porque sabía que no estaba mintiendo, de todas
formas, si era posible, la situación empeoró. Yo seguía diciéndole
que estaba decidida a progresar y terminar con este cuento bizarro y
que nada de lo que pudiera hacer me haría cambiar de opinión.
“La
situación se fue tornando insoportable, ambos gritábamos, él
empezó a romper cosas y luego intentó pegarme, ahí fue cuando
dije: basta.
“Salí
hecha una furia a casa de mis padres, lloraba, verdaderamente tenía
miedo. Mis padres estaban asustados por mi aparición, pude ver el
miedo y la furia reflejados en sus rostros... pero cuando les dije
que había decidido divorciarme, obtuve la respuesta que esperaba: se
volvieron locos, me dijeron que tenía que solucionar el problema,
ya sabes... que apenas teníamos 22 años (si, lo sé, aguanté
bastante), que teníamos una vida por delante, que Dios hizo el
matrimonio para toda la vida y después de ella, me dieron el
teléfono de un consejero matrimonial y tantos consejos que ya no
entraban en la habitación... lo sabía, desde un principio supe que
estaba sola, pero siempre había guardado una luz de esperanza.
“Luego
de unos días fui a donde mi padre biológico, ahí obtuve más
contención, pero él no se quería poner de ningún lado y yo
tampoco quería obligarlo a que lo haga. Volví a mi casa sabiendo
que debería aguantar esta situación por el resto de mis días...
–Y
ahí quedaste embarazada –me aventuro.
–Matías
no es mi hijo. –Dice de repente, dejándome totalmente en shock.
2 comentarios:
Cuando subes el resto. Esta genial la historia.
gracias!! ahora subo!! =3
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